Llevaban varias horas en el coche y se empezaban a cansar por lo que deciden parar en una estación de servicio a comer algo y estirar las piernas. Hacía unos kilómetros que habían visto el cartel del pueblo del joven al que buscaban y esperaban llegar antes que los otros, aún que, de todas formas tenían ventaja, ellos sabían que les necesitaban.
Alfred había ido a comprar comida cuando empieza a llover, mirando al cielo por lo rápido que se había nublado, Johann corre a resguardarse bajo el techo. Con una bolsa llena de sándwiches y bebidas, Alfred sale de la tienda justo en el momento en el que un rayo cae sobre el coche. El coche estalla en llamas y sin saber que hacer, y temiendo que al quedarse les descubrieran, salen de allí corriendo.
Tras hacer un largo camino a pie por el borde de la carretera, que con la lluvia se había embarrado, llegan al pueblo, no pueden leer el nombre del cartel porque está destrozado pero el mapa les indica que Brendan estaba allí.
Llegan bien entrada la noche, en las afueras hay un pequeño motel donde deciden pasar la noche para ir más decentes a la casa del chico. En el motel hay un hombre que tenia bastantes primaveras, bebiendo una cerveza , con una caja de pizza medio vacía a su lado y una gran cantidad de cigarrillos en el cenicero, por un momento, Johann no pudo reprimir la idea de que le verían allí arriba bastante pronto.
-¿Queréis algo chicos?- les pregunta con una voz ronca al verles en el umbral de la puerta.
-Si señor, nos gustaría una habitación.- responde Alfred
El hombre los mira con curiosidad, ríe por lo bajo y entra en un despacho tras el mostrador.
-¿Por que se habrá reído?- pregunta Alfred con curiosidad
Johann simplemente le mira con cara de fastidio. Cuando el hombre sale, con una llave en la mano, Johann le llama antes de que suba a indicarles su habitación.
-Perdone, ¿esa habitación tiene dos camas?
El hombre ríe, lo que le provoca un ataque de tos.
-Vaya, pensaba que erais pareja, esperad un momento que voy a por otra llave.
-Que divertido.- dice Alfred tras observarles- ¿Por eso se reía?
-Esto es un pueblo de las afueras, aquí sigue siendo extraño ver a parejas homosexuales.- le cuenta a su amigo.
Suben a su habitación acompañados por el hombre, la habitación no era muy grande, pero lo suficiente para una sola noche, y tenia mejor aspecto de lo que esperaba Johann. Se duchan y cenan, mientras Alfred lee un libro, Johann prepara un guion para su conversación con los padres del chico.
El teléfono les despierta, Johann lo coge y con un tono despectivo pregunta quién es, pero su amigo se adelanta, diciendo que mientras leía, bajó a decirle al hombre que les llamara para despertarles.
No tardan en prepararse, como la noche anterior habían comprado comida no tenían la necesidad de cenar allí, pero no les quedaba nada para el desayuno por lo que bajan al comedor.
-¡Buenos días a todos!-dice Alfred a las personas del comedor mientras saluda a una familia.
Johann, poniendo los ojos en blanco, le agarra por la manga, pidiendo disculpas, y en un susurro le recuerda su trabajo. Desayunan con rapidez y suben a su habitación, pero la puerta está abierta.
-¿Que coño...?- Johann recorre la habitación, que parece haber pasado por un tornado.
-Mierda...-susurra Alfred completamente blanco
-¿Qué ocurre?
Su amigo le mira, pero no puede responder.
-¿¡Qué pasa!?- pregunta esta vez más nervioso
-El mapa no está.
. . .
Astrid abre los ojos despacio, intenta levantarse pero le duele mucho la cabeza y se marea, por lo que vuelve a tumbarse. La luz hace que le duela más la cabeza así que baja la persiana, lo que la permite ver un poco el exterior de donde está. La ventana tiene rejas, desbaratando su idea de escapar, parece que están en una casa, en mitad del bosque supone, porque no hay el más mínimo rastro de vecinos.Se sienta en la cama y observa la de al lado, ahí esta Pandora, piensa, si no la hubiera molestado no estaría en ese apuro con ella y se empieza a sentir culpable. Como no despierta intenta averiguar algo de la habitación, pero es demasiado simple, dos camas, una puerta y una ventana.
Al encontrarse mejor decide volver a subir la persiana, y se apoya viendo a unos pájaros en el árbol de enfrente piar.
-¿Astrid?
La joven se gira y ve a su amiga que se levanta, agarrándose la cabeza y con los ojos cerrados.
-Aish, apaga la luz.-dice, y mientras bajaba la persiana, se tumba de nuevo-¿Qué hacemos aquí?
-No lo se, me he levantado hace unos minutos.
-Señoritas no se preocupen, que si están con nosotros estaréis a salvo.-dice una voz que parece no venir de ninguna parte.
-¿Qué quieres?- preguntan ambas, pero sin obtener respuesta
Buscan micrófonos por toda la habitación pero no encuentran nada, hasta que Pandora ve una pequeña rendija en la puerta. Se acerca y ve que está abierta y hay gente fuera, pero no puede verles.
-Vaya señorita, parece que es usted muy curiosa, debería dejar de cotillear.-dice la voz repentinamente mientras cierra la rendija.
Las chicas se quedan en la cama, esperando a que ocurriera algo. Entonces la puerta se abre, dejando salir a las chicas, Astrid se levanta para salir pero Pandora la agarra de la mano, y con un gesto de la cabeza, la indica que se quedan donde están, al ver que el exterior está oscuro.
Un chico con el pelo negro entra en la habitación, y Astrid se sobresalta; él, con una sonrisa, las empuja para que salgan.
-Me alegra que me recuerdes Astrid. Bueno, soy Duccio, aquella chica de allí, Lia, y ese retrasado de pelo rojo se llama Castiel.
-Ya te he dicho que no me insultes, estúpido.- responde el joven pelirrojo
-Y yo te he dicho otras tantas que no me molestes cuando hablo, y lo acabas de hacer.-responde el anterior
-Tú has empezado incumpliendo las normas de cada uno.
-Si pero al yo ser más importante, la mía lo es igual.
-¿Tú? ¿Más importante?
-Si, yo, millones de veces mejor que tú pedazo de...
-¡Ya está bien!- les interrumpe la chica- Las estáis asustando.
Los chicos las miran, se han ido alejando poco a poco y están prácticamente de nuevo en la habitación.
-Lo sentimos. -dicen a la vez los dos
-Quizá tengas alguna pregunta sobre porque, aparentemente, he quemado tu instituto y a tus amigas.-dice Duccio dirigiéndose hacia Astrid
-¿Perdona?
-Bueno como estuve allí pensé que...
-¡¿COMO QUE APARENTEMENTE!? O SEA, QUEMAS EL INSTITUTO, MATAS A UN MONTON DE GENTE, MATAS A MIS AMIGAS, Y AHORA ME SECUESTRAS, ¿Y DICES QUE SI TENGO ALGUNA PREGUNTA? PUES SI, TENGO UNA, ¿TÚ ERES GILIPOLLAS?
-grita Astrid, con la cara completamente roja.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.-el pelirrojo ha roto en risa, cayendo al suelo, y con problemas para respirar- ¿Él? Él no ha provocado ningún incendio, es incapaz de matar una mosca, y mira que es raro, teníamos ordenes de no intervenir y allí fue, a ayudaros. No, créeme, él no fue.
-No entiendo, si él no provocó los incendios, ¿quién fue? -pregunta Astrid confundida
-A decir verdad, el incendio de tu instituto si fue, en parte culpa mía.-le cuenta
-Pero a ver, vosotros qué sois, ¿tontos?- interviene Pandora, que había estado apartada
-Eh, tampoco hace falta ponerse así.-le responde Castiel, que ha cambiado de expresión con rapidez
-Te lo explico todo, pero siéntate.
Lia, que había estado al margen hasta ese momento desde la discusión, las acompaña a una sala, donde hay algo de comida y bebida, las chicas, que no habían comido nada desde la pelea, se abalanzan sobre los platos mientras esperan una explicación de Duccio.
-Dios esto va a ser difícil sin decir quienes son.-le dice a Lia por lo bajo
-No se, quizás haya llegado el momento. Ni el de arriba ni el de abajo se lo van a decir por un motivo u otro, así que, si se lo contamos puede que confíen más en nosotros, al entrar han dudado si comer o no.
-Puede que tengas razón. Y otra cosa, controla mejor a Castiel, ya que sois amigos, me saca de quicio.
-Tú le has buscado las cosquillas Duc.
Ambos se acomodan, Duccio evitando un leve contacto, ya sea físico o visual. Lia, con una sonrisa, trae a las chicas una bandeja con pastas y galletas al ver que han acabado con lo otro.
-A ver, yo soy Duccio y...
-Jajajajaja, ¿no me digas? Eso ya se lo has dicho, no tenemos tiempo Duc, aligera anda.
-Como iba diciendo antes de que me interrumpieran...- dice mirando a Castiel- Soy Duc, yo tengo, supuestamente, 17 años, al igual que Lia y Castiel. Pero nosotros no somos como tú Astrid, y Pandora tampoco, aunque ella no es tan como nosotros, vamos que es un poco como nosotros pero casi nada como tú, aunque antes los cuatro éramos como tú, bueno me refiero...
