Johann despierta con legañas en los ojos, esa noche habían tenido que dormir en el coche por la insistencia de Alfred a seguir conduciendo. Se sienta tocándose la espalda, le dolía por la mala posición al dormir, mira en el asiento delantero pero no había nadie, aún medio dormido, se calza los zapatos y sale del vehículo.
Un poco más alejado de allí, Alfred se lava la cara en un riachuelo y se sienta en la orilla, dejando que sus pies se mojen y mirando la corriente pasar. Entonces oye un ruido de ramas proveniente detrás suyo, se gira con rapidez.
-Me has asustado.
-Alfred, esta noche Astrid se ha alejado mucho. -dice ignorando el comentario
-¿A quién buscamos ahora entonces?
-Es un chico, un poco más joven que Astrid y Klaus.
-No sabia que edad tenia ninguno así que me dejas igual.
Johann mira a su amigo, parece desganado, cansado, llevan varios días conduciendo, a pesar de que Astrid fuera la más cercana estaba bastante lejos de ellos.
-Ella tiene 16 y él 19, aunque creo que ella los cumplía en un mes cercano.
-Entonces no es más joven sino mayor, ¿no? -pregunta distraído
-No, 19 tiene Klaus, este chico tiene 14. Se llama Brendan.
-¿Como sabes que edad tienen?
-Dios Alfred te lo dije ayer, el mapa tiene como una especie de leyenda detrás con los datos importantes de cada uno, o sea, edad y nombre.
-Espero que no este muy lejos, me duele la espalda a morir. -dice mientras se levanta del suelo y camina descalzo hasta coger sus zapatos y calzarse.
-Vive en un pueblo costero, a un par de horas de aquí. -le cuenta mientras van al coche y arrancan hacia ese lugar.
. . .
Astrid despierta en una cama bastante mala, había pasado una noche horrible, cada vez que se movía los muelles chirriaban haciendo que se asustara hasta acostumbrarse. Como había cogido bastante dinero y no conocía lo suficiente a esa chica decidió pedirle una habitación a parte.
Estaba en una habitación bastante pequeña pero en el fondo lo prefería así, le daba más seguridad. Se levanto con dificultad y se fue a duchar al baño, mientras estaba acabando de ducharse escucha un par de golpes que llamaban a su puerta. Cierra el grifo para agudizar más el oído y los vuelve a oír, temiendo que fuera Jake buscándola se viste rápidamente y se pega a la puerta, mirando por una pequeña lente; frente a su puerta estaba la mujer de la noche anterior, parecía alterada, pero no sabia si para bien o para mal así que la abre con cuidado.
-Hola, ¿qué tal has pasado la noche? Espero que mejor que yo, esa cama chirriaba mucho. -dice con una gran sonrisa.
-Buenos días Astrid. -responde ella sonriendo- He dormido genial, mejor de lo que me esperaba, aunque bueno, la cama era una chufa pero me ha pasado algo genial. Astrid ya me acuerdo de mi nombre.
-¡Pero eso es lago genial! Y entonces, ¿cómo te llamas?
-Pandora. -anuncia sonriendo ampliamente- Y eso no es todo, aunque me pareció bastante anoche, recordé bastantes cosas de mi vida, aunque aún no se donde vivo creo que si se mi edad, 19 años.
-Pandora eso es maravilloso de verdad, puedes venir conmigo hasta que te acuerdes de todo lo demás, entonces si quieres te puedo acompañar.
- He tenido mucha suerte de encontrar a alguien tan amable como tú. Muchas gracias.
Y ambas jóvenes se funden en un abrazo.
Después de desayunar parten de allí, pensando primero a donde ir. Temiendo perder a la única amiga que le podía quedar decide contarle lo sucedido los días de antes, pensaba que mejor contárselo ella el primer día que lo viera por algún lado, extrañamente la cree y sigue con ella. Así deciden ir a un lugar rural, apartado; pasa por una tienda de inmigrantes que venden comida esperando que no hubieran visto nada y al salir ven a dos personas vestidas completamente de negro, eran un chico y una chica y Astrid tenia el presentimiento de que les estaban siguiendo, con una sola mirada a su amiga, ambas salen corriendo pero, aunque Pandora estaba en bastante buena forma, ella corría bastante poco por lo que al final las acabaron alcanzando.
-Vaya vaya. Así que tu eres Astrid... -le dice con tono superior
-¿De que sabe mi nombre?
