Una mujer está tirada en la calle, la gente que camina a su alrededor, acostumbrada a vagabundos y yonkis, la ignoran, obviando que esa mujer se estremece y se encoge de dolor y frio. Abre los ojos con cuidado, pero la cantidad de luz la deslumbra y los cierra de nuevo con rapidez. Al abrirlos otra vez, empieza a habituarse a la luz, observa el entorno en el que se encuentra y se asusta; está en una gran ciudad, con mucha gente, no sabe donde, no como ha acabado allí, y lo peor de todo, no sabe quien es.
. . .
Ella había acabado de hacer la maleta el día anterior. Se levantó emocionada, hizo la cama con rapidez y se introdujo en la ducha.
Mientras, en la habitación de Klaus, un móvil sonaba constantemente; con el tiempo, el sonido de la vibración le despierta, y con los ojos medio cerrados, mira a su alrededor sin saber de donde salía ese sonido tan molesto. Cuando por fin descubre que era su móvil habían dejado de llamar, mira el registro de llamadas, aún medio dormido, para ver el numero desde el cual le habían estado llamando:
-Ocho y veintitrés, numero privado; ocho y diecinueve, número privado; ocho y doce, numero privado. ¿Quién coño me ha estado llamando toda la noche?- dice mientras sigue mirando, cuando llega a la primera llamada, se da cuenta de las veces que le han llamado- La hostia, ochenta y siete llamadas, y la primera a las doce, ¿pero quién es el retrasado que esta haciendo esto?
Instantes después, el móvil vuelve a sonar, y esta vez, con una gran rapidez, coge le móvil y responde.
-¿¡Quien eres!?
-...
No se oye nada tras el teléfono, excepto un ruido, como de chimenea.
-Escúchame graciosillo, y lo voy a decir solo una vez, como me vuelvas a llamar y a despertar, te juro que te voy a encontrar y te vas a tragar los dientes. ¿Te ha quedado claro?
Un pitido extremadamente fuerte salió del móvil, haciendo que el chico lo tire al suelo, para taparse las orejas. Tras unos segundos deja de sonar, y entonces lo recoge del suelo, y una voz, de hombre, empezó a hablar, Klaus no reconocía ese idioma y empezó a asustarse de verdad, por lo que colgó el móvil con rapidez y lo apagó, dejándolo con cuidado en la mesilla, y volviendo a dormir.
Astrid baja las escaleras con la maleta y la deja en el recibidor, mientras se va a desayunar, escucha a su padre entrar en la cocina.
-Hola cariño, ¿qué tal? ¿tienes ya todo listo no? En quince minutos nos vamos.
-Si papa- le mira durante unos instantes hasta que por fin pregunta- ¿Va a venir mama a despedirse?
Su padre la mira, sin saber bien que decir, y el silencio es la respuesta. Cuando acaba de desayunar recoge su vaso y lo deja en el fregadero, sale de la cocina y ve a su padre cogiendo la maleta para meterla en el coche. Ella sale primero, sentándose en el asiento de atrás, adora el asiento de atrás, tiene los cristales tintados, así que si se dormía, nadie la podía ver. Su padre se sienta y arranca el coche, en menos de media hora ya se encontraban allí. Saca la maleta y se la da, ella la deja allí, al ver a su amiga, sale corriendo hacia ella.
-Cova- la llama para que se gire- ¿Qué tal? ¿Estas nerviosa?
-Un poco, el bosque no me gusta mucho, y las cabañas son de cuatro ¿sabes? ¿Con quien nos ponemos?
-Pues no lo había pensado. Se lo podemos decir a Sophia y a Carol.
-No, ellas ya tienen cabaña.- respondió apartando la mirada con un leve gesto de desprecio
-Mierda, pues...
-Chicas, no os preocupéis, yo cuando era niño fui mil veces de colonias al bosque y era genial- las amigas le miraron algo aliviadas- Oye Astrid me tengo que irme al trabajo. Pasáoslo bien- se despidió de ambas
El viaje en autobús fue bastante aburrido para las chicas, con la gran mayoría de la gente dormida, ellas se durmieron también. Al llegar a su destino se fueron despertando todos poco a poco y se sorprendieron al ver que era bien entrada la noche.
-Chicos, como ibais prácticamente todos dormidos no quisimos despertaros, tuvimos un problema, nos confundimos de desvío y nos perdimos durante bastante tiempo. Ahora quiero que cojáis vuestras maletas mientras hablo con el gerente y os iremos dando las llaves de las habitaciones.
Rápidamente todos salieron del autobús, sacaron sus maletas y esperaron fuera. Estaban en mitad del bosque, lleno de arboles, por algún lugar se oía el correr de un riachuelo; había un gran edificio en una plaza, donde estaban esperando, en el medio, un pozo bastante viejo y aparentemente sin usar. Todo el suelo estaba asfaltado con piedras, lo que lo hacia todo más campestre. Por un camino hacia abajo, vieron otro edificio, mas pequeño y a su lado, un terreno de césped con un lugar para proteger la leña de la lluvia y hacer un fuego. La profesora salió con el gerente y mientras les inscribía en un papel, la profesora les indicaba en que cabaña se iban a alojar. Las cabañas eran redondas y con el techo en punta y de paja, la fachada era de piedras, bastante rudimentario. Cuando les llegó el turno a las chicas, dijeron que no tenían más compañeras y por suerte para ellas, la profesora encontró otras dos chicas para la cabaña.
Su cabaña estaba más apartada. Se llegaba yendo por un camino y bajando unas rudimentarias escaleras, llegabas a una zona del bosque, y allí estaba, con un montón de arboles a su alrededor, y pasando por debajo de unos que formaban un agujero, se llegaba a un lago, a una pequeña parte de él. Si seguías bajando las escaleras encontrabas otra cabaña, esta no tenia tanto árbol frente a ella, pero si tenia el lago al lado; no sabían quien estaba en esa así que esperaban poder dormir en paz.
Cuando entraron quedaron maravilladas, en el exterior hacia un calor sofocante a pesar de que fuera de noche, pero allí dentro, al ser de piedra, guardaba bien la temperatura y se estaba muy bien. Las camas eran dos literas y las chicas se pusieron en las que estaban mas alejadas de la puerta, deshicieron su maleta y salieron para ir a cenar.
El día siguiente tenían que estar en la plaza a las diez para empezar las actividades; la primera era mitad del grupo escalada y la otra mitad montar a caballo, más tarde se cambiarían. Astrid y Cova se fueron con el grupo para montar a caballo; cuando el señor los fue sacando, iba contando unas normas que debían cumplir, no dejarles adelantar ni pararse a comer porque estaban colocados estratégicamente. Fue un paseo muy relajante para todos y cuando acabaron se fueron a escalar. Hubo unos cuantos, entre ellos Astrid que no escalaron, algunos porque no se veían con fuerzas, pero la gran mayoría por el vértigo.
El resto de los días fue corriente; hicieron piragüismo, tiro con arco, rappel, rafting... El último día era búsqueda del tesoro, les daban un papel con pistas que los llevaría a un sitio y tenían que apuntar en otro papel unas palabras que encontrarían en cada lugar. Se hicieron cuatro grupos, y empezaron inmediatamente; cuando llegaron a una de las ultimas pistas, en mitad del bosque, Astrid se alejó un poco creyendo ver la palabra. Entonces empezó a escuchar chispas, como el ruido de una chimenea, se giró y había una zona del bosque en llamas. No sabia donde estaban sus amigas, y Cova, preocupada por ella y acordándose del incendio, intentó entrar en una zona que no estaba aún cubierta por las llamas. Y ahí estaban, sus tres amigas, calcinadas por el fuego. Cayó al suelo sollozando, no podía levantar la mirada, cada vez que lo hacia, las veía con los cuerpos completamente destrozados; entonces, cuando empezó a creer que las llamas se acercaban peligrosamente le vio. Era el mismo chico que el del incendio en su instituto.
-¡Tú! Todo esto lo has echo tú, ¿verdad? Tu provocaste el incendio en mi escuela y has provocado este. Eres un asqueroso asesino.
Él no responde, se limita a mirarla y sonreír. Desvía la mirada hacia su amiga, estaba viva, se movía, llorando de dolor; el joven se acerca lentamente, la toca el cuello y mira a Astrid. El calor la esta haciendo marearse y por ello, al intentar levantarse para ayudar a su amiga se marea y cae al suelo inconsciente.
. . .
Cuando desesperado iba a volver a casa esperando que sus padres se creyeran su mentira ve a alguien o algo negro adentrándose en el bosque y meditando si seguirle o no corre en su búsqueda con la esperanza de que hubiera visto a quien se llevó la moto o de que hubiera sido él y darle su merecido. Conforme se adentraban ambos en el bosque, este se volvía a cada momento más oscuro hasta que llegaron a un momento que no se veía prácticamente nada y Klaus decidió darse la vuelta y volver atrás, pero ya era demasiado tarde.
-Bueno días Klaus. ¿Te parece que hablemos un minuto?- se oyó una voz lejana
-¿Como sabes mi nombre?- preguntó el chico asustado
-Se muchas cosas de ti Klaus. Pero tenemos que hablar de un tema muy importante y es por ello que quiero que te acerques y conversemos tranquilamente, ¿te parece bien?
-¿De que quieres hablar?- seguía preguntando el chico mientras se acercaba
-Bueno, si quieres empezamos por las presentaciones, ¿no?- dijo cuando por fin, el joven se había acercado del todo- Mi nombre es Gareth- se presentaba mientras le tendía la mano para saludarse.
En el mismo instante en el que se tocaron, una gran masa de humo les cubrió y tras unos instantes aparecieron en una habitación de piedra roja, sin ventanas, y con una chimenea alumbrándola, dando aun más tono rojo a la sala. El hombre estaba sentado en una silla negra, con una mesa delante e indicándole que se sentara en la silla de enfrente.
-¿Donde estamos? ¿Cómo hemos llegado aquí?
-Bueno, reconozco que esas preguntas te las tengo que responder, pero yo iba primero. ¿verdad?- no le dio tiempo a responder- ¿Recuerdas fotos de tu madre embarazada de ti o de tu hermana?
-¿Perdón? ¿De que conoces a mi hermana?
-Limítate a responder si no quieres mayores problemas que estar aquí conmigo por favor- dijo más serio
-No es que mirar fotos nuestras de pequeños sea un hobbie para mi, pero no, no recuerdo haber visto ninguna.
-Interesante, pero aun no me puedo asegurar hasta que...
-¿Que es interesante?- le interrumpió
-No es de tu incumbencia.- responde mientras se levanta para marcharse
-¡Señor! ¿Qué hago aquí?- pregunta gritando, pero el hombre se aleja.
Él abandona la sala, dejando a Klaus solo y bastante confundido. Varios minutos después regresa con un papel, se sienta en la mesa y lo mira fijamente a los ojos.
-Oiga señor, mis padres se van a enfadar mucho si cuando lleguen no estoy en casa. ¿Podría irme?
-Querías que te respondiera a las preguntas, y esa es la ultima. Estas en mi casa y la casa de muchos otros, hemos llegado aquí de una forma que aunque te explicara no entenderías. ¿Quieres de verdad que te cuente que haces aquí? Vaya, una historia muy larga, y que me gustaría contar cuando tu hermana llegara y no contarla dos veces.- respondió sonriendo
La puerta sonó, una vez, dos, y a la tercera la actitud del hombre cambió repentinamente. Salió precipitadamente, Klaus escuchaba los gritos desde dentro, una tímida voz balbuceaba algo y cuando acaba, el hombre suspira y entra en la habitación otra vez.
-Has tenido suerte, tu hermana se ha escapado de alguna manera así que te contaré porque estas aquí. Lo primero que te voy a decir es que el hombre y la mujer con los que has estado viviendo no son tus padres. Tú eres hijo de mi, bueno, para que lo entiendas le llamare jefe, y tu hermana, de su hermano. ¿Sabes? Muy poca gente sabe que son hermanos, les engañamos contando patrañas que se creen. Fuisteis arrebatados de vuestro hogar por, según el padre de Astrid, vuestra seguridad y la de todos los habitantes del planeta, embustero. Estas aquí porque gracias a ti y a tu hermana, vamos a conseguir una cosa que llevamos persiguiendo mucho, mucho tiempo- acabo diciendo con una sonrisa.
Salió de la habitación, cerrándola con llave, y antes de irse del todo abre una pequeña escotilla que Klaus no recordaba haber visto y dijo:
-Se me olvidaba. No, no puedes irte.
. . .
-¡Cova!- no obtiene respuesta por lo que opta por gritar más- ¡COVA!
Nadie la responde, ni aunque sea para quejarse de sus gritos, empieza a andar para buscar a alguien cuando al acabar la calle, se para y la ve; es su casa. Desde donde estaba hasta allí había más de seis horas en coche y por el sol, serian las doce o la una.
No tiene llaves, y por mas que llama a la puerta nadie abre, ese día era viernes, así que sus padres estarían trabajando, pero Klaus estaba de vacaciones igual que ella, pensando que estaría durmiendo vuelve a llamar, y ya sin esperar respuesta alguna abre la verja con cuidado. La puerta principal también estaba abierta así que la abre lentamente, teme que el mismo chico de antes este dentro también. Cuando entra no ve nada raro, la cocina esta ordenada, igual el salón, sube las escaleras intentando no hacer ruido y entra en su habitación, esta todo tal y como recordaba haberlo dejado al irse, pasa a la habitación de Klaus, esta echa un desastre, como siempre, suspira y piensa porque entra allí. Cuando va a entrar en la habitación de sus padres gira el pomo y no puede abrir la puerta, lo hace con más fuerza y nada. Al final, empujando con todas sus fuerzas y durante mucho tiempo, la puerta cede y lo que ve dentro la hace pegar el grito más estremecedor que se halla oído jamás.
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