-A ver que este lento se enrolla. Nosotros cuatro, incluyendo a Pandora, estamos muertos, ella es un angelito, y nosotros somos viles demonios que al ver lo que hacían allí abajo, conseguimos, no me preguntes como que te veo venir, escapar.
-Castiel eres idiota.-dice esta vez, Lia
-No os asustéis, vale, lo que ha dicho es verdad. Estábamos en el Infierno, allí enseñan a luchar y a que ellos son los buenos, un día, nosotros que éramos los mejores junto con otros pocos, fuimos enviados a una misión, teníamos que matarte. Sabían como eras y que estarías de las primeras en tu examen, nosotros solo teníamos que quemar el centro, pero los encargados de prenderle fuego no fuimos nosotros tres. Al salir vimos todo, la gente gritando de dolor, y vi a tu amiga, me pareció muy graciosa, con el pelo morado, y las trenzas, parecía tan inocente... Me sentí muy, muy mal, así que intenté que parara, pero no pude. Huimos de allí, y enviaron a alguien a buscarnos, al estar allí nos hicimos dependientes y eso hace que se nos pueda rastrear, con el tiempo se irá, los que os atacaron, iban a por nosotros.
-...
-Entiendo que no digas nada pero...
-¡SOCORROOOO!- Astrid sale corriendo
Recorre toda la casa, pero no encuentra salida, al final una puerta abierta la lleva a unas escaleras, la atranca con una silla y sube. Ya allí se encierra en el baño y cierra con pestillo.
Duccio, Lia y Pandora, que había empezado a recordar parte de su vida y gracias a lo que contaron se despejó del todo, van en su busca mientras Castiel se queda allí, casi sin poder respirar de la risa.
Cuando por fin saben donde está, consiguen traspasar la puerta ya que Castiel, que se había recuperado de su ataque de risa, la había tirado abajo. Pero no pueden pasar la del baño, ni con la fuerza ni convenciendo a Astrid de que la abriera diciendo ella, que eran unos satánicos que la querían sacrificar, esto provoca que Castiel ría de nuevo, y mientras Lia y Pandora intentan convencerla, Duccio va al sótano a por algo... o alguien.
. . .
Klaus despierta por un ruido, abre los ojos con cuidado, y se encuentra a Gareth en frente suyo.
-Te importaría alejarte un poco, me has asustado.
-Bueno, como aún eres medio humano, creí que habías muerto.
-Tú estas muerto.
-También es verdad...-mientras le indica con la cabeza que se vista, recorre la habitación, mirando a Marianne y a Altaír- Date prisa que no tengo todo el día.
El chico se viste con rapidez, va al baño y se lava la cara, le gustaría darse una ducha pero tiene el presentimiento de que si mete un pie ahí dentro, Gareth se lo corta.
-¿A dónde vamos?-pregunta ya después de andar un rato por los pasillos
-Primero a desayunar, luego a entrenarte. Si te vas a enfrentar a tu hermana necesitas entrenamiento.
-Creo que no conoces a mi hermana, dudo que pueda conmigo.
-Primero, ya viste lo que hizo, y segundo, de la misma manera que tú nos tienes a nosotros, ella tiene a gente de su lado.
Tras desayunar, demasiado rápido para el gusto de Klaus, van a toda prisa a una sala en la que no había entrenado nunca. Es grande, con las paredes rojas, hay salas separadas y en la principal hay muchas cosas que no había visto nunca. Gareth le acompaña a una zona, dentro de la sala principal, más apartada.
-¿Ves eso?- sin esperar respuesta alguna sigue hablando- Lanza rayos, es lo que usan allí arriba de ataque, nosotros usamos una máquina que te electrocuta un poco, depende del nivel que se use te deja inconsciente o simplemente te hace caer. Hay más cosas claro, pero aún no las vas a usar.- coge un
mando extraño y se lo da a Klaus- Juega a la diana, no es difícil, cuando lo tengas claro, te enseñaremos a defenderte.
Con el tiempo, la relación entre Klaus y Bastian se hace más, y más tensa, un día, ambos hartos del otro, acabaron pegándose, Altaír no estaba, fue Marianne a separarlos, y a uno, no se supo quien, se le fue la mano y la dio. Desde ese momento, Klaus le ignora, a pesar de que los ataques verbales se acentúan.
Una mañana, después del entrenamiento, salió por otra puerta dado que la que usaba normalmente estaba bloqueada. El pasillo estaba oscuro y las paredes eran negras, al final del todo había un ascensor, por un momento medita si subir o no, pero cuando ve que solo va hacía abajo, decide dar la vuelta y un puñetazo le da en todo el estómago, Klaus cae de rodillas al suelo, y una patada en la espalda lo hace caer del todo, tumbado, agarrándose el vientre, alguien le agarra del pelo y le golpea la cara contra el suelo mientras otra persona le da otro puñetazo en el rostro. Tendido en el suelo puede ver como dos personas se alejan riendo con rapidez de allí, y le dejan malherido en el suelo.
-Te digo yo que no Altaír. Klaus tenía que haber vuelto hace mucho tiempo, tenemos que ir a buscarle o avisar a Gareth.-le dice Marianne preocupada a su amigo
-¿Y eso no tiene que ver con que últimamente vaya con una chica muy guapa?
-No.-dice cortante su amiga
Al ver la expresión de preocupación en el gesto de Marianne, se levanta y van juntos a la sala donde entrenaba su amigo, pero allí no estaba, un poco más alejado había un hombre muy musculoso y al que Altaír parecía conocer.
-¡Peluchín! ¿Qué podrías estar haciendo tu aquí? Con lo poco que te gusta entrenarte a ti.
-No me gustan tus motes, además no veo relación de mi aspecto físico con un peluche.
-Lo digo para molestarte, si no, no sería un buen mote. No me llaman el Rey de los motes por nada, ¿sabes?
-A ti nadie te llama así.-dice Marianne riendo- Hola, yo soy Marianne.
-Yo soy...-hace un ruido raro pues durante toda la conversación había estado levantando pesas- Yo soy Tyler.
-Disculpa si te molestamos Tyler, pero estamos buscando a nuestro amigo, estaba aquí entrenando pero ya hace rato que tenía que haber vuelto.
-Solo he visto a una persona en toda la mañana, vino con Gareth, si es él, fui a comer algo a la sala de al lado y cuando volví ya no estaba, y eso pasó hace una hora y algo.
-¿Le has visto salir? Hemos preguntado al vigilante y dice que solo le ha visto entrar, pero que fue al lavabo un momento, no sabemos si ha salido por ahí o que.
-Ya he dicho que desapareció cuando volví, pero si no salió por ahí, al final hay un hueco para principiantes, en una esquina hay otra puerta, pero esa lleva al submundo, no creo que sea tan estúpido.
-Él es nuevo.- dice mientras sale corriendo hacia la puerta
-Muchas gracias Peluchín.-dice Altaír antes de irse corriendo tras ella
El pasillo estaba tan oscuro como había estado antes, Marianne busca por las paredes algo para dar luz, de repente las antorchas se encienden.
-Solo había que pulsar este botón.-dice Altaír al ver a su amiga sorprendida
El pasillo era largo, y se giraba mucho, no sabían lo que se podían encontrar hasta que llegaron a una puerta cerrada, los dos intentaron abrirla pero no podían. Se quedaron allí sin saber que hacer, entonces Marianne alza la cabeza y ve un cartel: "Ascensor a los Infiernos", ambos amigos se miran asustados, temiendo que, al no haber luz, haya conseguido pasar y sin saberlo, haber bajado allí abajo.
Una mano agarra el hombro de los dos, haciendo que griten.
-Tyler ha venido a avisarme, apartad que abro.
Coge una llave y la puerta se abre, la oscuridad tras la puerta es demasiado acentuada, y el miedo se palpaba en el ambiente. Con Gareth en cabeza, seguido por Tyler, Marianne y Altaír, caminan en fila india hasta que Gareth para de golpe, todos se chocan y Altaír se cae al suelo, haciendo que Tyler pegue una carcajada fortísima. Gareth les aparta y se acerca al suelo, y le ve, inconsciente en el suelo.
Le llevan a la zona de enfermería, afortunadamente no tenía nada roto, pero su aspecto era muy indeseable.
Horas después empieza a despertar y Tyler va a buscar a Gareth mientras sus amigos se quedan cuidándole.
-Klaus...-susurra Marianne- ¿Qué tal estas?
-Esta maravillosamente, ¿no le ves?-dice Altaír con sorna
-Eres idiota.
-Eh... Tranquilos, yo e-estoy mejor que cuando me dieron.-consigue decir con dificultades
-¿Pero quién te lo ha echo? ¿y cómo ha pasado?-pregunta preocupada su amiga
-No se, cuando acabe de entrenar, fui a salir de allí pero la maldita puerta estaba como atrancada. Recordé que había otra, fui para ese otro lado, caminé y caminé y llegué al ascensor, como solo bajaba me di la vuelta para volver y me pegaron...-le costaba hablar y lo dijo todo con lentitud- ¿Creéis que han sido Bastian y sus amigos?
-No. -dice de pronto Gareth, que ha aparecido con Tyler- Él se ha ido a una misión, Azazel le dio otra oportunidad, mandaron a varios así que sus amigos más cercanos, los únicos que podrían haber hecho eso por él no están.
-Entonces... ¿Quién ha sido?