-Bueno, no soy tan mayor como para que me trates de usted guapa. Se tu nombre porque me lo han dicho, claramente. -responde- A ver si eso de que las rubias son tontas es verdad. -su compañera, que era rubia le mira con enfado- No me digas que tu no eres algo tonta. Bueno rubita, te vas a venir con nosotros, y tu amiga también, no nos han dicho nada de ella pero estoy seguro que Gareth estará encantado de que le lleve más gente.
Entonces, en tan solo unos segundos, Pandora golpea fuertemente a la chica que iba con él y hace que caiga al suelo provocando un sonoro golpe que no parecía nada bueno, pero se levanta sin parecer haber sufrido nada y saca algo que la deja inconsciente y a Astrid frente al peligro de esas dos personas. Hacía unos años entraron a robar a su casa y la llevaron a clases de defensa personal para asegurarse, gracias a esas clases consigue arrebatar el instrumento con el que habían dejado a su amiga tirada en el suelo e intenta disparar pero no sale nada, haciendo que aquel chico pegara una fuerte carcajada. Se acercan a ella por los lados y la chica le da un golpe haciéndola caer al suelo.
-Ninguna niña pija me hace eso.
Y cuando iba a dar el ultimo golpe, alguien se acerca por detrás y la coge del cuello, clavándola un gancho en el estomago, ella grita y se hace humo. El otro chico mira asustado el lugar donde había desaparecido, pero no le da tiempo a mucho pues la persona de antes le hace lo mismo y desaparece de la misma manera. Astrid esta muy mareada y le duele la cabeza, pero le da tiempo a entreabrir los ojos y le ve. Es el chico del incendio en el instituto y el bosque.
. . .
Klaus se despierta con mucho sueño, la noche anterior había una celebración por algo de lo que no se enteró del todo y acabó de madrugada por lo que al llegar a su habitación cayó dormido como sus amigos. Esos días se habían acercado más, desde su charla con Gareth habían dejado de hablar y ya no era considerado tan importante, y eso les daba más tiempo para estar juntos fuera de las charlas y clases. No sabia porque daban esas clases, pero iba muy bien, y en las clases de entrenamiento era de los primeros, quizá todo eso provocó que ese día, la gente le mirara mal al llegar al comedor.
-Bueno por favor amigos, aquí tenemos al súper Klaus. Amiguito de los que le interesa claro está. -se acerca al chico y se planta delante suyo con un gesto borde- ¿Te gusta llamar la atención eh? ¿Ser el centro del universo? Porque conmigo aquí eso va a cambiar chulo mierda.
-Chicos, ¿qué pasa aquí? -pregunta Gareth que acaba de aparecer en el comedor
-No pasa nada, solo estábamos hablando, ¿verdad Klaus? -pregunta colocando una mano sobre su hombro
-Si, no pasa nada. -responde sonriendo mientras piensa en su grupo
Gareth se aleja de allí y se sienta en su mesa, mientras Klaus se va a la suya siguiendo con la mirada a aquel chico.
-¿Estas bien? -pregunta Marianne preocupada por conocer a ese joven
-No sabe donde se mete. Me he pegado con mucho mayores y he salido medianamente bien.
-Déjale en paz, tiene demasiados amigos, y aunque nosotros siempre estemos contigo Preguntitas, somos, ¿cuánto? ¿Tres contra veinte? -le recomienda su amigo- No Klaus, mejor no te busques líos, la amistad de Gareth cuesta mucho y tu vas por buen camino, consérvala lo mas que puedas.
El chico esta comiendo en una mesa mucho más grande que la suya y con un gran grupo de gente escuchándole hablar, desvía la mirada un segundo y ambos se miran fijamente.
-¿Como se llama? -pregunta mirando a Marianne, tenia un presentimiento sobre ella y aquel chico
-Klaus... -dice ella medio suplicando, pero no parece cambiar de opinión- Se llama Bastian.
-Así por lo menos estamos igualados, pero, una cosa, ha dicho eso de que con él aquí iba a cambiar, ¿por qué no lo ha dicho antes? Además es que no me suena haberle visto por aquí ningún día menos hoy y ayer.
-Es que él es amigo de Azazel. Y él es el encargado de, ya sabes, dar misiones para hacer fuera de aquí. -dijo dando algún rodeo y mirando a su amigo- Hace poco le mandó una y creo que volvió anteayer pero le salió mal y se ha enfadado con él. Puede que por eso este así contigo, como eres más amigo de Gareth y el lo es del Jefe te tiene envidia, no se.
-¿Quien es el Jefe? -pregunta cambiando de tema
-¿Qué? -preguntan ambos amigos
-Que me digáis quien es, porque lo sabéis pero no me contáis nunca nada. Contadme al menos esto.
-Klaus esto te lo tiene que contar Gareth, pero no se cuando lo hará, no te preocupes, si en unos días no te dice nada yo le busco para que te lo diga. -le tranquiliza ella
-Claro, y a ti te da igual ir a verle, ¿no? Que es por un amigo no por nada más, ¿verdad? -pregunta su amigo con una sonrisa burlona
-Vete a la mierda. -le dice ella riendo
Klaus está sentado en una silla del despacho de Gareth, ya había ido allí tantas veces que sabia como llegar. Quizás por ello al entrar no había nadie aún, sobre la mesa hay un libro forrado con pelo con un dibujo raro rodeado por un circulo sobre él. Mira a ambos lados del pasillo y entra, sentándose en la silla y abriendo el libro, había muchas cosas en un idioma que no conocía, casi al final ve algo que cree reconocer. Lo lee varias veces hasta que deduce que es latín, hacía unos años daba latín, cosa que en ese momento agradecía. Le cuesta leerlo pues no practicaba mucho, pero el titulo decía "La profecía de las almas".
-¿¡Que estas haciendo Klaus?!
El grito de Gareth hace que pegue un bote y se levante de inmediato, él le aparta de un manotazo y mira el libro comprobando que su estado fuera correcto. Cuando acaba lo cierra con cuidado y dirige una mirada furiosa al chico.
-Yo solo, solo lo estaba mirando. -dice titubeando
-Klaus no vuelvas a tocar este libro nunca, a menos que te lo diga yo. ¿Te ha quedado claro? -le dice muy furioso pero más sereno
-Si, si. Lo siento de verdad.
-Marianne ha venido a verme, me ha dicho que quieres saber que haces aquí, quien es el Jefe. Sinceramente no creo que estés preparado perro me han dicho que te lo cuente, y los superiores mandan. Klaus, ¿entiendes lo que estaba en el libro?
-No, si. Bueno, no entendía nada menos lo ultimo, algo de una profecía y unas almas.
-Bien, esto te va a costar bastante de creer pero a muchos les cuesta, solo que claro, ellos acaban de morir y tu sigues vivo.
-¿Perdón? -pregunta sin creerse lo que acaba de oír
-Klaus, ¿recuerdas la charla? Tú sabes que estamos en contra de un grupo, antes ese grupo era bueno, y ahora no. Bueno, esto es el Infierno, y el grupo anteriormente bueno es el Cielo. Y bueno, todos los que están aquí es que están muertos claro, aunque no todos lo están por haber echo algo malo, algunos están aquí por error, otros porque no querían ir al Cielo y a muchos porque allí no les consideraban lo suficientemente buenos. Ese no es el caso. hace mucho, mucho tiempo, había muy poca población y para que Dios y el Demonio pudieran controlar bien a la población se creó un libro con consejos, normas, y con una forma de controlar todas las almas del mundo; Cielo, Tierra e Infierno. Tienes que saber que aquí también somos almas aunque allí arriba no nos consideren igual, y que cada ser humano está formado por un alma; bueno, con ese libro podemos conseguir derrotar al Cielo y ayudar a los demás seres humanos. Para encontrarlo necesitamos a los hijos de ambos creadores, y del Demonio solo estás tu, pero Dios no solo tiene uno, según la profecía no puede ser ya que tienen que ser hombre y mujer así que le descartamos, y solo nos quedan tu y tu hermana, o prima, bueno ya sabes. Te leo la profecía, si quieres. -mira a Klaus que parece algo inestable- Puedo seguir otro día.
-No, no pasa nada, estoy bien sigue.
La lee con lentitud y prestando atención.
-No.
-¿Qué?
-Lo siento pero no voy a ir con Astrid a ningún lado después de lo que hizo.
-Klaus solo será para poder salvarnos a todos de Ellos. ¿Quieres ver a tus amigos esclavizados? Altaír y Marianne, ¿de verdad les quieres ver así? Por favor, solo la necesitamos para encontrar el libro, la encerraremos, y si necesitamos más su ayuda no tendrás que verla para nada, lo evitaremos por completo.
-Solo, lo haré pero, quiero hablar con ella cuando la encontréis.
-Será muy pronto espero, enviamos a dos de nuestros mejores... -le mira intentando saber que palabras escoger- A dos de nuestras mejores personas aquí pero se escaparon.
-Se escaparon, ¿quiénes?
-Esperábamos que tú lo supieras.
. . .
En un lugar muy alejado, las dos jóvenes están tumbadas en un par de camas, una se despierta y se le cae el paño que tenía sobre su frente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario