martes, 6 de mayo de 2014

Capítulo 2

Capítulo 2


Pandora se levanta adormilada, esos días debe haber mucho trabajo allí arriba; una gran sequía azota gran parte del planeta. Odia hacer el papeleo, a ella le gusta el trabajo de la calle, pero han decidido que no estaría preparada para salir. 
Ha estado un par de días de descanso en su chalet del bosque, pero sabiendo que estaba lejos de su trabajo, y al odiar madrugar, el día anterior volvió a su casa.
Se levanta con una desgana poco común en ella, le gusta dormir, pero también adora su trabajo. Se ducha con gran lentitud, y al ir a ponerse su ropa, recuerda que está en la oficina, no puede ponerse su ropa, tiene que ir con ropa formal, porque aunque no lleven uniforme, en ese lugar hay que ir vestido con traje. Con una expresión de auténtico desprecio, recuerda que tiene un traje de chaqueta y falda escondido al fondo del armario, por lo que se estira para cogerlo. Al verlo, recuerda porque lo dejo allí, era un traje horrible, rosa salmón con bordados en los lados, busca unas medias claras y una camisa blanca y se viste.
Son las ocho y cuarto por lo que aún queda bastante hasta tener que irse, lo único bueno de su nuevo trabajo temporal es que entra a las nueve y tiene más tiempo.
Abre la nevera y coge la leche, mientras se prepara un café, alguien llama repetidas veces a la puerta rítmicamente y ella sabe perfectamente quien es:
-¡Dory! Deja de llamar y pasa de una vez. –grita.
 Una joven de cerca de dieciocho años entra con una sonrisa, que pasa a una risa que la deja sin aliento.
-¿¡Pero que llevas puesto!? -pregunta con la voz entrecortada por la risa.
-Sabes perfectamente que estos días estoy en oficina y no tengo ninguna prenda de ropa más formal que esto. -dice con un tono de medio desprecio y broma.
 Se sientan juntas a desayunar mientras se cuentan lo ocurrido los últimos días que Pandora no estuvo sin percatarse de que alguien las ha estado espiando desde la ventana, un pequeño niño que, con una expresión maléfica huye de allí sin dejar el más mínimo rastro.


.          .          .

Ese día era muy importante para Astrid, tenía el último examen de esa evaluación, y era de una asignatura que odiaba, lengua. Ella odiaba las letras, quería estudiar medicina, pero a pesar de ello, adoraba las clases de literatura.
Se levantó extrañada de que su madre no hubiera subido a despertarla, hizo la cama con tranquilidad, y fue a ducharse. Solo al volver a su habitación para vestirse se fijó en la hora. Se le heló la sangre, miro varias veces no sin dudar realmente de la hora, cuando reaccionó, fue corriendo a despertar a sus padres, que seguían durmiendo.
-¡MAMÁ! ¡PAPÁ!- gritaba mientras les zarandeaba - ¡DESPERTAD!

Su madre se despertó, con legañas en los ojos, y mirándola con extrañeza le preguntó que ocurría para que entrara de esa forma a su habitación.
-Mamá, por el amor de Dios, te has dormido, son las ocho. – dijo ella, casi llorando.

Su madre no reacciona durante unos instantes, hasta que se levanta con lentitud y coge el reloj, mirándolo incrédula y se percata de la hora que era.
La casa cogió un ritmo rápido, el padre se vestía con una rapidez olímpica, mientras, la madre preparaba el coche, aunque no conducía hace mucho, no iba a permitir que sus hijos, y sobre todo Astrid por su examen, llegaran tarde a clase.

Cuando Astrid y Klaus, subieron al coche, la madre arrancó y condujo velozmente hasta el instituto. Klaus no quería ir, se le veía en el rostro; en cambio, Astrid tenía unas grandes ganas de llegar, eran muy distintos, y no solo en personalidad, el físico también, ella era la típica niña de barrio bien, pelo rubio, ojos azules, tenía una estatura normal tirando a alta, y su peso era el adecuado, siempre llevaba ropa de colores claros, y era muy dulce; Klaus, en cambio, tenía el pelo negro, como el carbón, los ojos iguales, era extremadamente alto, y estaba un poco delgado y, cosa que su madre odiaba, siempre vestía de negro, nunca desde que sus padres le elegían la ropa llevaba un color distinto y, en ocasiones, se ridiculizaba de su propia familia, en lo único que se parecían era el color de la piel, los dos eran muy pálidos, casi como si tuvieran la piel blanca, algo extraño debido al hecho de que sus padres tenían la piel con bastante más color.

El coche iba a una gran velocidad, cuando estaban llegando, la madre coge mal una curva y por la velocidad a la que iba, el coche se sale de la carretera. No recibe ningún golpe, y en el coche están todos en silencio, hasta que Astrid no puede lo puede evitar:
-Mamá, entiendo que ahora no quieras seguir conduciendo, pero Klaus y yo vamos a llegar tarde, si no vas a seguir conduciendo, deberíamos ir andando lo que queda de camino.

Su madre la mira incrédula, no puede creer la poca consideración que estaba teniendo su hija, porque estaba segura que recordaba el accidente que sufrió, y que casi provoca su muerte. Mientras Astrid mira a su madre con una expresión de angustia, Klaus se desabrocha el cinturón y sale del vehículo:
-Mamá, que se vaya Astrid andando, yo te llevo a casa, ¿te parece mejor idea?- y fue algo que dijo con la mejor intención del mundo, y sin el propósito de faltar a clase.

Estaba claro que ese día era bastante extraño, pero ella no dice que no, así que mientras Astrid sale del coche para ir al instituto, su hermano se coloca en el asiento del conductor para llevar a casa a su madre.

Aquel día hacía un calor sofocante, el viento era seco, no provocaba alivio, y le azotaba el cabello. Las calles estaban llenas de polvo, como una arena rojiza. Cuanto más se acercaba, más ruido había, y más se preguntaba que estaría pasando.
Al llegar, la escena sorprendió a Astrid enormemente, todo el mundo estaba fuera, el instituto estaba en llamas, aunque ya estaban casi extendidas. Había mucho movimiento, y ella estaba muy asustada. No sabía qué hacer, si irse o preguntar. Cuando se iba a ir, ve a su amiga, a la que se acerca corriendo:
-Cova, ¿Qué ha pasado?

Su amiga la mira con una cara de auténtico terror.
-Astrid… -casi no puede decir palabra, casi llorando- Estábamos en clase, Doña Elvira nos estaba dando clase, entonces alguien grito, venia de fuera. Doña Elvira salió para ver que era, hubo gente que se levantó a mirar… Ahora se arrepienten.

No pudo contener las lágrimas, y empezaron a caer por sus mejillas a borbotones.
-Cova… -fue un susurro, pero ella pudo escucharlo, porque, tras eso, levanta la cara para continuar.
-Era un chico, aún no saben quién era. Pero no, es que, estaba en llamas.

Astrid se la queda mirando, incrédula, ¿cómo había podido incendiarse?
-Astrid –su amiga la llama sabiendo el duro golpe que acababa de recibir-. Todo el instituto estaba en llamas, el humo entró en la clase, y la gente empezó toser, alguien intento abrir una ventana pero la profesora dijo que si hacia eso avivaría el fuego, así que cogimos unos paños mojados con agua de su botella y nos los pusimos en la cara. Intentamos salir, creo… creo que aún queda gente de clase dentro Astrid. Tengo miedo de lo que les pueda pasar. Pero no solo nuestra clase, cuando salimos, había clases destrozadas por las llamas, Doña Elvira nos dijo que no miráramos, pero yo lo hice Astrid. ¡Yo lo hice! Y dentro, había chicos quemados, estaban muertos.

En ese momento empezó a llorar, mucho, pero Astrid no reaccionaba. No podía pensar, ¿y la alarma de incendios? ¿Cómo es que no sonó? Muchas preguntas rondaban su cabeza, pero no podía responder ninguna. Entonces se gira, y ve a un chico que no había visto nunca, la estaba mirando fijamente. Tenía miedo, su aspecto daba miedo, era parecido al de su hermano, pero más extremo. Sus ojos eran claros, de un color extraño, su piel no era clara, era completamente blanca, parecía un muerto. Y su pelo era castaño claro, a pesar de eso, iba de oscuro, tenía un tatuaje en el brazo derecho que lo cubría por completo, eran unas letras, pero no sabia lo que ponía, no conocía ese idioma. Ella no paraba de mirarle, y él no apartaba la vista.  Se empezaba a sentir incomoda, entonces aparta la mirada, y ve a su profesora consolando a Cova, decidida a ir con ella, al recordar al chico, piensa en hablar con él, pero al volver la vista atrás no está, lo busca pero no lo ve por ningún lado, así que se va con su amiga, ignorando el peligro que le supone la persona que acaba de conocer.

En la casa de Astrid se oyen risas, ella esta con su amiga, y tenía una sonrisa, pero se veía tristeza en sus ojos. Astrid ha decidido que se debería quedar en su casa para consolarla, aunque en su habitación.
Ese día, al llegar, fue de inmediato a contarle todo lo ocurrido a su madre, pero ella estaba distante, parecía decepcionada, así que, con un poco de culpabilidad, abandona la cocina, sin dirigir una palabra a su madre.


                                 .           .           .

 
 -¿¡Y que quieres que haga Johann!? Yo les vi y no les pude salvar. Se lo que pasó, y no voy a renunciar a lo que pienso, algo malo está pasando, lo sabes, pero eres tan...
-Tan, ¿tan que Pandora? ¿Coherente?¿Racional?
-¡No! No me sale la palabra... No quieres creer en lo que no te parece normal. Míranos, estamos en el Cielo, ¿Cuándo estabas vivo creías en todo esto?- él la mira preocupado- Johann, no me puedes decir que todo lo que vi era falso, que me invento cosas. No me puedes decir que estoy loca.



Cada día, Pandora se va a dormir a la casa del bosque, no aguanta la pesadumbre de dormir donde lo hacia, le recordaba al niño, y a lo que pasó.
Despierta, esta somnolienta, mira a su alrededor y recuerda donde esta y lo ocurrido hace días, y que no pudo hacer nada por ninguno. Con una gran pesadumbre, se levanta, dejando caer las mantas que la cubrían, y con lentitud avanza hacia la cocina, donde prepara un cacao.
Unas horas después sale de la casa, decidida a ir a trabajar, se encuentra con Johann.
-Hola Johann, siento lo de ayer, pero no podía soportar el que no me creyeras.

Extrañamente, él no la mira, y cuando lo intenta ella, aparta la mirada.
-¿Ocurre algo?- pregunta Pandora intrigada.
-Pandora, esto no ha sido decisión mía, pero no pude evitarlo.- Pandora no puede evitar ver en su rostro una expresión de culpa y tristeza.
-¿Me puedes decir que pasa?
-Te han suspendido temporalmente, consideran que no estas bien como para seguir trabajando.

Un silencio sepulcral los inunda.
-Pero no te preocupes, tómalo como unas vacaciones, te seguirán considerando un miembro importante, no te echarían nunca.

Ella ya no escuchaba, primero la rebajaban a trabajo de oficina, y luego la suspendían. No lo podía entender, eso había sido su vida, su vida después de la muerte, su trabajo soñado, su paraíso,  y se lo habían destrozado.
-Vete a la mierda.

Se aleja rápidamente, coge el coche y se aleja de allí, sin mirar atrás ni un solo momento, quizás eso habría ayudado cuando una sombra se iba acercando cada vez más al coche, pero Johann no podía decir nada, ya se había ido.


                                                                            .          .          .


Johann esta en un restaurante de la ciudad, desayunando unas tortitas con nata y unos arándanos por encima y un café, mientras mastica, alza la cabeza, y en las noticias, hay una noticia:
"Informamos desde la calle Campo de rosas para comunicaros de un extraño suceso acontecido hace unas horas. Al parecer, un coche de marca y matricula aún desconocidas ha impactado contra un establecimiento, provocando el destrozo de ese lugar y del coche. La noticia no tendría más importancia si no fuera por que en el interior del coche no había nadie ni nada mas que un gran charco de una sustancia negra sin detectar. Según nos han informado las personas que presenciaron el accidente, una mujer de unos dieciocho o veinte años conducía a gran velocidad y, aparentemente, huyendo de una sombra que segundos antes del impacto, alcanzó el coche, dejándolo sin control, y produciendo el choque contra la tienda. Los agentes siguen investigando para obtener mas información acerca esa mujer y la sombra, supuestamente relacionados con el accidente acaecido el día de ayer en los territorios del Señor. Seguiremos informando en cuanto recibamos nuevas noticias."
Tras eso, Johann, asustado, no puede evitar pensar en Pandora y decide llamarla esperando una respuesta y obteniendo lo que más temía, silencio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario