martes, 20 de mayo de 2014

Capitulo 6

Capitulo 6


Johann despierta con legañas en los ojos, esa noche habían tenido que dormir en el coche por la insistencia de Alfred a seguir conduciendo. Se sienta tocándose la espalda, le dolía por la mala posición al dormir, mira en el asiento delantero pero no había nadie, aún medio dormido, se calza los zapatos y sale del vehículo.
Un poco más alejado de allí, Alfred se lava la cara en un riachuelo y se sienta en la orilla, dejando que sus pies se mojen y mirando la corriente pasar. Entonces oye un ruido de ramas proveniente detrás suyo, se gira con rapidez.
-Me has asustado.
-Alfred, esta noche Astrid se ha alejado mucho. -dice ignorando el comentario
-¿A quién buscamos ahora entonces?
-Es un chico, un poco más joven que Astrid y Klaus.
-No sabia que edad tenia ninguno así que me dejas igual.

Johann mira a su amigo, parece desganado, cansado, llevan varios días conduciendo, a pesar de que Astrid fuera la más cercana estaba bastante lejos de ellos.
-Ella tiene 16 y él 19, aunque creo que ella los cumplía en un mes cercano.
-Entonces no es más joven sino mayor, ¿no? -pregunta distraído
-No, 19 tiene Klaus, este chico tiene 14. Se llama Brendan.
-¿Como sabes que edad tienen?
-Dios Alfred te lo dije ayer, el mapa tiene como una especie de leyenda detrás con los datos importantes de cada uno, o sea, edad y nombre.
-Espero que no este muy lejos, me duele la espalda a morir. -dice mientras se levanta del suelo y camina descalzo hasta coger sus zapatos y calzarse.
-Vive en un pueblo costero, a un par de horas de aquí. -le cuenta mientras van al coche y arrancan hacia ese lugar.


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Astrid despierta en una cama bastante mala, había pasado una noche horrible, cada vez que se movía los muelles chirriaban haciendo que se asustara hasta acostumbrarse. Como había cogido bastante dinero y no conocía lo suficiente a esa chica decidió pedirle una habitación a parte.
 Estaba en una habitación bastante pequeña pero en el fondo lo prefería así, le daba más seguridad. Se levanto con dificultad y se fue a duchar al baño, mientras estaba acabando de ducharse escucha un par de golpes que llamaban a su puerta. Cierra el grifo para agudizar más el oído y los vuelve a oír, temiendo que fuera Jake buscándola se viste rápidamente y se pega a la puerta, mirando por una pequeña lente; frente a su puerta estaba la mujer de la noche anterior, parecía alterada, pero no sabia si para bien o para mal así que la abre con cuidado.
-Hola, ¿qué tal has pasado la noche? Espero que mejor que yo, esa cama chirriaba mucho. -dice con una gran sonrisa.
-Buenos días Astrid. -responde ella sonriendo- He dormido genial, mejor de lo que me esperaba, aunque bueno, la cama era una chufa pero me ha pasado algo genial. Astrid ya me acuerdo de mi nombre.
-¡Pero eso es lago genial! Y entonces, ¿cómo te llamas?
-Pandora. -anuncia sonriendo ampliamente- Y eso no es todo, aunque me pareció bastante anoche, recordé bastantes cosas de mi vida, aunque aún no se donde vivo creo que si se mi edad, 19 años.
-Pandora eso es maravilloso de verdad, puedes venir conmigo hasta que te acuerdes de todo lo demás, entonces si quieres te puedo acompañar.
- He tenido mucha suerte de encontrar a alguien tan amable como tú. Muchas gracias.
 
Y ambas jóvenes se funden en un abrazo.
 
Después de desayunar parten de allí, pensando primero a donde ir. Temiendo perder a la única amiga que le podía quedar decide contarle lo sucedido los días de antes, pensaba que mejor contárselo ella el primer día que lo viera por algún lado, extrañamente la cree y sigue con ella. Así deciden ir a un lugar rural, apartado; pasa por una tienda de inmigrantes que venden comida esperando que no hubieran visto nada y al salir ven a dos personas vestidas completamente de negro, eran un chico y una chica y Astrid tenia el presentimiento de que les estaban siguiendo, con una sola mirada a su amiga, ambas salen corriendo pero, aunque Pandora estaba en bastante buena forma, ella corría bastante poco por lo que al final las acabaron alcanzando.
-Vaya vaya. Así que tu eres Astrid... -le dice con tono superior
-¿De que sabe mi nombre?
-Bueno, no soy tan mayor como para que me trates de usted guapa. Se tu nombre porque me lo han dicho, claramente. -responde- A ver si eso de que las rubias son tontas es verdad. -su compañera, que era rubia le mira con enfado- No me digas que tu no eres algo tonta. Bueno rubita, te vas a venir con nosotros, y tu amiga también, no nos han dicho nada de ella pero estoy seguro que Gareth estará encantado de que le lleve más gente.
 
Entonces, en tan solo unos segundos, Pandora golpea fuertemente a la chica que iba con él y hace que caiga al suelo provocando un sonoro golpe que no parecía nada bueno, pero se levanta sin parecer haber sufrido nada y saca algo que la deja inconsciente y a Astrid frente al peligro de esas dos personas. Hacía unos años entraron a robar a su casa y la llevaron a clases de defensa personal para asegurarse, gracias a esas clases consigue arrebatar el instrumento con el que habían dejado a su amiga tirada en el suelo e intenta disparar pero no sale nada, haciendo que aquel chico pegara una fuerte carcajada. Se acercan a ella por los lados y la chica le da un golpe haciéndola caer al suelo.
-Ninguna niña pija me hace eso.
 
Y cuando iba a dar el ultimo golpe, alguien se acerca por detrás y la coge del cuello, clavándola un gancho en el estomago, ella grita y se hace humo. El otro chico mira asustado el lugar donde había desaparecido, pero no le da tiempo a mucho pues la persona de antes le hace lo mismo y desaparece de la misma manera. Astrid esta muy mareada y le duele la cabeza, pero le da tiempo a entreabrir los ojos y le ve. Es el chico del incendio en el instituto y el bosque.
 
 
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Klaus se despierta con mucho sueño, la noche anterior había una celebración por algo de lo que no se enteró del todo y acabó de madrugada por lo que al llegar a su habitación cayó dormido como sus amigos. Esos días se habían acercado más, desde su charla con Gareth habían dejado de hablar y ya no era considerado tan importante, y eso les daba más tiempo para estar juntos fuera de las charlas y clases. No sabia porque daban esas clases, pero iba muy bien, y en las clases de entrenamiento era de los primeros, quizá todo eso provocó que ese día, la gente le mirara mal al llegar al comedor.
 
-Bueno por favor amigos, aquí tenemos al súper Klaus. Amiguito de los que le interesa claro está. -se acerca al chico y se planta delante suyo con un gesto borde- ¿Te gusta llamar la atención eh? ¿Ser el centro del universo? Porque conmigo aquí eso va a cambiar chulo mierda.
-Chicos, ¿qué pasa aquí? -pregunta Gareth que acaba de aparecer en el comedor
-No pasa nada, solo estábamos hablando, ¿verdad Klaus? -pregunta colocando una mano sobre su hombro
-Si, no pasa nada. -responde sonriendo mientras piensa en su grupo
 
Gareth se aleja de allí y se sienta en su mesa, mientras Klaus se va a la suya siguiendo con la mirada a aquel chico.
-¿Estas bien? -pregunta Marianne preocupada por conocer a ese joven
-No sabe donde se mete. Me he pegado con mucho mayores y he salido medianamente bien.
-Déjale en paz, tiene demasiados amigos, y aunque nosotros siempre estemos contigo Preguntitas, somos, ¿cuánto? ¿Tres contra veinte? -le recomienda su amigo- No Klaus, mejor no te busques líos, la amistad de Gareth cuesta mucho y tu vas por buen camino, consérvala lo mas que puedas.
 
El chico esta comiendo en una mesa mucho más grande que la suya y con un gran grupo de gente escuchándole hablar, desvía la mirada un segundo y ambos se miran fijamente.
-¿Como se llama? -pregunta mirando a Marianne, tenia un presentimiento sobre ella y aquel chico
-Klaus... -dice ella medio suplicando, pero no parece cambiar de opinión- Se llama Bastian.
-Así por lo menos estamos igualados, pero, una cosa, ha dicho eso de que con él aquí iba a cambiar, ¿por qué no lo ha dicho antes? Además es que no me suena haberle visto por aquí ningún día menos hoy y ayer.
-Es que él es amigo de Azazel. Y él es el encargado de, ya sabes, dar misiones para hacer fuera de aquí. -dijo dando algún rodeo y mirando a su amigo- Hace poco le mandó una y creo que volvió anteayer pero le salió mal y se ha enfadado con él. Puede que por eso este así contigo, como eres más amigo de Gareth y el lo es del Jefe te tiene envidia, no se.
-¿Quien es el Jefe? -pregunta cambiando de tema
-¿Qué? -preguntan ambos amigos
-Que me digáis quien es, porque lo sabéis pero no me contáis nunca nada. Contadme al menos esto.
-Klaus esto te lo tiene que contar Gareth, pero no se cuando lo hará, no te preocupes, si en unos días no te dice nada yo le busco para que te lo diga. -le tranquiliza ella
-Claro, y a ti te da igual ir a verle, ¿no? Que es por un amigo no por nada más, ¿verdad? -pregunta su amigo con una sonrisa burlona
-Vete a la mierda. -le dice ella riendo
 
 
Klaus está sentado en una silla del despacho de Gareth, ya había ido allí tantas veces que sabia como llegar. Quizás por ello al entrar no había nadie aún, sobre la mesa hay un libro forrado con pelo con un dibujo raro rodeado por un circulo sobre él. Mira a ambos lados del pasillo y entra, sentándose en la silla y abriendo el libro, había muchas cosas en un idioma que no conocía, casi al final ve algo que cree reconocer. Lo lee varias veces hasta que deduce que es latín, hacía unos años daba latín, cosa que en ese momento agradecía. Le cuesta leerlo pues no practicaba mucho, pero el titulo decía "La profecía de las almas".
-¿¡Que estas haciendo Klaus?!
El grito de Gareth hace que pegue un bote y se levante de inmediato, él le aparta de un manotazo y mira el libro comprobando que su estado fuera correcto. Cuando acaba lo cierra con cuidado y dirige una mirada furiosa al chico.
-Yo solo, solo lo estaba mirando. -dice titubeando
-Klaus no vuelvas a tocar este libro nunca, a menos que te lo diga yo. ¿Te ha quedado claro? -le dice muy furioso pero más sereno
-Si, si. Lo siento de verdad.
-Marianne ha venido a verme, me ha dicho que quieres saber que haces aquí, quien es el Jefe. Sinceramente no creo que estés preparado perro me han dicho que te lo cuente, y los superiores mandan. Klaus, ¿entiendes lo que estaba en el libro?
-No, si. Bueno, no entendía nada menos lo ultimo, algo de una profecía y unas almas.
-Bien, esto te va a costar bastante de creer pero a muchos les cuesta, solo que claro, ellos acaban de morir y tu sigues vivo.
-¿Perdón? -pregunta sin creerse lo que acaba de oír
-Klaus, ¿recuerdas la charla? Tú sabes que estamos en contra de un grupo, antes ese grupo era bueno, y ahora no. Bueno, esto es el Infierno, y el grupo anteriormente bueno es el Cielo. Y bueno, todos los que están aquí es que están muertos claro, aunque no todos lo están por haber echo algo malo, algunos están aquí por error, otros porque no querían ir al Cielo y a muchos porque allí no les consideraban lo suficientemente buenos. Ese no es el caso. hace mucho, mucho tiempo, había muy poca población y para que Dios y el Demonio pudieran controlar bien a la población se creó un libro con consejos, normas, y con una forma de controlar todas las almas del mundo; Cielo, Tierra e Infierno. Tienes que saber que aquí también somos almas aunque allí arriba no nos consideren igual, y que cada ser humano está formado por un alma; bueno, con ese libro podemos conseguir derrotar al Cielo y ayudar a los demás seres humanos. Para encontrarlo necesitamos a los hijos de ambos creadores, y del Demonio solo estás tu, pero Dios no solo tiene uno, según la profecía no puede ser ya que tienen que ser hombre y mujer así que le descartamos, y solo nos quedan tu y tu hermana, o prima, bueno ya sabes. Te leo la profecía, si quieres. -mira a Klaus que parece algo inestable- Puedo seguir otro día.
-No, no pasa nada, estoy bien sigue.

La lee con lentitud y prestando atención.
 -No.
-¿Qué?
-Lo siento pero no voy a ir con Astrid a ningún lado después de lo que hizo.
-Klaus solo será para poder salvarnos a todos de Ellos. ¿Quieres ver a tus amigos esclavizados? Altaír y Marianne, ¿de verdad les quieres ver así? Por favor, solo la necesitamos para encontrar el libro, la encerraremos, y si necesitamos más su ayuda no tendrás que verla para nada, lo evitaremos por completo.
-Solo, lo haré pero, quiero hablar con ella cuando la encontréis.
-Será muy pronto espero, enviamos a dos de nuestros mejores... -le mira intentando saber que palabras escoger- A dos de nuestras mejores personas aquí pero se escaparon.
-Se escaparon, ¿quiénes?
-Esperábamos que tú lo supieras.
 
 
 
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En un lugar muy alejado, las dos jóvenes están tumbadas en un par de camas, una se despierta y se le cae el paño que tenía sobre su frente.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


sábado, 17 de mayo de 2014

Capítulo 5


Capítulo 5



La reunión acaba bastante tarde, podían llevar allí encerrados cerca de tres horas, y eso afectaba a Klaus y a todos los demás. Tras ella, Altaír y Marianne le llevan a el cuarto en el que despertó esa mañana.
-Menuda porquería, si lo llego a saber ni me acerco.- dijo Altaír dejándose caer en la cama.
-Alt, primero, quita de ahí. Como sois dos chicos me quedo yo con esa; y segundo, esas charlas son muy importantes, si no nos las dieran perderíamos el rumbo adecuado.
-¿Sabes Klaus? Marianne esta colada por Gareth, por eso es tan insistente con sus charlas.

Marianne mira sonrojada y furiosa a su amigo, y mientras sale de la celda le arroja un libro que había sobre un mueble que Klaus no recordaba haber visto esa mañana.
-Que tía más loca.- dijo entre susurros mientras se dejaba caer sobre la cama individual- La voy a dejar esta cama, pero porque no quiero que acabes así por estar cerca suyo.

Klaus le contempla unos instantes sin saber si estaba bromeando o lo decía en serio.


Una almohada golpea sobre el rostro de Klaus dejándole perplejo unos instantes, se levanta con cuidado, no recordaba haberse dormido, ni cenar, no recuerda nada desde la discusión entre sus compañeros de habitación. Tarda un rato en desperezarse, mira a ambos lados aún sin estar despierto del todo y comprueba que la joven esta vestida y su otro compañero en pijama sentado en una silla con un escritorio delante y un par de sillas delante que no estaba ahí el día anterior.
-¿De donde salen tantas cosas?- sus compañeros le miran extrañados- Las sillas, la mesa, ese mueble, y el primer día estaba en una habitación y desperté en esta celda, ¿cómo han aparecido todas esas cosas y he aparecido aquí?
-Bueno preguntitas, las cosas van apareciendo según crean el tiempo que vas a estar aquí. El como, nadie lo sabe.


El joven sale con ambos compañeros a desayunar, esta vez si puede abrir ambas puertas con facilidad, con la intención de preguntar que había pasado recuerda el nuevo mote que le había puesto Alt y decide callarse. El comedor sigue tan lleno como la ultima vez, esta vez no puede huir porque, tras sentarse en la mesa más vacía, encuentra a su lado a Gareth.
-¿Has dormido bien Klaus?- pregunta sonriendo
-Si
Todo el comedor está en silencio, pendiente de la conversación.
-No te apetece hablar hoy tampoco eh. No pasa nada, cuando acabes de desayunar tu amigo te va a acompañar a mi despacho para contarte unas par de cosas.

Klaus le mira, no sabe si es buena idea, es cierto que allí hay mucha gente, pero también que ese hombre se le llevó hace dos días y aún no le han dado explicaciones de nada.
-No es opcional. -dice rápidamente el hombre viendo la expresión del rostro de Klaus.



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El joven rubio mira a Astrid, y ella le mira a él. Ninguno dice una palabra, simplemente permanecen sentados alargando un silencio incómodo. Unos minutos después, el chico se levanta a por agua cuando otro entra por la puerta aparentemente borracho, la mira y tambaleándose la ignora yendo a su habitación y cayendo en la cama.
-¿Qué haces aquí Astrid? -pregunta por fin el joven
-Jake es complicado...

Ambos volvieron a quedar en silencio y el joven enciende la televisión para calmar la situación.

"Este mediodía han sido encontrados dos cadáveres en un bosque de las afueras, parecen ser de dos jóvenes alumnas del instituto Forestwood en el que hace unos meses desapareció un profesor y al que siguen buscando sin resultado. Al parecer, los cuerpos fueron quemados vivos; otras dos jóvenes del mismo grupo están desaparecidas, según las investigaciones realizadas una de las jóvenes también fue prendida fuego en ese lugar pero la búsqueda realizada por el terreno de alrededor no ha dado resultado. La otra joven desaparecida cuyo nombre es Astrid Benerise Liberman,es sospechosa al haber sido encontrados dos cadáveres en su casa, aparentemente de sus progenitores, también quemados vivos con claras marcas de tortura y con un mensaje a mano en la pared con sangre, están buscando huellas por si hubiera cometido un desliz. En el mensaje dice claramente: "El fuego es eterno, siempre me tendrás cerca... Siempre." Están elaborando teorías acerca del significado de la frase pero se sigue sin saber nada. Actualmente están buscando por todo el pueblo a la joven que ya es sospechosa de homicidio en un posible primer grado y parricidio. Es posible que sea peligrosa por lo que recomendamos, tengan cuidado."

Jake está mirando fijamente a Astrid, ella está asustada y sorprendida y, a pesar de lo que han oído en las noticias hace apenas un minuto, se acerca a ella y la pasa un brazo por encima, consolándola lo mejor que puede.
-Astrid. -dice en un susurro- Se que no has echo nada, pero necesito que me cuentes que ha pasado.

Ella le mira, con lagrimas en los ojos y empieza a contarlo, le sale todo de sopetón, cuando acaba él la mira.
-¿Quién es ese chico del que hablas?
-No lo se, le vi en el incendio del instituto, y antes de mirarme parecía disfrutar de lo que veía, por eso cuando le vi en el bosque supe que lo había echo todo él.
-Astrid, ¿dónde esta Cova? -pregunta con los ojos llorosos
-Creía que estaba muerta, él la tocó y se movió un poco, iba a ir a ayudarla y me desmayé. Al despertar estaba en casa.
-Llegaste muy rápido -dijo como echándole la culpa- ¿Qué crees que es ese tío?
-¿Perdón?
-Astrid, creo que ese era un, bueno. Te tengo que decir que cuando mueres, si hay Cielo e Infierno, pero los roles han cambiado, ahora los cabrones son los angelitos, o almas como se llaman ellos. -ella le mira como si estuviera loco- Yo soy del Infierno Astrid, tu hermano está con nosotros, se habitúa muy bien y tú también podrías.

Astrid le mira, tiene que salir de allí sin hacer creer a Jake que quiere huir. Es como el chico de los incendios, empieza a pensar como ha podido acabar así. Desde que él y su amiga lo dejaron su relación con los del grupo empeoró, ella le quería mucho, sufrió mucho cuando empezó a salir con su mejor amiga y más cuando hablaron para que no dijera nada de lo que tuvieron ellos dos; por eso le ayudó a superarlo, pero la situación le quedó grande y se fue. Quizá en su estancia en la cuidad le haya cambiado, las malas compañías hacen mucho; pero en su más profundo ser, lo acontecido en los últimos días la hizo creer, por lo menos una pequeña parte de lo dicho por Jake.
Ella le sonríe, mientras piensa un plan para salir, el amigo de Jake no había cerrado la puerta con llave, así que le pide un vaso de agua y en cuanto entra en la cocina, sale corriendo por la puerta. Sin detenerse un solo segundo por los gritos del joven, quita la llave de su bicicleta y sale del edificio lo más rápido que sus piernas podían pedalear.

Tras unas horas recorriendo la cuidad, llega a una zona más apartada y se sienta en un banco al lado de una mujer tumbada. Al principio la ignora, pero cuando ve que no se mueve la zarandea un poco despertándola de golpe.
-Perdone, creí que la pasaba algo. ¿Está usted bien?
-No. -dice sollozando- No se quien soy ni que hago aquí, no se donde vivo, cuantos años tengo. Tengo miedo de lo que me haya podido pasar para acabar así, no me quiero morir por una enfermedad rara.
-No se preocupe, mi padre es doctor y me dijo que la amnesia es recurrente y normalmente es producida por un golpe. -la consuela algo entristecida por el recuerdo de sus padres- Mire, yo soy Astrid, y voy a ir a ese hostal a pasar la noche, si quiere, puede venir conmigo. ¿Qué le parece?
-Eres muy amable. -responde la mujer con una sonrisa



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-Ya lo has visto Klaus, esto no me lo he inventado yo. Hay gente como tú que se lo toma bien, y luego está la gente como tu hermana, que hace esas cosas.
 
El chico abandona el despacho sin poder creer lo que acababa de ver, su hermana, una asesina.
-Klaus, ¿estas bien? -pregunta Marianne preocupada por como había entrado su amigo en la habitación.-¿Qué pasaba con tu hermana?
-Ese monstruo ya no es mi hermana, y esa ya no es mi familia. -ella le mira asustada- Esa asquerosa se ha cargado a mis padres, a sus amigas. Gareth tiene razón, todo ha cambiado; los malos no son malos, y los buenos no son buenos.














































































































jueves, 15 de mayo de 2014

Capitulo 4

Capitulo 4


Klaus se despierta y abre los ojos con rapidez. Ya no está en la sala de antes, su habitación ahora parece una celda, la puerta es la de una cárcel. Mira a su alrededor, duerme en la cama baja de una litera y a su izquierda hay una cama individual pero no hay nadie más que él en el cuarto. Enciende una luz y puede ver una puerta de madera, se levanta de la cama y se pone la ropa que había encima de la colcha cuidosamente doblada. Ya vestido, camina hacia la verja, esta cerrada, entonces se gira y va hacia la puerta y la abre; tenía la esperanza de que fuera otra salida pero no era más que el baño. Se mira en el espejo, tiene un aspecto horrible, se peina lo mejor que puede y al acabar vuelve a la habitación. Al entrar se encuentra a un chico y una chica de aproximadamente su edad. Les mira extrañado, dirige la cabeza hacia la verja, esta cerrada, les vuelve a mirar sin saber que decir.
-Un hola no estaría mal eh.-le dice el joven, que se había acomodado en la cama individual.
-¿Como habéis entrado?- pregunta Klaus ignorando el comentario del chico
-Bueno, como veo que no tienes ganas de saludos ni nada de eso me presentare. Me llamo Altaír, ¿y tu?- pregunta, ofreciéndole la mano como saludo
-¿Como habéis entrado si la verja esta cerrada?- vuelve a preguntar

El chico se mueve lentamente y acerca la mano a la verja, esta, con un leve chirrido, se abre fácilmente.
-Esta abierta, y ahora te vas a venir conmigo a no se que cosa de Gareth, pero antes me gustaría saber tu nombre.
-¿Y la chica con la que has entrado?- Altaír le mira con un gesto de exasperación- Me llamo Klaus, y ahora dime donde esta la otra.
-La "otra" se llama Marianne, y se ha ido al principio de nuestra encantadora conversación. Anda vamos a desayunar antes de que empiece la reunión.
-¿Que reunión?
-Joder tío, ¿no te cansas de preguntar todo el rato? Si supiera de que va la mierda esa no iría porque seguramente me parecería lo más aburrido del mundo, pero como no lo se, no me arriesgo.

Ambos chicos caminan por un pasillo con múltiples habitaciones exactamente iguales a las de Klaus. Al final del pasillo se encuentran con una puerta que el joven intenta abrir, pero no puede, entonces Altaír con un rápido movimiento de mano la abre sin mayor dificultad; él le mira extrañado, estaba seguro de que esa puerta estaba cerrada. Tras dar muchas vueltas acaban frente a una gran puerta que Altaír abre directamente sin darle la oportunidad a Klaus. En el interior esta el comedor, con un montón de gente que no conoce, se queda un rato quieto, mirando a su alrededor pensando como había acabado allí.
-Klaus, que alegría verte de nuevo.- le dice Gareth
-Hola- le responde sin ganas y alejándose de inmediato.

Cuando encuentra al chico que había irrumpido su habitación y se sienta junto a él, se percata de que todo el comedor le esta mirando incrédulo.
-¿Que pasa?- pregunta preocupado
-Bueno, ese tío al que has tratado con ese desprecio es bastante amigo del Jefe, muchos de aquí desearían que les dijera la mitad de lo que te ha dicho a ti, ¿sabes?
-Ajá.

Mientras pensaba lo que le había dicho, y sin querer parecer más pesado preguntando otra vez, empieza a comer.


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Astrid esta tirada en el suelo de su habitación, la puerta cerrada con llave; sin parar de llorar, se levanta con rapidez, y con mucho esfuerzo corre un armario bajo delante de la puerta. Abre el armario y mira en su interior, se agacha bajo la cama, no ve a nadie. Da vueltas por su habitación sin saber que hacer, acaba de ver a sus padres muertos, tirados en el suelo de su cuarto, como si fueran basura. Tiene mucho miedo, abre un cajón de su cómoda y saca una mochila mas o menos grande, abre el armario y mete camisetas, chaquetas, alguna sudadera y un par de pantalones; luego abre un cajón y mete la ropa interior. Cuando acaba abre su hucha y coge todo su dinero, en ese momento agradece haber ahorrado tanto en vez de gastárselo como su hermano. Tras ver lo de sus padres buscó a Klaus, pero no estaba por ningún lado, y su moto tampoco así que tenia una breve esperanza. Se sienta en la cama, y espera por si oye algún ruido, nada; coge la mochila con cuidado y empieza a mover el armario, antes de quitarlo del todo recuerda algo que no ha cogido, abre un cajón de su mesilla, lo saca y tras mirarlo con una sonrisa, se lo guarda en el bolsillo.
Mira hacia el pasillo, no hay nadie, no ve nada ni oye nada asique con la mayor rapidez que puede y sin hacer ruido sale de su casa, quita el candado de su bicicleta y pedalea lo mas rápido que puede y sale del pueblo dirigiéndose a la cuidad.



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Johann recorre la casa de Pandora buscando una mísera pista para averiguar donde o que ha podido pasar con su amiga. Al rato de buscar, desesperanzado, alguien llama a la puerta.
-Señor, tengo una carta para usted.

Johann se acerca a la puerta y la abre.
-Buenas tardes, ¿está seguro que es para mi? No vivo aquí.
-¿Es usted Johann Molchovic?
-Si. - responde extrañado
-Pues entonces créame, es para usted, cójala.

Johann la coge y la abre:

"Querido Johann, quizá te sorprenda recibir esta carta y más en un hogar que no es el tuyo, pero tenia el presentimiento de que la leerías antes si te la enviaba aquí que si lo hacia a tu propia casa. Pandora corre grave peligro, de la misma forma que hay algunos terrestres que también, necesito que hagas la misión mas importante de tu carrera. Pandora esta en la Tierra, esta con forma humana, sin aureola ni alas, así que tendrás que buscarla bien. Solo puedo decirte que esta en Estados Unidos, pero no puedo decirte porque zona pues fui interrumpido y lo desconozco. Mucha suerte, salva a tu amiga y a los otros.

Saludos de...     Dios. "

Johann mira la carta incrédulo, primero por recibir una carta Suya, y lo segundo porque conocía la relación entre Dios y su amiga, pero no sabia que era tan cercana.
Tarda pocos minutos desde que entra en acción hasta que prepara una maleta y se va a la zona de trasportes entre mundos. Enseña un permiso que venia junto la carta que le permite entrar en la sala de espera para la Tierra. Mientras espera llama a un amigo que fue allí par ayudar a las futuras almas descarriadas. Suena el teléfono tres veces hasta que alguien lo coge.
-Hombre Johann, ¿qué tal va todo por allí? Oí las noticias por mi televisión, ¿sabéis quien es la chica del coche y lo de Sus terrenos?
-Escúchame Alfred, muy atento, tenemos problemas serios. La del coche es Pandora, conozco vuestro problema pero necesito tu ayuda para encontrarla; se que estas en una gran ciudad en Estados Unidos y allí es donde la han enviado para protegerla, a ese país, pero no sabemos donde, a parte me ha dado una lista con un par de chicos que tenemos que buscar para ayudarles también. Llegaré en dos horas como mucho, espérame allí para recogerme. Lamentablemente no se más de lo que te he contado pero si me entero te lo diré en seguida.- dijo rápidamente, en alguna ocasión trabándose.
-Voy a arrancar el coche, esta un poco lejos, no te vayas.

Unos pocos minutos después avisan de que el viaje hacia la Tierra se efectuaría cinco minutos después y que fueran yendo hacia la habitación contigua. Entraban uno por uno, y le llegó el turno a Johann, nunca había viajado, si vivo, pero no del Cielo a la Tierra. Al entrar por una segunda puerta y tras un largo pasillo llega al final, traspasa otra puerta y sale al exterior.
-Suba a la nube, túmbese, meta en ese agujero el equipaje, no se mueva y que tenga un buen viaje.- le dijo una bella joven con la típica sonrisa de trabajo.

Nada mas tumbarse la nube empezó a descender a una velocidad vertiginosa y tras unos minutos, empezó a ir a un ritmo más calmado, decidió dormir durante el viaje ya que la nube era realmente cómoda. Tras un par de horas la nube empezó a frenar hasta que para del todo. Abre los ojos rápidamente y coge su equipaje, llega a una sala donde le dan una cartera con un DNI, pasaporte y un poco de dinero. Sale de el edificio y ve a su amigo en el coche esperándole, abre el maletero de su coche y mete su mochila.
-Será más fácil encontrar a Pandora si conseguimos encontrar a los demás. - dice sin si quiera saludar
-Si. La primera persona se llama Astrid Benerise Liberman, según el mapa, es la más cercana. También está su hermano, pero él no aparece en el mapa.
-¿Como se llama el hermano?- pregunta temeroso
-Klaus Abelard Liberman
-A ese chico no le vamos a encontrar.- responde provocando una mirada sorprendida de su compañero- Se lo han llevado Ellos.
-Pero... ¿Cómo puedes saber eso?
Alfred le mira preocupado- No aparece en el mapa de la Tierra, y en el Cielo no está, ¿o si?

Johann le mira asustado y tras asumirlo, tacha su nombre de la lista.



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Astrid llega a la estación muy cansada tras pedalear todo el día. Entra y espera en taquilla y compra un billete para la cuidad. Afortunadamente para ella, puede llevar consigo la bicicleta así que cuando se oye por los megáfonos que el tren va a salir, lo coge todo y sube.
Tres horas más tarde camina por la cuidad con la bicicleta al lado cuando ve que hay detrás suyo dos hombres que la están siguiendo, asustada, sube a su bicicleta y lo más rápido que pudo, sale de esa zona llegando a otra mucho más concurrida. Se para en una zona que le permita tener un poco de espacio y saca un papel, lo mira y lo vuelve a guardar. Camina por toda la cuidad hasta que llega aun bloque de pisos corriente y llama al timbre.
-¿Si? -pregunta una mujer mayor
-Cartero comercial.-responde ella cambiando un poco la voz
Temiendo que no abriera se dispone a llamar a otro piso cuando la abren. Deja la bicicleta atada en una zona especial y sube, cuando llega a la puerta respira profundamente y llama. Un joven muy atractivo, rubio, con los ojos azules y la piel morena abre la puerta y se queda blanco al ver a la persona que esta en su puerta.
-¿Astrid?... ¿Qué haces aquí?
















































































































































martes, 6 de mayo de 2014

Capítulo 3

Capítulo 3


Una mujer está tirada en la calle, la gente que camina a su alrededor, acostumbrada a vagabundos y yonkis, la ignoran, obviando que esa mujer se estremece y se encoge de dolor y frio. Abre los ojos con cuidado, pero la cantidad de luz la deslumbra y los cierra de nuevo con rapidez. Al abrirlos otra vez, empieza a habituarse a la luz, observa el entorno en el que se encuentra y se asusta; está en una gran ciudad, con mucha gente, no sabe donde, no como ha acabado allí, y lo peor de todo, no sabe quien es.
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Astrid se levanta al oír el pitido del despertador. Desde hacia días, su madre estaba muy distante con ella, tanto, que esta no se fiaba de que la levantara, estaba en lo correcto. Ese día se iba de vacaciones de primavera con algunos compañeros de su escuela; desde el incendio, los ánimos estaban un poco alicaídos, pero con la llegada del día de partida, todos se fueron olvidando y cada vez más ansiosos, empezaban a preparar todo.
Ella había acabado de hacer la maleta el día anterior. Se levantó emocionada, hizo la cama con rapidez y se introdujo en la ducha.


Mientras, en la habitación de Klaus, un móvil sonaba constantemente; con el tiempo, el sonido de la vibración le despierta, y con los ojos medio cerrados, mira a su alrededor sin saber de donde salía ese sonido tan molesto. Cuando por fin descubre que era su móvil habían dejado de llamar, mira el registro de llamadas, aún medio dormido, para ver el numero desde el cual le habían estado llamando:
-Ocho y veintitrés, numero privado; ocho y diecinueve, número privado; ocho y doce, numero privado. ¿Quién coño me ha estado llamando toda la noche?- dice mientras sigue mirando, cuando llega a la primera llamada, se da cuenta de las veces que le han llamado- La hostia, ochenta y siete llamadas, y la primera a las doce, ¿pero quién es el retrasado que esta haciendo esto?

Instantes después, el móvil vuelve a sonar, y esta vez, con una gran rapidez, coge le móvil y responde.
-¿¡Quien eres!?
-...

No se oye nada tras el teléfono, excepto un ruido, como de chimenea.
-Escúchame graciosillo, y lo voy a decir solo una vez, como me vuelvas a llamar y a despertar, te juro que te voy a encontrar y te vas a tragar los dientes. ¿Te ha quedado claro?

Un pitido extremadamente fuerte salió del móvil, haciendo que el chico lo tire al suelo, para taparse las orejas. Tras unos segundos deja de sonar, y entonces lo recoge del suelo, y una voz, de hombre, empezó a hablar, Klaus no reconocía ese idioma y empezó a asustarse de verdad, por lo que colgó el móvil con rapidez y lo apagó, dejándolo con cuidado en la mesilla, y volviendo a dormir.


Astrid baja las escaleras con la maleta y la deja en el recibidor, mientras se va a desayunar, escucha a su padre entrar en la cocina.
-Hola cariño, ¿qué tal? ¿tienes ya todo listo no? En quince minutos nos vamos.
-Si papa- le mira durante unos instantes hasta que por fin pregunta- ¿Va a venir mama a despedirse?

Su padre la mira, sin saber bien que decir, y el silencio es la respuesta. Cuando acaba de desayunar recoge su vaso y lo deja en el fregadero, sale de la cocina y ve a su padre cogiendo la maleta para meterla en el coche. Ella sale primero, sentándose en el asiento de atrás, adora el asiento de atrás, tiene los cristales tintados, así que si se dormía, nadie la podía ver. Su padre se sienta y arranca el coche, en menos de media hora ya se encontraban allí. Saca la maleta y se la da, ella la deja allí, al ver a su amiga, sale corriendo hacia ella.
-Cova- la llama para que se gire- ¿Qué tal? ¿Estas nerviosa?
-Un poco, el bosque no me gusta mucho, y las cabañas son de cuatro ¿sabes? ¿Con quien nos ponemos?
-Pues no lo había pensado. Se lo podemos decir a Sophia y a Carol.
-No, ellas ya tienen cabaña.- respondió apartando la mirada con un leve gesto de desprecio
-Mierda, pues...
-Chicas, no os preocupéis, yo cuando era niño fui mil veces de colonias al bosque y era genial- las amigas le miraron algo aliviadas- Oye Astrid me tengo que irme al trabajo. Pasáoslo bien- se despidió de ambas

El viaje en autobús fue bastante aburrido para las chicas, con la gran mayoría de la gente dormida, ellas se durmieron también. Al llegar a su destino se fueron despertando todos poco a poco y se sorprendieron al ver que era bien entrada la noche.
-Chicos, como ibais prácticamente todos dormidos no quisimos despertaros, tuvimos un problema, nos confundimos de desvío y nos perdimos durante bastante tiempo. Ahora quiero que cojáis vuestras maletas mientras hablo con el gerente y os iremos dando las llaves de las habitaciones.

Rápidamente todos salieron del autobús, sacaron sus maletas y esperaron fuera. Estaban en mitad del bosque, lleno de arboles, por algún lugar se oía el correr de un riachuelo; había un gran edificio en una plaza, donde estaban esperando, en el medio, un pozo bastante viejo y aparentemente sin usar. Todo el suelo estaba asfaltado con piedras, lo que lo hacia todo más campestre. Por un camino hacia abajo, vieron otro edificio, mas pequeño y a su lado, un terreno de césped con un lugar para proteger la leña de la lluvia y hacer un fuego. La profesora salió con el gerente y mientras les inscribía en un papel, la profesora les indicaba en que cabaña se iban a alojar. Las cabañas eran redondas y con el techo en punta y de paja, la fachada era de piedras, bastante rudimentario. Cuando les llegó el turno a las chicas, dijeron que no tenían más compañeras y por suerte para ellas, la profesora encontró otras dos chicas para la cabaña.

Su cabaña estaba más apartada. Se llegaba yendo por un camino y bajando unas rudimentarias escaleras, llegabas a una zona del bosque, y allí estaba, con un montón de arboles a su alrededor, y pasando por debajo de unos que formaban un agujero, se llegaba a un lago, a una pequeña parte de él. Si seguías bajando las escaleras encontrabas otra cabaña, esta no tenia tanto árbol frente a ella, pero si tenia el lago al lado; no sabían quien estaba en esa así que esperaban poder dormir en paz.
Cuando entraron quedaron maravilladas, en el exterior hacia un calor sofocante a pesar de que fuera de noche, pero allí dentro, al ser de piedra, guardaba bien la temperatura y se estaba muy bien. Las camas eran dos literas y las chicas se pusieron en las que estaban mas alejadas de la puerta, deshicieron su maleta y salieron para ir a cenar.

El día siguiente tenían que estar en la plaza a las diez para empezar las actividades; la primera era mitad del grupo escalada y la otra mitad montar a caballo, más tarde se cambiarían. Astrid y Cova se fueron con el grupo para montar a caballo; cuando el señor los fue sacando, iba contando unas normas que debían cumplir, no dejarles adelantar ni pararse a comer porque estaban colocados estratégicamente. Fue un paseo muy relajante para todos y cuando acabaron se fueron a escalar. Hubo unos cuantos, entre ellos Astrid que no escalaron, algunos porque no se veían con fuerzas, pero la gran mayoría por el vértigo.
El resto de los días fue corriente; hicieron piragüismo, tiro con arco, rappel, rafting... El último día era búsqueda del tesoro, les daban un papel con pistas que los llevaría a un sitio y tenían que apuntar en otro papel unas palabras que encontrarían en cada lugar. Se hicieron cuatro grupos, y empezaron inmediatamente; cuando llegaron a una de las ultimas pistas, en mitad del bosque, Astrid se alejó un poco creyendo ver la palabra. Entonces empezó a escuchar chispas, como el ruido de una chimenea, se giró y había una zona del bosque en llamas. No sabia donde estaban sus amigas, y Cova, preocupada por ella y acordándose del incendio, intentó entrar en una zona que no estaba aún cubierta por las llamas. Y ahí estaban, sus tres amigas, calcinadas por el fuego. Cayó al suelo sollozando, no podía levantar la mirada, cada vez que lo hacia, las veía con los cuerpos completamente destrozados; entonces, cuando empezó a creer que las llamas se acercaban peligrosamente le vio. Era el mismo chico que el del incendio en su instituto.
-¡Tú! Todo esto lo has echo tú, ¿verdad? Tu provocaste el incendio en mi escuela y has provocado este. Eres un asqueroso asesino.

Él no responde, se limita a mirarla y sonreír. Desvía la mirada hacia su amiga, estaba viva, se movía, llorando de dolor; el joven se acerca lentamente, la toca el cuello y mira a Astrid. El calor la esta haciendo marearse y por ello, al intentar levantarse para ayudar a su amiga se marea y cae al suelo inconsciente.
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Klaus está aburrido, desde que su hermana se ha ido no la puede molestar, que es lo único que hace cuando está castigado. Sus padres no están, no sabia que hacer así que coge un juego de llaves y se va, monta en su moto y la conduce hasta llegar al parque donde están siempre sus amigos, pero allí no ve a nadie y le extraña bastante. Baja de la moto, esperando encontrarles en algún bar, pero están todos cerrados. Sigue caminando, los supermercados, correos, hasta el ayuntamiento estaba cerrado, no había nadie por la calle, y todas las casas del pueblo parecían desiertas. Tras dar un par de vueltas decide volver a donde había dejado la moto y volver a casa pero al llegar descubre que no estaba; alguien se la había robado. Mira a todos lados, pero no ve a nadie, y si alguien la hubiera arrancado lo habría oído, no se había alejado mucho y estaba todo en silencio.
Cuando desesperado iba a volver a casa esperando que sus padres se creyeran su mentira ve a alguien o algo negro adentrándose en el bosque y meditando si seguirle o no corre en su búsqueda con la esperanza de que hubiera visto a quien se llevó la moto o de que hubiera sido él y darle su merecido. Conforme se adentraban ambos en el bosque, este se volvía a cada momento más oscuro hasta que llegaron a un momento que no se veía prácticamente nada y Klaus decidió darse la vuelta y volver atrás, pero ya era demasiado tarde.
-Bueno días Klaus. ¿Te parece que hablemos un minuto?- se oyó una voz lejana
-¿Como sabes mi nombre?- preguntó el chico asustado
-Se muchas cosas de ti Klaus. Pero tenemos que hablar de un tema muy importante y es por ello que quiero que te acerques y conversemos tranquilamente, ¿te parece bien?
-¿De que quieres hablar?- seguía preguntando el chico mientras se acercaba
-Bueno, si quieres empezamos por las presentaciones, ¿no?- dijo cuando por fin, el joven se había acercado del todo- Mi nombre es Gareth- se presentaba mientras le tendía la mano para saludarse.

En el mismo instante en el que se tocaron, una gran masa de humo les cubrió y tras unos instantes aparecieron en una habitación de piedra roja, sin ventanas, y con una chimenea alumbrándola, dando aun más tono rojo a la sala. El hombre estaba sentado en una silla negra, con una mesa delante e indicándole que se sentara en la silla de enfrente.
-¿Donde estamos? ¿Cómo hemos llegado aquí?
-Bueno, reconozco que esas preguntas te las tengo que responder, pero yo iba primero. ¿verdad?- no le dio tiempo a responder- ¿Recuerdas fotos de tu madre embarazada de ti o de tu hermana?
-¿Perdón? ¿De que conoces a mi hermana?
-Limítate a responder si no quieres mayores problemas que estar aquí conmigo por favor- dijo más serio
-No es que mirar fotos nuestras de pequeños sea un hobbie para mi, pero no, no recuerdo haber visto ninguna.
-Interesante, pero aun no me puedo asegurar hasta que...
-¿Que es interesante?- le interrumpió
-No es de tu incumbencia.- responde mientras se levanta para marcharse
-¡Señor! ¿Qué hago aquí?- pregunta gritando, pero el hombre se aleja.

Él abandona la sala, dejando a Klaus solo y bastante confundido. Varios minutos después regresa con un papel, se sienta en la mesa y lo mira fijamente a los ojos.
-Oiga señor, mis padres se van a enfadar mucho si cuando lleguen no estoy en casa. ¿Podría irme?
-Querías que te respondiera a las preguntas, y esa es la ultima. Estas en mi casa y la casa de muchos otros, hemos llegado aquí de una forma que aunque te explicara no entenderías. ¿Quieres de verdad que te cuente que haces aquí? Vaya, una historia muy larga, y que me gustaría contar cuando tu hermana llegara y no contarla dos veces.- respondió sonriendo

La puerta sonó, una vez, dos, y a la tercera la actitud del hombre cambió repentinamente. Salió precipitadamente, Klaus escuchaba los gritos desde dentro, una tímida voz balbuceaba algo y cuando acaba, el hombre suspira y entra en la habitación otra vez.
-Has tenido suerte, tu hermana se ha escapado de alguna manera así que te contaré porque estas aquí. Lo primero que te voy a decir es que el hombre y la mujer con los que has estado viviendo no son tus padres. Tú eres hijo de mi, bueno, para que lo entiendas le llamare jefe, y tu hermana, de su hermano. ¿Sabes? Muy poca gente sabe que son hermanos, les engañamos contando patrañas que se creen. Fuisteis arrebatados de vuestro hogar por, según el padre de Astrid, vuestra seguridad y la de todos los habitantes del planeta, embustero. Estas aquí porque gracias a ti y a tu hermana, vamos a conseguir una cosa que llevamos persiguiendo mucho, mucho tiempo- acabo diciendo con una sonrisa.
Salió de la habitación, cerrándola con llave, y antes de irse del todo abre una pequeña escotilla que Klaus no recordaba haber visto y dijo:
-Se me olvidaba. No, no puedes irte.
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Astrid se despierta tocándose la cabeza, le duele mucho. Esta tirada en el asfalto y le extrañaba. Estaba en el bosque, con sus amigas, buscando la pista para el juego cuando apareció ese chico, el mismo que el del instituto. Se levanta con cuidado, aun esta un poco mareada, al levantarse del todo ve una mancha en el suelo, entrecierra los ojos y se da cuenta sorprendida de que es sangre, es su sangre. Se mira las manos, las tiene llenas de sangre, está asustada, mira delante suyo, sus amigas.
-¡Cova!- no obtiene respuesta por lo que opta por gritar más- ¡COVA!

Nadie la responde, ni aunque sea para quejarse de sus gritos, empieza a andar para buscar a alguien cuando al acabar la calle, se para y la ve; es su casa. Desde donde estaba hasta allí había más de seis horas en coche y por el sol, serian las doce o la una.
No tiene llaves, y por mas que llama a la puerta nadie abre, ese día era viernes, así que sus padres estarían trabajando, pero Klaus estaba de vacaciones igual que ella, pensando que estaría durmiendo vuelve a llamar, y ya sin esperar respuesta alguna abre la verja con cuidado. La puerta principal también estaba abierta así que la abre lentamente, teme que el mismo chico de antes este dentro también. Cuando entra no ve nada raro, la cocina esta ordenada, igual el salón, sube las escaleras intentando no hacer ruido y entra en su habitación, esta todo tal y como recordaba haberlo dejado al irse, pasa a la habitación de Klaus, esta echa un desastre, como siempre, suspira y piensa porque entra allí. Cuando va a entrar en la habitación de sus padres gira el pomo y no puede abrir la puerta, lo hace con más fuerza y nada. Al final, empujando con todas sus fuerzas y durante mucho tiempo, la puerta cede y lo que ve dentro la hace pegar el grito más estremecedor que se halla oído jamás.

Capítulo 2

Capítulo 2


Pandora se levanta adormilada, esos días debe haber mucho trabajo allí arriba; una gran sequía azota gran parte del planeta. Odia hacer el papeleo, a ella le gusta el trabajo de la calle, pero han decidido que no estaría preparada para salir. 
Ha estado un par de días de descanso en su chalet del bosque, pero sabiendo que estaba lejos de su trabajo, y al odiar madrugar, el día anterior volvió a su casa.
Se levanta con una desgana poco común en ella, le gusta dormir, pero también adora su trabajo. Se ducha con gran lentitud, y al ir a ponerse su ropa, recuerda que está en la oficina, no puede ponerse su ropa, tiene que ir con ropa formal, porque aunque no lleven uniforme, en ese lugar hay que ir vestido con traje. Con una expresión de auténtico desprecio, recuerda que tiene un traje de chaqueta y falda escondido al fondo del armario, por lo que se estira para cogerlo. Al verlo, recuerda porque lo dejo allí, era un traje horrible, rosa salmón con bordados en los lados, busca unas medias claras y una camisa blanca y se viste.
Son las ocho y cuarto por lo que aún queda bastante hasta tener que irse, lo único bueno de su nuevo trabajo temporal es que entra a las nueve y tiene más tiempo.
Abre la nevera y coge la leche, mientras se prepara un café, alguien llama repetidas veces a la puerta rítmicamente y ella sabe perfectamente quien es:
-¡Dory! Deja de llamar y pasa de una vez. –grita.
 Una joven de cerca de dieciocho años entra con una sonrisa, que pasa a una risa que la deja sin aliento.
-¿¡Pero que llevas puesto!? -pregunta con la voz entrecortada por la risa.
-Sabes perfectamente que estos días estoy en oficina y no tengo ninguna prenda de ropa más formal que esto. -dice con un tono de medio desprecio y broma.
 Se sientan juntas a desayunar mientras se cuentan lo ocurrido los últimos días que Pandora no estuvo sin percatarse de que alguien las ha estado espiando desde la ventana, un pequeño niño que, con una expresión maléfica huye de allí sin dejar el más mínimo rastro.


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Ese día era muy importante para Astrid, tenía el último examen de esa evaluación, y era de una asignatura que odiaba, lengua. Ella odiaba las letras, quería estudiar medicina, pero a pesar de ello, adoraba las clases de literatura.
Se levantó extrañada de que su madre no hubiera subido a despertarla, hizo la cama con tranquilidad, y fue a ducharse. Solo al volver a su habitación para vestirse se fijó en la hora. Se le heló la sangre, miro varias veces no sin dudar realmente de la hora, cuando reaccionó, fue corriendo a despertar a sus padres, que seguían durmiendo.
-¡MAMÁ! ¡PAPÁ!- gritaba mientras les zarandeaba - ¡DESPERTAD!

Su madre se despertó, con legañas en los ojos, y mirándola con extrañeza le preguntó que ocurría para que entrara de esa forma a su habitación.
-Mamá, por el amor de Dios, te has dormido, son las ocho. – dijo ella, casi llorando.

Su madre no reacciona durante unos instantes, hasta que se levanta con lentitud y coge el reloj, mirándolo incrédula y se percata de la hora que era.
La casa cogió un ritmo rápido, el padre se vestía con una rapidez olímpica, mientras, la madre preparaba el coche, aunque no conducía hace mucho, no iba a permitir que sus hijos, y sobre todo Astrid por su examen, llegaran tarde a clase.

Cuando Astrid y Klaus, subieron al coche, la madre arrancó y condujo velozmente hasta el instituto. Klaus no quería ir, se le veía en el rostro; en cambio, Astrid tenía unas grandes ganas de llegar, eran muy distintos, y no solo en personalidad, el físico también, ella era la típica niña de barrio bien, pelo rubio, ojos azules, tenía una estatura normal tirando a alta, y su peso era el adecuado, siempre llevaba ropa de colores claros, y era muy dulce; Klaus, en cambio, tenía el pelo negro, como el carbón, los ojos iguales, era extremadamente alto, y estaba un poco delgado y, cosa que su madre odiaba, siempre vestía de negro, nunca desde que sus padres le elegían la ropa llevaba un color distinto y, en ocasiones, se ridiculizaba de su propia familia, en lo único que se parecían era el color de la piel, los dos eran muy pálidos, casi como si tuvieran la piel blanca, algo extraño debido al hecho de que sus padres tenían la piel con bastante más color.

El coche iba a una gran velocidad, cuando estaban llegando, la madre coge mal una curva y por la velocidad a la que iba, el coche se sale de la carretera. No recibe ningún golpe, y en el coche están todos en silencio, hasta que Astrid no puede lo puede evitar:
-Mamá, entiendo que ahora no quieras seguir conduciendo, pero Klaus y yo vamos a llegar tarde, si no vas a seguir conduciendo, deberíamos ir andando lo que queda de camino.

Su madre la mira incrédula, no puede creer la poca consideración que estaba teniendo su hija, porque estaba segura que recordaba el accidente que sufrió, y que casi provoca su muerte. Mientras Astrid mira a su madre con una expresión de angustia, Klaus se desabrocha el cinturón y sale del vehículo:
-Mamá, que se vaya Astrid andando, yo te llevo a casa, ¿te parece mejor idea?- y fue algo que dijo con la mejor intención del mundo, y sin el propósito de faltar a clase.

Estaba claro que ese día era bastante extraño, pero ella no dice que no, así que mientras Astrid sale del coche para ir al instituto, su hermano se coloca en el asiento del conductor para llevar a casa a su madre.

Aquel día hacía un calor sofocante, el viento era seco, no provocaba alivio, y le azotaba el cabello. Las calles estaban llenas de polvo, como una arena rojiza. Cuanto más se acercaba, más ruido había, y más se preguntaba que estaría pasando.
Al llegar, la escena sorprendió a Astrid enormemente, todo el mundo estaba fuera, el instituto estaba en llamas, aunque ya estaban casi extendidas. Había mucho movimiento, y ella estaba muy asustada. No sabía qué hacer, si irse o preguntar. Cuando se iba a ir, ve a su amiga, a la que se acerca corriendo:
-Cova, ¿Qué ha pasado?

Su amiga la mira con una cara de auténtico terror.
-Astrid… -casi no puede decir palabra, casi llorando- Estábamos en clase, Doña Elvira nos estaba dando clase, entonces alguien grito, venia de fuera. Doña Elvira salió para ver que era, hubo gente que se levantó a mirar… Ahora se arrepienten.

No pudo contener las lágrimas, y empezaron a caer por sus mejillas a borbotones.
-Cova… -fue un susurro, pero ella pudo escucharlo, porque, tras eso, levanta la cara para continuar.
-Era un chico, aún no saben quién era. Pero no, es que, estaba en llamas.

Astrid se la queda mirando, incrédula, ¿cómo había podido incendiarse?
-Astrid –su amiga la llama sabiendo el duro golpe que acababa de recibir-. Todo el instituto estaba en llamas, el humo entró en la clase, y la gente empezó toser, alguien intento abrir una ventana pero la profesora dijo que si hacia eso avivaría el fuego, así que cogimos unos paños mojados con agua de su botella y nos los pusimos en la cara. Intentamos salir, creo… creo que aún queda gente de clase dentro Astrid. Tengo miedo de lo que les pueda pasar. Pero no solo nuestra clase, cuando salimos, había clases destrozadas por las llamas, Doña Elvira nos dijo que no miráramos, pero yo lo hice Astrid. ¡Yo lo hice! Y dentro, había chicos quemados, estaban muertos.

En ese momento empezó a llorar, mucho, pero Astrid no reaccionaba. No podía pensar, ¿y la alarma de incendios? ¿Cómo es que no sonó? Muchas preguntas rondaban su cabeza, pero no podía responder ninguna. Entonces se gira, y ve a un chico que no había visto nunca, la estaba mirando fijamente. Tenía miedo, su aspecto daba miedo, era parecido al de su hermano, pero más extremo. Sus ojos eran claros, de un color extraño, su piel no era clara, era completamente blanca, parecía un muerto. Y su pelo era castaño claro, a pesar de eso, iba de oscuro, tenía un tatuaje en el brazo derecho que lo cubría por completo, eran unas letras, pero no sabia lo que ponía, no conocía ese idioma. Ella no paraba de mirarle, y él no apartaba la vista.  Se empezaba a sentir incomoda, entonces aparta la mirada, y ve a su profesora consolando a Cova, decidida a ir con ella, al recordar al chico, piensa en hablar con él, pero al volver la vista atrás no está, lo busca pero no lo ve por ningún lado, así que se va con su amiga, ignorando el peligro que le supone la persona que acaba de conocer.

En la casa de Astrid se oyen risas, ella esta con su amiga, y tenía una sonrisa, pero se veía tristeza en sus ojos. Astrid ha decidido que se debería quedar en su casa para consolarla, aunque en su habitación.
Ese día, al llegar, fue de inmediato a contarle todo lo ocurrido a su madre, pero ella estaba distante, parecía decepcionada, así que, con un poco de culpabilidad, abandona la cocina, sin dirigir una palabra a su madre.


                                 .           .           .

 
 -¿¡Y que quieres que haga Johann!? Yo les vi y no les pude salvar. Se lo que pasó, y no voy a renunciar a lo que pienso, algo malo está pasando, lo sabes, pero eres tan...
-Tan, ¿tan que Pandora? ¿Coherente?¿Racional?
-¡No! No me sale la palabra... No quieres creer en lo que no te parece normal. Míranos, estamos en el Cielo, ¿Cuándo estabas vivo creías en todo esto?- él la mira preocupado- Johann, no me puedes decir que todo lo que vi era falso, que me invento cosas. No me puedes decir que estoy loca.



Cada día, Pandora se va a dormir a la casa del bosque, no aguanta la pesadumbre de dormir donde lo hacia, le recordaba al niño, y a lo que pasó.
Despierta, esta somnolienta, mira a su alrededor y recuerda donde esta y lo ocurrido hace días, y que no pudo hacer nada por ninguno. Con una gran pesadumbre, se levanta, dejando caer las mantas que la cubrían, y con lentitud avanza hacia la cocina, donde prepara un cacao.
Unas horas después sale de la casa, decidida a ir a trabajar, se encuentra con Johann.
-Hola Johann, siento lo de ayer, pero no podía soportar el que no me creyeras.

Extrañamente, él no la mira, y cuando lo intenta ella, aparta la mirada.
-¿Ocurre algo?- pregunta Pandora intrigada.
-Pandora, esto no ha sido decisión mía, pero no pude evitarlo.- Pandora no puede evitar ver en su rostro una expresión de culpa y tristeza.
-¿Me puedes decir que pasa?
-Te han suspendido temporalmente, consideran que no estas bien como para seguir trabajando.

Un silencio sepulcral los inunda.
-Pero no te preocupes, tómalo como unas vacaciones, te seguirán considerando un miembro importante, no te echarían nunca.

Ella ya no escuchaba, primero la rebajaban a trabajo de oficina, y luego la suspendían. No lo podía entender, eso había sido su vida, su vida después de la muerte, su trabajo soñado, su paraíso,  y se lo habían destrozado.
-Vete a la mierda.

Se aleja rápidamente, coge el coche y se aleja de allí, sin mirar atrás ni un solo momento, quizás eso habría ayudado cuando una sombra se iba acercando cada vez más al coche, pero Johann no podía decir nada, ya se había ido.


                                                                            .          .          .


Johann esta en un restaurante de la ciudad, desayunando unas tortitas con nata y unos arándanos por encima y un café, mientras mastica, alza la cabeza, y en las noticias, hay una noticia:
"Informamos desde la calle Campo de rosas para comunicaros de un extraño suceso acontecido hace unas horas. Al parecer, un coche de marca y matricula aún desconocidas ha impactado contra un establecimiento, provocando el destrozo de ese lugar y del coche. La noticia no tendría más importancia si no fuera por que en el interior del coche no había nadie ni nada mas que un gran charco de una sustancia negra sin detectar. Según nos han informado las personas que presenciaron el accidente, una mujer de unos dieciocho o veinte años conducía a gran velocidad y, aparentemente, huyendo de una sombra que segundos antes del impacto, alcanzó el coche, dejándolo sin control, y produciendo el choque contra la tienda. Los agentes siguen investigando para obtener mas información acerca esa mujer y la sombra, supuestamente relacionados con el accidente acaecido el día de ayer en los territorios del Señor. Seguiremos informando en cuanto recibamos nuevas noticias."
Tras eso, Johann, asustado, no puede evitar pensar en Pandora y decide llamarla esperando una respuesta y obteniendo lo que más temía, silencio.

Capítulo 1


Capítulo 1

Las casas se alumbran, se llenan de vida, una madre que se levanta a preparar el desayuno, un padre que se va a trabajar, y unos niños, poco impacientes por empezar un nuevo día en la escuela.

El olor a huevos, a tostadas y, en ocasiones, a gofres y tortitas, inundaba todas las calles y recovecos, dando un ambiente acogedor a todo el pueblo.

Es de día, los rayos del sol inciden sobre los árboles, las plantas y las ventanas de las hogareñas casas inundándolas de luz.

Las calles más limpias de lo que se puedan dejar, con las papeleras vacías, las paredes sin pintadas, aquel era un lugar especial, exclusivo. Para llegar a el había que cumplir una serie de condiciones: haber echo buenas acciones, ayudar al prójimo, ser buena persona en el fondo, aunque se hubieran cometido alguna que otra maldad, pero había una condición, una que sin ella, las otras carecían de sentido, y era estar muerto, pues aquel lugar, no era otro que el Cielo.

Era distinto a como querían hacer ver a los demás, era como la tierra, había día y noche, plantas, trabajos, escuela, era como una segunda vida, pero eterna. Cuando llegaban allí, primero les explicaban lo sucedido, aunque a muchos les costaba creerlo, les animaban, tras eso eran evaluados por un comité, que decidía si podía entrar o no. Si eran aceptados, un alma les llevaba a su nuevo hogar, donde se instalarían, y recibirían un trabajo según las habilidades y gustos; si no eran aceptados, irían al Infierno.

Cuando llegabas allí, llegabas tal y como habías muerto, con la misma estatura, peso y edad, y aunque había gente que estaba cómodas con su aspecto físico, otros no, por ello, podías cambiar ligeramente tu imagen y edad.

Las casas eran todas blancas, y con las decoraciones a gusto de cada dueño, también era falsa la denominación de eternidad, allí se podía morir del todo, para siempre, pero era algo complicado. Se vivía feliz, nadie se metía con nadie, ni sufría, no había heridas, ni hospitales, no había gente  que provocara los accidentes, ni había virus. Todo era común, más o menos, había un trabajo del que nadie, de los que llegaban allí arriba, entendía de su existencia. Primero estaban los arcángeles, los encargados de proteger y vigilar la seguridad de las almas; y luego unas personas, no llevaban uniforme, iban como desearan, y podían trabajar en un edifico gris, el único que no era blanco, o en la calle. Unos se clocaban en el interior de los jardines de la casa del Señor, y los otros por fuera.

En una pequeña casa, con las blancas cortinas corridas, unos rayos atraviesan la ventana, dando directamente sobre el rostro de una mujer, ella, molesta, se gira y continúa durmiendo. Un alma se acerca, camina tranquila por la calle, observa como el resto de las almas se van despertando y se empieza a oír bullicio en las casas. El alma avanza, despreocupada, debe ir a trabajar pero su compañera siempre se duerme, aunque no lo entiende, él siempre intenta levantarla. Al final le toca ir hasta su casa a buscarla sabiendo que si no iba en persona, seguiría durmiendo.

Mientras camina, un niño se le acerca, es muy pequeño, este se agacha y lo mira con ternura, a pesar de llevar tantísimos años muerto, le duele el pensar en la muerte de otro ser humano, y más de uno tan pequeño. Se levanta y mira a su alrededor, no parece ver a ninguna mujer, por lo menos no a la primera, entonces ve una silueta, se acerca hasta la verja del terreno del Señor, le parece raro puesto que es guardia secreta suyo y sabe que no recibe visitas tan temprano.

La mujer de la casa se levanta soñolienta, coge sus pantuflas y se las pone torpemente mientras va a la cocina, bosteza y se sirve una taza de café, y lo mete en el microondas, abre la nevera hambrienta pero está prácticamente vacía y la cierra. Entonces se acuerda de que su amiga la había traído el día anterior unas galletas, abre el mueble y busca en su interior, el paquete está a la derecha lo coge y lo abre, eran unas galletas de chocolate, sus favoritas. Se sienta en la mesa y desayuna monótonamente mientras piensa en la regañina que le caerá al llegar al trabajo, no sabía porque pero siempre llegaba tarde. Cuando acaba lo deja en el fregadero y se va a la ducha, tarda unos minutos en ducharse, sale lentamente y va a su habitación de nuevo. Abre el armario y mira, en su interior siempre está la misma ropa, que la recuerda que hace mucho tiempo que no renueva su armario, cada vez que cambia de época, tiene que comprar ropa nueva, y hacia demasiado que no lo hacia. Se viste dispuesta a tener un día tranquilo en el trabajo y volver para acabar otro día de su eterna y monótona vida. Antes se va a al baño y se mira al espejo, no le gusta su cabello, su color es rubio pálido, por debajo del hombro, es sencillo, común. Se lo recoge en una coleta alta y se mira al espejo, un par de pelos caen sobre su cara, se la quita, mirándose al espejo, decide irse así, pero no la ha dado tiempo a lavarse el pelo, así que vuelve a hacérsela, al final lo consigue, aun habiéndosele escapado un par de pelos, coge las llaves, el bolso y su equipo y sale de casa.

Nada más salir de casa se encuentra a su compañero con un niño:
-Pandora, quédate con este niño, creo que una mujer está intentando entrar en Su casa.

Mira al niño, está asustado, pero no sabe qué hacer con él, intenta preguntar a su compañero pero solo le da tiempo a decir una palabra, pues se ha ido corriendo. Espera algún tiempo, con el niño y ella dados de la mano, en la puerta de su casa sin saber que hacer. Al final decide meterlo en su casa, le suelta, y el pequeño se sienta en el sofá. Anda en círculos por el salón, mirándole, era raro, tenia la piel muy blanca, y los ojos y el pelo oscuros, es más, en un momento, habría jurado verle los ojos negros por completo, pero al fijarse mejor, comprobó que se equivocaba. Siguió andando, odiaba estar sin hacer nada, así que, tras decirle al niño, en el ultimo segundo antes de cerrar la puerta, que se va, la cierra con llave y se va decidida a ayudar a su compañero.
Pero la escena que se encuentra no es muy agradable.

Su casa y la del Señor están bastante cercanas, por lo que tarda pocos minutos en alcanzar la verja, al encontrarla abierta, entra lentamente, vigilando cada zona. Detrás de unos arbustos, en una zona mas aislada, hay a una mujer tendida en el césped del jardín mientras se pregunta cómo ha podido entrar mira a su alrededor y descubre que a su lado hay un charco de una sustancia desconocida para ella, negra como el ébano y con una densidad extraña, viscosa.

Asustada mira a todos los lados pero no ve a su compañero por ninguna parte, grita su nombre varias veces. Johann era alguien muy importante para ella, fue la primera alma que conoció, y su primer amigo, es alguien que la apoya y la cuida, y el pensar en perderle se le hacia tan duro, que varias lagrimas resbalaron por su rostro. El viento la azotaba en la cara, golpeándola los mechones de pelo sueltos contra ella mientras una nube cubre todo el lugar, allí extrañamente hacia mal tiempo, así que se empieza a asustar, mucho.

Recorre los jardines, buscando un mínimo rastro suyo, y como de milagro, aparecen los arcángeles, ella suspira aliviada, si ellos están allí, nada malo la puede pasar; recordaba su muerte con amargura y sabía que allí en el Cielo también se podía morir y para siempre, no quería volver a pasar por eso, fue un golpe muy duro, aunque siempre lo es. Sabe que hace falta un juicio para eso, pero también sabe que no es la única forma, y eso es algo que no sabe mucha gente.

Los arcángeles empiezan a cerrar el terreno para que no se acerquen mirones, dado que la gente ya se empezaba a arremolinar, dos de ellos se le acercan.
-¿Podrías decirme lo que ha pasado?-le pregunta el primero

Ella estaba aturdida, no sabía realmente lo que había pasado y no había decidido lo que contar, entonces, sorprendiéndose por haber olvidado algo tan importante, se acordó del niño y de que estaba solo en su casa, antes de que cualquiera de los arcángeles se diera cuenta, sale corriendo hacia su casa.

Entra y mira a todos los lados, pero no encuentra al niño por ninguna parte, estaba mal, muy mal, ¿cómo había podido dejarlo solo? Era muy pequeño...Sin saber lo que le puede haber podido pasar, se sienta en suelo y empieza a llorar. Entonces alguien entra, era su compañero, no sabía cómo había llegado allí, pero estaba algo aliviada, no lo había hecho todo mal, él estaba bien. Tras él entran los arcángeles, y mientras ella les cuenta todo, lo de la mujer y el niño, Johann se le queda mirando, con una expresión que no puede entender. Cuando acaba los arcángeles se dirigen a su compañero y tras decirle algo demasiado bajo como para que ella lo oiga, lo que la hace preocuparse,  se van con la mirada fija en ella. Su compañero se sienta a su lado y la mira.
-¿Qué?- pregunta ella- ¿Qué pasa?
-Pandora, allí no había nadie.

Eso la pilla desprevenida, le mira con el rostro desencajado.
-¿Qué? No. Estaba la mujer, yo la vi, estaba tirada en el suelo, e…esta…estaba muerta.- dijo ella, con la voz entrecortada.
-Allí no había nadie, ni ella ni el charco, además, Pandora, sabes lo difícil que es morir aquí, tiene que haber un juicio para que pueda pasar, no puedes morir sin que ese juicio lo apruebe, ¿cómo se ha podido morir entonces?- pregunta con un tono inquisidor, él pensaba que estaba mintiendo, realmente lo estaba pensando.
-No lo sé Johann, no lo sé, lo único que sé es que estaba allí, y el niño, tampoco estaba, a él lo viste, y ahora no está, ¿me puedes decir que eso tampoco te lo crees?- ella le miraba, no podía decir que se podía morir de otra forma allí, y eso daba un aspecto a su cara de culpabilidad que se podía malinterpretar.
-No diga que no me lo crea, es solo que… Puf, no sé, ¿y el niño? Estaba aquí antes, si lo cerraste todo con llave. ¿Cómo escapó? ¿Cómo?
-Johann, tú viste a esa mujer, ¿en eso tampoco me crees?- pregunta mirándole a los ojos, apunto de romper a llorar
-No Pandora, no vi a nadie, dije que creía que alguien había entrado, pero me recorrí los jardines, y allí no había nadie.

Se quedaron callados un buen rato, ella sabía que no le creía, le mira, se levanta y se va mientras él la sigue con la mirada. Sale a la calle, el viento ha parado,  la gente se ha ido a continuar con sus quehaceres, estaba alterada y no sabía qué hacer, pensaba ir a ver a su amiga, pero con lo razonable que era, le diría lo mismo que Johann.

Estaba triste, ¿habían muerto esas dos personas por su cobardía o por su descuido?
Gracias a la simpatía que tenía con el Señor había conseguido una segunda casa en el bosque, amaba ese lugar, era el único edificio o casa distinta, que no era simplemente blanca, y donde se podía relajar y tranquilizar. Guardando con rapidez en su maleta un par de prendas de ropa, y en su mochila algo de comida, se pone en marcha para su destino.

Ya dentro decide encender la chimenea y se hacerse un chocolate en una taza. Mientras se hacia el chocolate, coge unas mantas y se sienta en el sofá, estaba cómoda, tranquila y sola, a gusto. Todo iba bien hasta que escuchó un ruido extraño que no conocía de nada. No sabía qué hacer, coge su arma especial para no hacer daño, si no dejar inconsciente al enemigo y sale al oscuro bosque, sin nadie que la cubra ni pueda acudir en su ayuda, sola al fin y al cabo.

El bosque era profundo, espeso y oscuro;  había una multitud de árboles, que cubrían el camino impidiendo ver nada más allá. Pandora se adentra en él, aferrando su arma como si de un escudo se tratara.

No se oía nada, y estaba llegando a  la posibilidad de que hubiera sido todo imaginación suya; se relaja y empieza a pasear, algo que hacía con su padre cuando estaba viva, observa de cerca los árboles, y distingue algunos, las pequeñas flores, todas juntas, en grupo, y llega a un descampado, estaba todo lleno de flores, y aspira y espira, se sienta en el suelo y no puede contener una carcajada, como había podido pensar que podía pasar algo malo allí, donde solo pueden entrar los de verdadero buen corazón, sonríe aliviada. Vuelve a la casa y entre toda la angustia del día cae dormida, derrumbada por el cansancio y las grandes emociones de ese día.

Es de noche, y un hombre extrañamente vestido mira por la ventana, con una sonrisa maléfica, entra en la casa, y no puede evitar sentir la tentación de llevarse a aquella mujer consigo; pero después de lo ocurrido esa tarde, no quiere más problemas. Se queda varios minutos observándola, cuando repentinamente recuerda que tiene trabajo en la tierra, debe llevarse abajo a un antiguo compañero de hazañas, aunque antes quiere visitar la tierra para otra cosa, tiene un último antojo que le pilla de paso…

  .       .       .

Una sombra se aleja del pueblo, entrando en un barrio, se para frente una casa, algo apartada de las del resto del barrio, sonríe malévolamente, sabiendo lo que le espera a esa familia.

La casa más apartada tenía unas preciosas vallas blancas, un jardín cuidado, parretes de flores de variados colores, una hamaca situada entre dos grandes árboles, y sobre uno, un intento de casa de árbol, que se queda en un par de tablones colocados sobre las ramas. La casa, un poco más viva, blanca, muy decorada, con enredaderas cubriendo una de las fachadas.

La puerta es de madera, poco cuidada, con un color blanco tirando a beis, quizá por la suciedad acumulada, debían haberla pintado hace bastante tiempo. Tras ella, un descansillo con grandes ventanales al exterior, un mueble bajo lleno de zapatos, y un par de sillas. La puerta principal es blindada, pero cubierta de madera blanca, tras ella, la casa.

Si alguien hubiera pasado por allí en ese preciso instante, habría salido corriendo, al ver que ese ser se introducía en la casa de esa forma tan extraña. Quería ver ese lugar por ultima vez, donde vivió su primera y ultima etapa de vida, donde nació, y donde fue a morir.

El interior está claramente decorado por una mujer, papel de pared en el recibidor, con un motivo de flores rosas, un espejo, blanco, y un armario a su lado, seguramente para abrigos y bolsos. El descansillo lleva a una sala abierta, bastante desnuda teniendo en cuenta que no tiene nada excepto, al final, al lado de una gran escalera, una puerta que seguramente lleve al sótano. El suelo de esa sala es de baldosas, blancas y de un tono marfil, dando un estilo elegante a aquella zona. A la izquierda se encontraba, tras una puerta de madera blanca y con ventanas transparentes en la parte superior, la cocina. La encimera de granito, con colores desde el negro, pasando por el gris hasta el blanco. Una gran nevera de color plata, con dos puertas, en la que lucía una luz, para indicar que la temperatura en el interior de ella era la adecuada. Un lavavajillas, y sobre una parte de la encimera, una cafetera y un microondas. Tenía estanterías en la parte superior, en las que se guardaban los utensilios de cocina; la tostadora, moldes, tuppers, cazos, cazuelas, cacerolas, sartenes…Bajo las encimeras hay cajones, en los que se guardan los platos; llanos, hondos, pequeños, grandes… Bajo uno hay unos cajones, situados uno sobre otro, en los que están los cubiertos, manteles y paños. En otro, los alimentos que no se necesitan conservar en la nevera. En el centro, estaba la mesa con las sillas para el desayuno, y en frente, un mueble en el que se encontraba una pequeña televisión. Era una cocina bastante ordenada.

Desde la misma sala, a la derecha, se encontraba el salón y el comedor, en la parte de delante, el salón, con un mueble, para colocar todas las cosas necesarias, como el reproductor de DVD o los videojuegos, y sobre él, una televisión con un tamaño superior al normal. Los sofás colocados alrededor de la televisión, eran negros, sobre una alfombra negra y blanca, a rayas irregulares. En la parte de detrás estaba el comedor, con una gran mesa blanca y diez sillas rodeándola.

Al lado derecho de las escaleras, hay un pequeño pasillo, que lleva a una estancia más juvenil, el salón de los hijos, al que se accedía mediante una perta, y al lado, un espacio vacío, con un baño, y potra puerta hacia el exterior, que llevaba a un jardín, con una zona de reunión, una mesa, un par de sillas, unas hamacas y en un lado la barbacoa. Todo eso sobre unas baldosas, y enfrente, un césped, verde y muy cuidado, con una piscina monumental, y dos duchas en un lado.

En el piso superior, había un pasillo, visto horizontalmente desde la escalera, pues para acceder a él no hace falta puerta alguna, hay cuatro puertas, dos blancas, una rosa palo y una completamente negra. La puerta grande al final del pasillo es la que tiene  acceso a la habitación principal, donde duermen los padres de la familia que habita aquella casa. Un hombre de mediana edad, con pelo en el que ya parecen las primeras canas, y una mujer, rubia, que a pesar de tener ya sus arrugas, seguía teniendo una cara joven. Con una gran cama de matrimonio, un armario empotrado, un mueble, con cajones para la ropa, y sobre el un televisor, con la pantalla llena de polvo, y una puerta hacia una terraza, con una pequeña mesa blanca redonda y dos sillas.

La otra puerta blanca accede a la habitación de invitados, con dos camas individuales y un armario a un lado.

La puerta rosa llevaba a la habitación de la hija de aquella casa, la pared era de un rosa claro, una lámpara pequeña de estilo araña transparente era la encargada de iluminar la habitación, una puerta llevaba a un vestidor plagado de ropa, en la habitación había una moqueta rosa que la cubría por completo, un par de pequeños sofás, rosas, y entre ambos una mesa blanca. Al lado de la ventana había un escritorio con una silla y en un lado de la pared,  una cama con un precioso dosel que la cubría, una chica, de unos quince o dieciséis años dormía en ella.

La puerta negra llevaba a la habitación del hijo, completamente en contra del estilo suave y dulce que predominaba en la casa, la cama, con unas sábanas negras, un armario, que tenía toda ropa oscura y vaqueros, el escritorio, cubierto de una capa de ropa sucia, hojas arrugadas y platos, muy similar al estado del suelo. En una zona, con un escalón, había un par de sofás, negros, y una guitarra, quizá la única parte del habitación que estaba recogida, las ventanas bajadas daban, si aún fuera posible, un toque más oscuro del que había.

Recorre esa casa, con un recuerdo de su vida allí, hacia tanto tiempo. Al salir, se da la vuelta, para contemplar una última vez aquella casa donde tanto sufrió, y no puede evitar sonreír sabiendo que no será el único.

A las siete, un despertador suena retumbando toda la casa, en la habitación principal, la madre se despierta, y aun adormilada, lo apaga con un rápido movimiento para no despertar a su familia. Se ducha velozmente, se viste y baja a preparar el desayuno. Media hora más tarde, el desayuno está colocado sobre la mesa, tres vasos con zumo de naranja, un café, un par de tostadas, un bol de cereales y un cuenco con frutas.
Tras eso, se decide a ir a levantar a sus hijos, pues sabe que su marido ya está en la ducha, listo para desayunar e irse a trabajar. Despertar a su hija es sencillo, con un tono suave la llama y ella abre los ojos y con una sonrisa le dice a su madre que no se preocupe, que ella se levanta. Al entrar en la habitación de su hijo tropieza y el golpe provoca que su hijo se levante sobresaltado. Ella se levanta torpemente, y acercándose a la cama de su hijo, que se había vuelto a tumbar, provocando otro tropiezo, le dice a su hijo que se prepare.

A las ocho, estaba el padre casi acabando de desayunar, la joven, empezando pero ya lista, y la madre impaciente, por la tardanza de su hijo, sube de nuevo. Llamando a la puerta, y sin ninguna sorpresa por la inexistencia de respuesta, entre en ella, comprobando que su hijo está durmiendo.
-¡KLAUS ABELARD LIBERMAN! ¿ME PUEDES DECIR QUE HACES DURMIENDO CUANDO HACE SIGLOS QUE TE HE DICHO QUE TE LEVANTES?- el grito inunda toda la casa, haciendo que el hijo se levante de inmediato y se introduzca en la ducha.

A las ocho y veinte, está el joven desayunando lo poco que le daba tiempo, mientras su hermana le mete prisa. Salen rápidamente de la casa, para llegar a tiempo las clases, que comenzaban a las ocho y  media.
La chica, entra precipitadamente, y se sorprende al comprobar que el profesor no se encontraba en la clase, siendo ya menos veinticinco. Otra chica se la intenta acercar, pero al final desiste, y la llama:
-¡Astrid!-  grita desde una parte de la clase, que tenía un griterío y descontrol anormal.

 Ella se le acerca rápidamente tras dejar su mochila en el asiento.
-¿Dónde está Don Felipe?-pregunta ella intrigada al oído de su amiga para poder ser escuchada.
-¿Dónde has estado este puente? ¿No te has enterado? Don Felipe ha desaparecido, nadie sabe de él desde el viernes, poco después de que acabaran las clases.
-Hemos ido a una playa preciosa, pero no tenia cobertura, así que nada de internet, ni Whatsapp, ni Twitter, nada- respondió distraída pensando en lo que la acababa de decir su amiga.

 La mira con algo de desconfianza, pero la cara de su amiga no tiene ni rastro de que aquella noticia fuera una broma. Estaba asustada, y ella sabía la gran amistad, algo extraño, que existía entre su amiga y aquel profesor.
La gente continua gritando y formando un alboroto que seguramente acabaría pronto, desde la ventana, se podía ver una figura que observaba la clase, en especial a la joven que acababa de llegar, con un especial interés.
Después de eso, llega la directora y les dice a todos que se sienten y estén callados. Momentos después aparece Don Ramón, para darles la clase restante. El resto del día siguió con normalidad. Y al llegar a su casa, fue directa a la habitación, encendió el ordenador y en Google, escribió  "Desaparición Profesor del instituto IES Los bosques", mientras cargaba se acordó de cuando llego a aquel pueblo, y la dijeron el nombre del instituto, la extrañeza del nombre la sorprendió, pero le gustaba. Instantes después, en la pantalla apareció un artículo de un periódico:

"El pasado viernes, un profesor del centro IES "Los bosques"  situado en Forestwood desapareció misteriosamente. Ese día, había anunciado a sus alumnos que el lunes y martes siguientes no habría clase por una fiesta de esa localidad. Poco tiempo después, su mujer llamó a la policía por una extraña nota recibida en un idioma aún sin identificar. Tras unas preguntas, sosteniéndola inicialmente como principal sospechosa por la rapidez con la que comunicó a la policía la desaparición de su marido, se comprobó que tenía una coartada estable. Desde entonces, se están realizando labores de búsqueda por los alrededores sin resultado alguno."

Astrid leyó el articulo varias veces para asimilar realmente lo que ponía. Tras leerlo una última vez, cerró la página, con un ritmo lento y bajo a la cocina para comer.

Al entrar ve a su madre, sorprendida por que su hija hubiera subido a su habitación en vez de ir directamente a comer, cuando iba a contarle el motivo por el cual no había ido directa y la noticia a su madre, llegó su padre, que se sentó con ambas para comer, no sin antes llamar a su hijo para que bajara a comer. Mientras comían, Astrid les contó lo sucedido con su profesor, que expresan su desacuerdo con que pudiera haberle ocurrido algo, sino que debe haber tenido un problema y no quiso preocupar a su mujer. Al acabar, ayuda a su madre a recoger la mesa pensando en lo que habían dicho sus padres, y en que no se habría ido sin avisar a su mujer y al director. Tras eso sube a su habitación a estudiar y hacer sus deberes sin poder quitar de su mente lo ocurrido.
Tras ese día, el resto del mes fue normal, expulsaron a Klaus dos días por pelearse con otro chico, su padre se enfadó mucho pero nada más. Y no hubo ninguna noticia de su profesor excepto el: "Sigue desaparecido".