martes, 25 de noviembre de 2014

Capitulo 9

Capitulo 9





-¿Queda mucho?
-¿Ves? Por esto me abstuve a tener hijos vivo. Como lo vuelva a repetir creo que le mato.- le susurra Johann a Alfred.

Este le mira reprendiéndole.

Hacia dos días que estaban buscando a la siguiente chica, en pueblo donde vivía no aparecía en los mapas y tenían que preguntar a la gente de la zona. Dos horas antes, yendo por un camino embarrado vieron el cartel del pueblo; Creçtan. Pero no había indicación alguna de la distancia a la que se encontraba el pueblo.




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"                                                                     Rosalya's blog
 
 
Todas las mañanas me levanto y contemplo por la ventana el amanecer. Me pongo el despertador muy pronto, adoro salir a correr cuando la gente aún duerme, no me gusta cuando la gente me mira, por eso, después de varios meses de estar siguiendo mi ruta habitual, decidí no sólo salir más pronto, sino ir por el bosque.

Mi pueblo no es muy conocido, aunque no vivimos muy lejos de la ciudad, si preguntaras a alguien por él, no te sabría responder la zona exacta, ni tan siquiera algo aproximada. Esta completamente rodeado de bosque, hay árboles por todas zonas, y eso me encanta.

El pueblo fue fundado hace varios siglos, las personas mayores dicen que aquí hubo una de las mayores concentraciones de brujas de la historia, son divagaciones claro, pero a veces, me gusta ir a ver a alguno de ellos y que me cuenten sus historias, son hermosas.

Creçtan, el nombre del pueblo, viene del francés, pero nadie sabe de que palabra, hace unos años, hubo un escándalo, un caso de asesinatos. Mataban a niños, creo que por eso fue tan polémico; investigaron mucho la historia del pueblo, de sus habitantes pero nunca averiguaron de donde viene el nombre. Algunos decían que las ninfas salieron del bosque, se cansaron de vivir allí, y fundaron Creçtan. No se porque rondan tantas historias sobre todo, sinceramente, me gusta escucharlas, pero no las creo, son demasiado fantasiosas.

Esta es mi historia y este es mi blog.                                                                     Se despide, Rosalya."

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Rosalya's blog


Primer día por la mañana... ¡MATADMEEEE!

Esta mañana había mucha niebla, pero aún así no iba a cancelar mi entrenamiento. Lo que más odiaba de este pueblo era que incluso en verano, podía hacer tanto frío que las temperaturas podían llegar a bajo cero, pero por lo menos puedo correr sin desmayarme, cuando nos fuimos de vacaciones a la playa me tuvieron que llevar a urgencias.

Adoraba el verano, las vacaciones, levantarme pronto, salir a correr y, aunque mi tía lo odiara, me bañaba en el lago, eso era el paraíso. Solía comer en casa de mi mejor amiga, hasta que me traicionó, pensé en perdonarla, pero no pude. Ahora como en una cafetería, ahí trabaja una chica muy maja, me caía bien y la dejaba buenas propinas.

Pero ya no queda mucho de verano y este año empiezo mi penúltimo año. Espero que me vaya mejor.

 
Se despide, Rosalya."
 
 

"                                                                    Rosalya's blog
 
 
Ayer se acabó el verano y no tengo muchas ganas de volver a clase, pero no tengo otra opción. Mi tía tuvo que venir a despertarme después de haber tirado el despertador, anoche me quedé hasta tarde esperando estar tan mal por la mañana que me permitieran quedarme en casa hoy, no funcionó.

Me ducho con rapidez ya que voy con retraso y me peino, me encanta mi pelo, quizá lo que más me gusta de mi, es largo y rubio oscuro y me puedo hacer mil de peinados, pero yo simplemente lo cepillo.

El camino hacia el instituto es el de siempre, yo apoyada en la ventana y con la radio de fondo. Cuando llego salgo tan rápido que no me lo creo, pero no porque tenga ganas, no soy muy amigable pero tenía ganas de ver a mi otra mejor amiga, ha estado fuera todo el verano y aunque no lo reconociera, la echaba de menos. Ella es muy guapa y ha tenido muchos novios, pero nunca me haría lo que me hizo la otra.

Cuando llego hay mucho alboroto. Dios como odio el instituto...
-¡Rosy! Cuanto tiempo eh.
-Ah, hola Frank. Si, mucho tiempo.- respondí con una falsa sonrisa

Debería presentarme, ¿no? Bueno, esto de los blogs es nuevo para mi y no los se usar muy bien; me llamo Rosalya di Marco, tengo raíces italianas pero nací en Irlanda. Vivía con mis padres en Dublín, pero ellos murieron, no murieron de un accidente de coche, todos mueren por eso, los míos no. Un día, mi madre acompañó a mi padre al banco, no se que tenía que hacer, yo era muy pequeña, tenía unos seis años, unos atracadores entraron y en el momento inicial, les mataron. La verdad es que fueron bastante estúpidos, yo no habría disparado en un banco cuando estoy robando, les pillaron, pero no me pudieron devolver a mis padres, así que me dio igual. Ahora vivo con mi tía, aunque estuve un tiempo con mis abuelos, nada más ocurrir, me mandaron con ellos y estuve allí cuatro años. Después mi abuela murió y mi abuelo no se sentía con fuerzas de cuidarme, y aquí estoy diez años después.
El 21 de noviembre es mi cumpleaños y me prometieron un regalo especial, irnos de campamento al bosque todo el fin de semana.

-Buenos días alumnos. Os doy la bienvenida a un nuevo curso escolar, yo seré vuestra tutora este año. La Sra. Thompson. Y tengo la buena noticia de anunciaros que tendremos dos alumnos nuevos este año.
Que novedad... El año pasado eran tres, dos de ellos se volvieron a ir antes de acabar y otro vino en mitad de curso.
-Os presento a Spencer Dow y a Celyda Fleurs.
¿Fleurs? ¿En serio? Lo siento por ella pero menudo apellido, sus antepasados no eran muy originales.
-Spencer, Celyda, sentaos donde prefiráis.
Tampoco es que haya mucho donde elegir, hay un sitio al lado de Sarah, una pija bastante tonta que, por lo que parece, ya les está criticando; otro al lado de Ryan, el típico tío que se tira a todas, y que ya ha puesto la mirada sobre, ¿cómo se llamaba? Dios menudo nombre más raro, en eso si han sido originales, supongo que la chica se pondrá al lado mío, la estoy sonriendo para que no cometa el error de sentarse al lado de esos, error que ha cometido Spencer. Es un chico guapo, alto, con buen cuerpo, lleva las gafas que lleva ahora todo el mundo, odio seguir las modas, mi ropa es distinta, mi estilo lo es por completo. Celyda, ya recuerdo su nombre, es bastante bonito, se sienta al lado mío y me sonríe. Antes yo era la que tenía el pelo más largo, pero ella lo lleva muy por debajo de la espalda, es muy guapa, pelo rubio muy claro, ojos azules cristalinos y su piel es blanquecina.
Sin duda tendrá pretendientes.

En el comedor le dije a Celyda que se sentara con nosotros, tengo un grupo de amigos, no somos muchos, pero nos queremos a rabiar, somos cuatro y nos conocemos casi todos desde pequeños. El chico nuevo, Spencer, es muy raro. Se ha quitado las gafas y las lleva colgadas de la camiseta, negra, como toda su ropa, y sus ojos, y su pelo... Hasta su interior parece negro. Cuando la clase ha acabado se ha intentado acercar a mi para decirme algo pero en cuanto ha visto a Celyda y se ha puesto a mi lado ha huido como si le diera alergia su presencia. Y ahora en el comedor no para de mirarme, pero también a ella, y su mirada es tétrica y da miedo.


¡Novedades! Esto lo escribo desde la oscuridad de la cajonera, resulta que estábamos en clase de literatura y el Sr. Scheffer le hizo leer un poema, el no solo no lo leyó, no pronunció una palabra. Y claro me puse a pensar y en todo el día que llevábamos de clase no había dicho nada. Latanya, la chica más cotilla de la case nos decía mientras el profesor salía con Spencer fuera que no era mudo, porque si no aparecería en su expediente y entonces el profesor no le habría manado leer. Lógico, se me tenia que haber ocurrido a mi... Aunque luego reconoció que como ayudaba en administración vio su expediente y no ponía nada raro.

Señores, ¡tenemos un caso entre manos!

Cabe decir que adoro los misterios y mis libros favoritos son de eso; Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, Wilkie Collins...




Se despide, Rosalya."



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-Vale, tenemos que pensar una manera de hablar con la chica, con sus padres y que no se asusten o llamen a la policía.
Llevaban una semana viajando desde casa de Brendan hasta el pueblo donde estaba la chica que buscaban y cuando por fin vieron el cartel y siguieron el camino resultó equivocado. Ese día hacia niebla y por precaución iban mas despacio de lo debido, querían llegar cuanto antes pero no podían arriesgarse a tener un accidente y que el chico muriera.

El coche circula por la carretera con lentitud pero constancia, la carretera era muy vieja y estaba estropeada por lo que el coche iba dando trompicones. Mientras Johann duerme en el asiento de copiloto roncando, el joven le tira papelitos en la boca y se ríe en susurros; Alfred no se da cuenta hasta que su compañero empieza a toser como un loco, furioso se gira pero antes de poder si quiera gritar el coche se para bruscamente haciendo que él se caiga de culo del asiento, quedando atrapado en el hueco, y no se pueda levantar. Brendan no puede evitar soltar una carcajada.

-¿Por qué narices paras así de golpe?
-Hemos llegado... Estamos en Creçtan.














jueves, 25 de septiembre de 2014

Capitulo 8

Capitulo 8


-¿ME IMPORTA UNA MIERDA! NOS HAN ROBADO, LLAMA A LA PUTA POLICIA. -grita Johann
-Mire señor de verdad siento esto pero si no me dice que le han robado no puedo revisar el resto de habitaciones y tras eso llamar a la policía, aunque me de mala fama.
-¿Tu eres anormal? La puta mochila, me han robado la puta mochila. -dice esta vez mas calmado
-¿Pero que tiene de importante esa mochila? Yo le puedo devolver el coste de la mochila.
-No puedes... -dice con cara de fastidio

Johann se aleja de allí, murmurando mientras se acerca a su compañero, que está escribiendo algo en un cuaderno. Mira por detrás y observa el mapa exacto copiado en la hoja.

-¿Cómo lo has hecho? -pregunta asombrado
-Bueno... Lo recordaba y lo copié, no es difícil. -dice con indiferencia
-¿Y los nombres?
-También los tengo, lo recuerdo todo. Pero quien nos haya quitado el mapa también lo sabe, debemos darnos prisa en ir a buscar a Brendan.


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Una mujer se mueve con rapidez por la cocina haciendo el desayuno para su hijo y su marido, la sartén, con huevos fritos, una tostadora con tres rebanadas de pan y la tetera al fuego, prendiendo de un olor dulce la cocina. Al acabar de hacer las tostadas, sale apresurada de la cocina y entra en la habitación de su hijo.
 
-Hijo despierta o llegarás tarde a clase. - dice mientras abre las cortinas y le quita la manta
 
El chico se acurruca con la almohada y la sabana, sin abrir los ojos y dándose la vuelta, su madre, al verle, le arranca la sabana de golpe y le levanta.
 
-Mama, creo que estoy enfermo, me duele mucho la tripa.- dice gimoteando
-Ya veo, esto no tendrá que ver con el examen de lengua que tienes hoy, ¿verdad?
 
El la mira asombrado y fastidiado, se levanta dando tumbos.

-¡Annette! Annette querida, ¿tú has comprado algo por correo?
-Claro que no, ¿nos han enviado algo?
-Es un paquete pequeño, lo llevare a correos cuando salga del trabajo.

Brendan coge su móvil de la mesa y cientos de mensajes aparecen en la pantalla, lo vuelve a dejar en la mesa y se viste. Al acabar sale de su habitación pero su madre sube corriendo por las escaleras y le dice que salga de la casa. Él la mira con gesto interrogante pero ella le empuja y le mete en la habitación.

-Por la ventana, hay una escalera, tu padre iba a arreglar unas cosas del tejado esta tarde. Cierra la puerta y por favor vete de aquí.
-Pero... ¿Mamá que pasa? -responde asustado
-Te quiero Brendan, y tu padre también.

Intenta decir algo más pero ella sale de la habitación rápida y a la vez silenciosa, en pocos segundos se encuentra solo. Aun aturdido cierra la puerta con llave y sale por la ventana.

Su jardín es grande, se esconde entre unos matorrales cuando escucha un barullo, las voces de muchas personas que gritaban. Cree oír a sus padres, luego nada, silencio. No es tonto, sabe lo que ha pasado y un par de lagrimas caen por sus mejillas, intentando ser discreto para que sus padres no dieran su vida por nada. Y se queda ahí, sentado y con miedo a salir, con el tiempo se incomoda y se tumba con cuidado.

Cuando despierta es medio entrada la noche y sigue sin oír nada por lo que se aventura a salir. Camina con cuidado, quiere ir a ver que les ha ocurrido a sus padres pero el miedo le corroe y se queda en el umbral de la puerta esperando a algo que no va a llegar.

 Las luces están apagadas y la penumbra no le deja ver nada del interior, con mucho sigilo entra y prueba a encender las lámparas pero no funcionan y se queda ahí, en mitad del pasillo hasta que escucha un ruido tras él. No sabe si girarse o  fingir que no ha oído nada, otro ruido un poco más cercano le hace alterarse y sale corriendo, recorre el pasillo con rapidez y sube las escaleras hasta llegar a una puerta, la intenta abrir pero no puede y un recuerdo le viene a la mente, su madre había cerrado esa puerta con llave.

Una mano se cierne sobre su hombro pero no le aprisiona, se da la vuelta con lentitud y ve a dos hombres sonriéndole, pero con sinceridad.

-Ahora estas a salvo Brendan.
-¿Quienes sois?
-Tiempo al tiempo Brendan, de momento tenemos que irnos de aquí antes de que lleguen y te hagan algo.

Aun algo desconfiado Brendan les sigue con distancia por si tiene que salir corriendo. A dos casas de la suya hay un coche negro, grande y aparentemente vacío, pero cuando pasan por delante se encienden las luces. Los hombres se miran y luego le dirigen la mirada a él, le cogen del brazo y salen corriendo. Cuando llegan a un lugar un poco más apartado, uno de ellos se mete entre la maleza de un pequeño bosquecillo que había al lado.

Pasan los minutos y empieza a desconfiar, esta con dos hombres, en un descampado y uno se ha ido a por algo y no sabe el que, entonces el ruido de un motor le sobresalta y un coche antiguo pero muy grande sale de un pequeño camino de tierra ya casi extinto por los hierbajos que habían crecido sobre él. El hombre de antes sale y con una expresión de angustia le dice que suba.
 
 "¿Subirse a un coche con dos desconocidos? Ni de broma, a ver como me escapo de aquí."

Los hombres le miran y él sigue sin moverse en el sitio, un ruido de las ramas les distrae y Brendan aprovecha para salir corriendo. Corre y corre hasta que se encuentra a unos hombres vestidos de negro que le miran y se le acercan, se fija un poco mejor y ve que llevan armas.

"Mierda"

Están lo suficientemente cerca como para no poder huir cuando escucha el derrape de un coche y los hombres de antes aparecen a mucha velocidad, con una puerta abierta, entra con agilidad sin dar ocasión a los hombres vestidos de negro de reaccionar.

-¿¡Niño pero de que coño vas!? Esos tíos quieren matarte, nosotros ayudarte y te vas con ellos, ¿qué eres gilipollas?- grita el hombre que va al volante
-Johann...- le reprocha el copiloto, luego le mira- Yo soy Alfred y el Johann, esta un poco cabreado porque hemos tardado mucho en llegar y al ver que estabas vivo nos llevamos una grata sorpresa pero el irte corriendo nos ha sorprendido más.
-Yo... yo soy Brendan, pero ya lo sabíais, ¿cómo?
-Bueno Brendan, -empieza Alfred- esto es muy largo de contar pero la gente que te ha atacado va a por más gente y hay cerca de aquí una chica que también nos va a necesitar, si no te importa, preferimos contároslo a la vez. ¿Te parece bien?

El chico asiente y se acomoda en el coche, lo observa, era lo suficientemente grande como para que entraran siete personas y en el maletero cabían más ya que lo habían arreglado para hacerlo asiento, con el hilo de los pensamientos se queda dormido.



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Tyler y Altaír discuten mientras Klaus desayuna, han pasado varios días y ya se encontraba mejor de la paliza pero a pesar de la búsqueda no se supo ni quien atrancó la puerta ni quien le pegó.

Marianne se levanta para irse pero Klaus se lo impide, desde hacia unos días la veía alicaída y creía saber que era porque Gareth tenia una novia, ella le mira suplicante y entonces lo ve. Gareth y su chica están haciendo carantoñas en la mesa principal, donde les ve todo el mundo, una lagrima cae por la mejilla de la chica y se va.

Poco después Tyler se va a entrenar y se va con él despidiéndose de Altaír, el recinto de entrenamientos esta bastante vigilado y se pone a entrenar junto a su compañero, en los últimos días habían hecho migas aunque discutiera siempre con Altaír, su mejor amigo allí.

Empieza haciendo pesas suaves mientras su amigo levanta una gran cantidad de peso cuando suelta una bomba.

-Klaus. -él le mira interrogante- Klaus creo que me gusta Altaír.

Se queda helado, no sabe que decir pero algo le interrumpe, un ayudante de Gareth entra alterado y agarrándole del brazo para sacarle de allí.

-¿Qué... qué pasa?

-Klaus esto es grave y Gareth esta derrumbado.

"¿Gareth? ¿Derrumbado? Dios, lo que ha pasado ha debido ser muy grave."

-Yo... Klaus lo siento. -le dice sin dirigirle la mirada

-¿Qué sientes? -pregunta ya alterado

-Klaus, es Marianne. Alguien la ha matado

Se zafa de su brazo con rabia.

-¿¡Cómo que la han matado!? ¡Ella ya estaba muerta! -grita con las lagrimas cayendo por sus mejillas

-Sabes que te pueden matar eternamente, la nada total, es difícil pero...

Klaus sale corriendo, chocándose con la gente y abre la puerta de golpe, Gareth esta llorando y su despacho esta destrozado.






 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


jueves, 19 de junio de 2014

Capitulo 7

Capitulo 7


Llevaban varias horas en el coche y se empezaban a cansar por lo que deciden parar en una estación de servicio a comer algo y estirar las piernas. Hacía unos kilómetros que habían visto el cartel del pueblo del joven al que buscaban y esperaban llegar antes que los otros, aún que, de todas formas tenían ventaja, ellos sabían que les necesitaban.
Alfred había ido a comprar comida cuando empieza a llover, mirando al cielo por lo rápido que se había nublado, Johann corre a resguardarse bajo el techo. Con una bolsa llena de sándwiches y bebidas, Alfred sale de la tienda justo en el momento en el que un rayo cae sobre el coche. El coche estalla en llamas y sin saber que hacer, y temiendo que al quedarse les descubrieran, salen de allí corriendo.
Tras hacer un largo camino a pie por el borde de la carretera, que con la lluvia se había embarrado, llegan al pueblo, no pueden leer el nombre del cartel porque está destrozado pero el mapa les indica que Brendan estaba allí.
Llegan bien entrada la noche, en las afueras hay un pequeño motel donde deciden pasar la noche para ir más decentes a la casa del chico. En el motel hay un hombre que tenia bastantes primaveras, bebiendo una cerveza , con una caja de pizza medio vacía a su lado y una gran cantidad de cigarrillos en el cenicero, por un momento, Johann no pudo reprimir la idea de que le verían allí arriba bastante pronto.
-¿Queréis algo chicos?- les pregunta con una voz ronca al verles en el umbral de la puerta.
-Si señor, nos gustaría una habitación.- responde Alfred

El hombre los mira con curiosidad, ríe por lo bajo y entra en un despacho tras el mostrador.
-¿Por que se habrá reído?- pregunta Alfred con curiosidad

Johann simplemente le mira con cara de fastidio. Cuando el hombre sale, con una llave en la mano, Johann le llama antes de que suba a indicarles su habitación.
-Perdone, ¿esa habitación tiene dos camas?

El hombre ríe, lo que le provoca un ataque de tos.

-Vaya, pensaba que erais pareja, esperad un momento que voy a por otra llave.
-Que divertido.- dice Alfred tras observarles- ¿Por eso se reía?
-Esto es un pueblo de las afueras, aquí sigue siendo extraño ver a parejas homosexuales.- le cuenta a su amigo.

  Suben a su habitación acompañados por el hombre, la habitación no era muy grande, pero lo suficiente para una sola noche, y tenia mejor aspecto de lo que esperaba Johann. Se duchan y cenan, mientras Alfred lee un libro, Johann prepara un guion para su conversación con los padres del chico.
  El teléfono les despierta, Johann lo coge y con un tono despectivo pregunta quién es, pero su amigo se adelanta, diciendo que mientras leía, bajó a decirle al hombre que les llamara para despertarles.
  No tardan en prepararse, como la noche anterior habían comprado comida no tenían la necesidad de cenar allí, pero no les quedaba nada para el desayuno por lo que bajan al comedor.

-¡Buenos días a todos!-dice Alfred a las personas del comedor mientras saluda a una familia.

  Johann, poniendo los ojos en blanco, le agarra por la manga, pidiendo disculpas, y en un susurro le recuerda su trabajo. Desayunan con rapidez y suben a su habitación, pero la puerta está abierta.

-¿Que coño...?- Johann recorre la habitación, que parece haber pasado por un tornado.
-Mierda...-susurra Alfred completamente blanco
-¿Qué ocurre?

Su amigo le mira, pero no puede responder.

-¿¡Qué pasa!?- pregunta esta vez más nervioso
-El mapa no está.


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  Astrid abre los ojos despacio, intenta levantarse pero le duele mucho la cabeza y se marea, por lo que vuelve a tumbarse. La luz hace que le duela más la cabeza así que baja la persiana, lo que la permite ver un poco el exterior de donde está. La ventana tiene rejas, desbaratando su idea de escapar, parece que están en una casa, en mitad del bosque supone, porque no hay el más mínimo rastro de vecinos.
  Se sienta en la cama y observa la de al lado, ahí esta Pandora, piensa, si no la hubiera molestado no estaría en ese apuro con ella y se empieza a sentir culpable. Como no despierta intenta averiguar algo de la habitación, pero es demasiado simple, dos camas, una puerta y una ventana.
  Al encontrarse mejor decide volver a subir la persiana, y se apoya viendo a unos pájaros en el árbol de enfrente piar.

-¿Astrid?

La joven se gira y ve a su amiga que se levanta, agarrándose la cabeza y con los ojos cerrados.

-Aish, apaga la luz.-dice, y mientras bajaba la persiana, se tumba de nuevo-¿Qué hacemos aquí?
-No lo se, me he levantado hace unos minutos.
-Señoritas no se preocupen, que si están con nosotros estaréis a salvo.-dice una voz que parece no venir de ninguna parte.

-¿Qué quieres?- preguntan ambas, pero sin obtener respuesta

Buscan micrófonos por toda la habitación pero no encuentran nada, hasta que Pandora ve una pequeña rendija en la puerta. Se acerca y ve que está abierta y hay gente fuera, pero no puede verles.

-Vaya señorita, parece que es usted muy curiosa, debería dejar de cotillear.-dice la voz repentinamente mientras cierra la rendija.

  Las chicas se quedan en la cama, esperando a que ocurriera algo. Entonces la puerta se abre, dejando salir a las chicas, Astrid se levanta para salir pero Pandora la agarra de la mano, y con un gesto de la cabeza, la indica que se quedan donde están, al ver que el exterior está oscuro.
  Un chico con el pelo negro entra en la habitación, y Astrid se sobresalta; él, con una sonrisa, las empuja para que salgan.

-Me alegra que me recuerdes Astrid. Bueno, soy Duccio, aquella chica de allí, Lia, y ese retrasado de pelo rojo se llama Castiel.
-Ya te he dicho que no me insultes, estúpido.- responde el joven pelirrojo
-Y yo te he dicho otras tantas que no me molestes cuando hablo, y lo acabas de hacer.-responde el anterior
-Tú has empezado incumpliendo las normas de cada uno.
-Si pero al yo ser más importante, la mía lo es igual.
-¿Tú? ¿Más importante?
-Si, yo, millones de veces mejor que tú pedazo de...
-¡Ya está bien!- les interrumpe la chica- Las estáis asustando.

Los chicos las miran, se han ido alejando poco a poco y están prácticamente de nuevo en la habitación.

-Lo sentimos. -dicen a la vez los dos
-Quizá tengas alguna pregunta sobre porque, aparentemente, he quemado tu instituto y a tus amigas.-dice Duccio dirigiéndose hacia Astrid
-¿Perdona?
-Bueno como estuve allí pensé que...
-¡¿COMO QUE APARENTEMENTE!? O SEA, QUEMAS EL INSTITUTO, MATAS A UN MONTON DE GENTE, MATAS A MIS AMIGAS, Y AHORA ME SECUESTRAS, ¿Y DICES QUE SI TENGO ALGUNA PREGUNTA? PUES SI, TENGO UNA, ¿TÚ ERES GILIPOLLAS?
-grita Astrid, con la cara completamente roja.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.-el pelirrojo ha roto en risa, cayendo al suelo, y con problemas para respirar- ¿Él? Él no ha provocado ningún incendio, es incapaz de matar una mosca, y mira que es raro, teníamos ordenes de no intervenir y allí fue, a ayudaros. No, créeme, él no fue.
-No entiendo, si él no provocó los incendios, ¿quién fue? -pregunta Astrid confundida
-A decir verdad, el incendio de tu instituto si fue, en parte culpa mía.-le cuenta
-Pero a ver, vosotros qué sois, ¿tontos?- interviene Pandora, que había estado apartada
-Eh, tampoco hace falta ponerse así.-le responde Castiel, que ha cambiado de expresión con rapidez
-Te lo explico todo, pero siéntate.

  Lia, que había estado al margen hasta ese momento desde la discusión, las acompaña a una sala, donde hay algo de comida y bebida, las chicas, que no habían comido nada desde la pelea, se abalanzan sobre los platos mientras esperan una explicación de Duccio.

-Dios esto va a ser difícil sin decir quienes son.-le dice a Lia por lo bajo
-No se, quizás haya llegado el momento. Ni el de arriba ni el de abajo se lo van a decir por un motivo u otro, así que, si se lo contamos puede que confíen más en nosotros, al entrar han dudado si comer o no.
-Puede que tengas razón. Y otra cosa, controla mejor a Castiel, ya que sois amigos, me saca de quicio.
-Tú le has buscado las cosquillas Duc.

Ambos se acomodan, Duccio evitando un leve contacto, ya sea físico o visual. Lia, con una sonrisa, trae a las chicas una bandeja con pastas y galletas al ver que han acabado con lo otro.

-A ver, yo soy Duccio y...
-Jajajajaja, ¿no me digas? Eso ya se lo has dicho, no tenemos tiempo Duc, aligera anda.
-Como iba diciendo antes de que me interrumpieran...- dice mirando a Castiel- Soy Duc, yo tengo, supuestamente, 17 años, al igual que Lia y Castiel. Pero nosotros no somos como tú Astrid, y Pandora tampoco, aunque ella no es tan como nosotros, vamos que es un poco como nosotros pero casi nada como tú, aunque antes los cuatro éramos como tú, bueno me refiero...
-A ver que este lento se enrolla. Nosotros cuatro, incluyendo a Pandora, estamos muertos, ella es un angelito, y nosotros somos viles demonios que al ver lo que hacían allí abajo, conseguimos, no me preguntes como que te veo venir, escapar.
-Castiel eres idiota.-dice esta vez, Lia
-No os asustéis, vale, lo que ha dicho es verdad. Estábamos en el Infierno, allí enseñan a luchar y a que ellos son los buenos, un día, nosotros que éramos los mejores junto con otros pocos, fuimos enviados a una misión, teníamos que matarte. Sabían como eras y que estarías de las primeras en tu examen, nosotros solo teníamos que quemar el centro, pero los encargados de prenderle fuego no fuimos nosotros tres. Al salir vimos todo, la gente gritando de dolor, y vi a tu amiga, me pareció muy graciosa, con el pelo morado, y las trenzas, parecía tan inocente... Me sentí muy, muy mal, así que intenté que parara, pero no pude. Huimos de allí, y enviaron a alguien a buscarnos, al estar allí nos hicimos dependientes y eso hace que se nos pueda rastrear, con el tiempo se irá, los que os atacaron, iban a por nosotros.
-...
-Entiendo que no digas nada pero...
-¡SOCORROOOO!- Astrid sale corriendo

 Recorre toda la casa, pero no encuentra salida, al final una puerta abierta la lleva a unas escaleras, la atranca con una silla y sube. Ya allí se encierra en el baño y cierra con pestillo.
 Duccio, Lia y Pandora, que había empezado a recordar parte de su vida y gracias a lo que contaron se despejó del todo, van en su busca mientras Castiel se queda allí, casi sin poder respirar de la risa.

 Cuando por fin saben donde está, consiguen traspasar la puerta ya que Castiel, que se había recuperado de su ataque de risa, la había tirado abajo. Pero no pueden pasar la del baño, ni con la fuerza ni convenciendo a Astrid de que la abriera diciendo ella, que eran unos satánicos que la querían sacrificar, esto provoca que Castiel ría de nuevo, y mientras Lia y Pandora intentan convencerla, Duccio va al sótano a por algo... o alguien.


 
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Klaus despierta por un ruido, abre los ojos con cuidado, y se encuentra a Gareth en frente suyo.

-Te importaría alejarte un poco, me has asustado.
-Bueno, como aún eres medio humano, creí que habías muerto.
-Tú estas muerto.
-También es verdad...-mientras le indica con la cabeza que se vista, recorre la habitación, mirando a Marianne y a Altaír- Date prisa que no tengo todo el día.

El chico se viste con rapidez, va al baño y se lava la cara, le gustaría darse una ducha pero tiene el presentimiento de que si mete un pie ahí dentro, Gareth se lo corta.

-¿A dónde vamos?-pregunta ya después de andar un rato por los pasillos
-Primero a desayunar, luego a entrenarte. Si te vas a enfrentar a tu hermana necesitas entrenamiento.
-Creo que no conoces a mi hermana, dudo que pueda conmigo.
-Primero, ya viste lo que hizo, y segundo, de la misma manera que tú nos tienes a nosotros, ella tiene a gente de su lado.

Tras desayunar, demasiado rápido para el gusto de Klaus, van a toda prisa a una sala en la que  no había entrenado nunca. Es grande, con las paredes rojas, hay salas separadas y en la principal hay muchas cosas que no había visto nunca. Gareth le acompaña a una zona, dentro de la sala principal, más apartada.

-¿Ves eso?- sin esperar respuesta alguna sigue hablando- Lanza rayos, es lo que usan allí arriba de ataque, nosotros usamos una máquina que te electrocuta un poco, depende del nivel que se use te deja inconsciente o simplemente te hace caer. Hay más cosas claro, pero aún no las vas a usar.- coge un
mando extraño y se lo da a Klaus- Juega a la diana, no es difícil, cuando lo tengas claro, te enseñaremos a defenderte.

Con el tiempo, la relación entre Klaus y Bastian se hace más, y más tensa, un día, ambos hartos del otro, acabaron pegándose, Altaír no estaba, fue Marianne a separarlos, y a uno, no se supo quien, se le fue la mano y la dio. Desde ese momento, Klaus le ignora, a pesar de que los ataques verbales se acentúan.

Una mañana, después del entrenamiento, salió por otra puerta dado que la que usaba normalmente estaba bloqueada. El pasillo estaba oscuro y las paredes eran negras, al final del todo había un ascensor, por un momento medita si subir o no, pero cuando ve que solo va hacía abajo, decide dar la vuelta y un puñetazo le da en todo el estómago, Klaus cae de rodillas al suelo, y una patada en la espalda lo hace caer del todo, tumbado, agarrándose el vientre, alguien le agarra del pelo y le golpea la cara contra el suelo mientras otra persona le da otro puñetazo en el rostro. Tendido en el suelo puede ver como dos personas se alejan riendo con rapidez de allí, y le dejan malherido en el suelo.


-Te digo yo que no Altaír. Klaus tenía que haber vuelto hace mucho tiempo, tenemos que ir a buscarle o avisar a Gareth.-le dice Marianne preocupada a su amigo
-¿Y eso no tiene que ver con que últimamente vaya con una chica muy guapa?
-No.-dice cortante su amiga

Al ver la expresión de preocupación en el gesto de Marianne, se levanta y van juntos a la sala donde entrenaba su amigo, pero allí no estaba, un poco más alejado había un hombre muy musculoso y al que Altaír parecía conocer.

-¡Peluchín! ¿Qué podrías estar haciendo tu aquí? Con lo poco que te gusta entrenarte a ti.
-No me gustan tus motes, además no veo relación de mi aspecto físico con un peluche.
-Lo digo para molestarte, si no, no sería un buen mote. No me llaman el Rey de los motes por nada, ¿sabes?
-A ti nadie te llama así.-dice Marianne riendo- Hola, yo soy Marianne.
-Yo soy...-hace un ruido raro pues durante toda la conversación había estado levantando pesas- Yo soy Tyler.
-Disculpa si te molestamos Tyler, pero estamos buscando a nuestro amigo, estaba aquí entrenando pero ya hace rato que tenía que haber vuelto.
-Solo he visto a una persona en toda la mañana, vino con Gareth, si es él, fui a comer algo a la sala de al lado y cuando volví ya no estaba, y eso pasó hace una hora y algo.
-¿Le has visto salir? Hemos preguntado al vigilante y dice que solo le ha visto entrar, pero que fue al lavabo un momento, no sabemos si ha salido por ahí o que.
-Ya he dicho que desapareció cuando volví, pero si no salió por ahí, al final hay un hueco para principiantes, en una esquina hay otra puerta, pero esa lleva al submundo, no creo que sea tan estúpido.
-Él es nuevo.- dice mientras sale corriendo hacia la puerta
-Muchas gracias Peluchín.-dice Altaír antes de irse corriendo tras ella

  El pasillo estaba tan oscuro como había estado antes, Marianne busca por las paredes algo para dar luz, de repente las antorchas se encienden.
-Solo había que pulsar este botón.-dice Altaír al ver a su amiga sorprendida

  El pasillo era largo, y se giraba mucho, no sabían lo que se podían encontrar hasta que llegaron a una puerta cerrada, los dos intentaron abrirla pero no podían. Se quedaron allí sin saber que hacer, entonces Marianne alza la cabeza y ve un cartel: "Ascensor a los Infiernos", ambos amigos se miran asustados, temiendo que, al no haber luz, haya conseguido pasar y sin saberlo, haber bajado allí abajo.
  Una mano agarra el hombro de los dos, haciendo que griten.

-Tyler ha venido a avisarme, apartad que abro.

  Coge una llave y la puerta se abre, la oscuridad tras la puerta es demasiado acentuada, y el miedo se palpaba en el ambiente. Con Gareth en cabeza, seguido por Tyler, Marianne y Altaír, caminan en fila india hasta que Gareth para de golpe, todos se chocan y Altaír se cae al suelo, haciendo que Tyler pegue una carcajada fortísima. Gareth les aparta y se acerca al suelo, y le ve, inconsciente en el suelo.
  Le llevan a la zona de enfermería, afortunadamente no tenía nada roto, pero su aspecto era muy indeseable.
  Horas después empieza a despertar y Tyler va a buscar a Gareth mientras sus amigos se quedan cuidándole.

-Klaus...-susurra Marianne- ¿Qué tal estas?
-Esta maravillosamente, ¿no le ves?-dice Altaír con sorna
-Eres idiota.
-Eh... Tranquilos, yo e-estoy mejor que cuando me dieron.-consigue decir con dificultades
-¿Pero quién te lo ha echo? ¿y cómo ha pasado?-pregunta preocupada su amiga
-No se, cuando acabe de entrenar, fui a salir de allí pero la maldita puerta estaba como atrancada. Recordé que había otra, fui para ese otro lado, caminé y caminé y llegué al ascensor, como solo bajaba me di la vuelta para volver y me pegaron...-le costaba hablar y lo dijo todo con lentitud- ¿Creéis que han sido Bastian y sus amigos?
-No. -dice de pronto Gareth, que ha aparecido con Tyler- Él se ha ido a una misión, Azazel le dio otra oportunidad, mandaron a varios así que sus amigos más cercanos, los únicos que podrían haber hecho eso por él no están.
-Entonces... ¿Quién ha sido?














































































































































































































































































































martes, 20 de mayo de 2014

Capitulo 6

Capitulo 6


Johann despierta con legañas en los ojos, esa noche habían tenido que dormir en el coche por la insistencia de Alfred a seguir conduciendo. Se sienta tocándose la espalda, le dolía por la mala posición al dormir, mira en el asiento delantero pero no había nadie, aún medio dormido, se calza los zapatos y sale del vehículo.
Un poco más alejado de allí, Alfred se lava la cara en un riachuelo y se sienta en la orilla, dejando que sus pies se mojen y mirando la corriente pasar. Entonces oye un ruido de ramas proveniente detrás suyo, se gira con rapidez.
-Me has asustado.
-Alfred, esta noche Astrid se ha alejado mucho. -dice ignorando el comentario
-¿A quién buscamos ahora entonces?
-Es un chico, un poco más joven que Astrid y Klaus.
-No sabia que edad tenia ninguno así que me dejas igual.

Johann mira a su amigo, parece desganado, cansado, llevan varios días conduciendo, a pesar de que Astrid fuera la más cercana estaba bastante lejos de ellos.
-Ella tiene 16 y él 19, aunque creo que ella los cumplía en un mes cercano.
-Entonces no es más joven sino mayor, ¿no? -pregunta distraído
-No, 19 tiene Klaus, este chico tiene 14. Se llama Brendan.
-¿Como sabes que edad tienen?
-Dios Alfred te lo dije ayer, el mapa tiene como una especie de leyenda detrás con los datos importantes de cada uno, o sea, edad y nombre.
-Espero que no este muy lejos, me duele la espalda a morir. -dice mientras se levanta del suelo y camina descalzo hasta coger sus zapatos y calzarse.
-Vive en un pueblo costero, a un par de horas de aquí. -le cuenta mientras van al coche y arrancan hacia ese lugar.


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Astrid despierta en una cama bastante mala, había pasado una noche horrible, cada vez que se movía los muelles chirriaban haciendo que se asustara hasta acostumbrarse. Como había cogido bastante dinero y no conocía lo suficiente a esa chica decidió pedirle una habitación a parte.
 Estaba en una habitación bastante pequeña pero en el fondo lo prefería así, le daba más seguridad. Se levanto con dificultad y se fue a duchar al baño, mientras estaba acabando de ducharse escucha un par de golpes que llamaban a su puerta. Cierra el grifo para agudizar más el oído y los vuelve a oír, temiendo que fuera Jake buscándola se viste rápidamente y se pega a la puerta, mirando por una pequeña lente; frente a su puerta estaba la mujer de la noche anterior, parecía alterada, pero no sabia si para bien o para mal así que la abre con cuidado.
-Hola, ¿qué tal has pasado la noche? Espero que mejor que yo, esa cama chirriaba mucho. -dice con una gran sonrisa.
-Buenos días Astrid. -responde ella sonriendo- He dormido genial, mejor de lo que me esperaba, aunque bueno, la cama era una chufa pero me ha pasado algo genial. Astrid ya me acuerdo de mi nombre.
-¡Pero eso es lago genial! Y entonces, ¿cómo te llamas?
-Pandora. -anuncia sonriendo ampliamente- Y eso no es todo, aunque me pareció bastante anoche, recordé bastantes cosas de mi vida, aunque aún no se donde vivo creo que si se mi edad, 19 años.
-Pandora eso es maravilloso de verdad, puedes venir conmigo hasta que te acuerdes de todo lo demás, entonces si quieres te puedo acompañar.
- He tenido mucha suerte de encontrar a alguien tan amable como tú. Muchas gracias.
 
Y ambas jóvenes se funden en un abrazo.
 
Después de desayunar parten de allí, pensando primero a donde ir. Temiendo perder a la única amiga que le podía quedar decide contarle lo sucedido los días de antes, pensaba que mejor contárselo ella el primer día que lo viera por algún lado, extrañamente la cree y sigue con ella. Así deciden ir a un lugar rural, apartado; pasa por una tienda de inmigrantes que venden comida esperando que no hubieran visto nada y al salir ven a dos personas vestidas completamente de negro, eran un chico y una chica y Astrid tenia el presentimiento de que les estaban siguiendo, con una sola mirada a su amiga, ambas salen corriendo pero, aunque Pandora estaba en bastante buena forma, ella corría bastante poco por lo que al final las acabaron alcanzando.
-Vaya vaya. Así que tu eres Astrid... -le dice con tono superior
-¿De que sabe mi nombre?
-Bueno, no soy tan mayor como para que me trates de usted guapa. Se tu nombre porque me lo han dicho, claramente. -responde- A ver si eso de que las rubias son tontas es verdad. -su compañera, que era rubia le mira con enfado- No me digas que tu no eres algo tonta. Bueno rubita, te vas a venir con nosotros, y tu amiga también, no nos han dicho nada de ella pero estoy seguro que Gareth estará encantado de que le lleve más gente.
 
Entonces, en tan solo unos segundos, Pandora golpea fuertemente a la chica que iba con él y hace que caiga al suelo provocando un sonoro golpe que no parecía nada bueno, pero se levanta sin parecer haber sufrido nada y saca algo que la deja inconsciente y a Astrid frente al peligro de esas dos personas. Hacía unos años entraron a robar a su casa y la llevaron a clases de defensa personal para asegurarse, gracias a esas clases consigue arrebatar el instrumento con el que habían dejado a su amiga tirada en el suelo e intenta disparar pero no sale nada, haciendo que aquel chico pegara una fuerte carcajada. Se acercan a ella por los lados y la chica le da un golpe haciéndola caer al suelo.
-Ninguna niña pija me hace eso.
 
Y cuando iba a dar el ultimo golpe, alguien se acerca por detrás y la coge del cuello, clavándola un gancho en el estomago, ella grita y se hace humo. El otro chico mira asustado el lugar donde había desaparecido, pero no le da tiempo a mucho pues la persona de antes le hace lo mismo y desaparece de la misma manera. Astrid esta muy mareada y le duele la cabeza, pero le da tiempo a entreabrir los ojos y le ve. Es el chico del incendio en el instituto y el bosque.
 
 
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Klaus se despierta con mucho sueño, la noche anterior había una celebración por algo de lo que no se enteró del todo y acabó de madrugada por lo que al llegar a su habitación cayó dormido como sus amigos. Esos días se habían acercado más, desde su charla con Gareth habían dejado de hablar y ya no era considerado tan importante, y eso les daba más tiempo para estar juntos fuera de las charlas y clases. No sabia porque daban esas clases, pero iba muy bien, y en las clases de entrenamiento era de los primeros, quizá todo eso provocó que ese día, la gente le mirara mal al llegar al comedor.
 
-Bueno por favor amigos, aquí tenemos al súper Klaus. Amiguito de los que le interesa claro está. -se acerca al chico y se planta delante suyo con un gesto borde- ¿Te gusta llamar la atención eh? ¿Ser el centro del universo? Porque conmigo aquí eso va a cambiar chulo mierda.
-Chicos, ¿qué pasa aquí? -pregunta Gareth que acaba de aparecer en el comedor
-No pasa nada, solo estábamos hablando, ¿verdad Klaus? -pregunta colocando una mano sobre su hombro
-Si, no pasa nada. -responde sonriendo mientras piensa en su grupo
 
Gareth se aleja de allí y se sienta en su mesa, mientras Klaus se va a la suya siguiendo con la mirada a aquel chico.
-¿Estas bien? -pregunta Marianne preocupada por conocer a ese joven
-No sabe donde se mete. Me he pegado con mucho mayores y he salido medianamente bien.
-Déjale en paz, tiene demasiados amigos, y aunque nosotros siempre estemos contigo Preguntitas, somos, ¿cuánto? ¿Tres contra veinte? -le recomienda su amigo- No Klaus, mejor no te busques líos, la amistad de Gareth cuesta mucho y tu vas por buen camino, consérvala lo mas que puedas.
 
El chico esta comiendo en una mesa mucho más grande que la suya y con un gran grupo de gente escuchándole hablar, desvía la mirada un segundo y ambos se miran fijamente.
-¿Como se llama? -pregunta mirando a Marianne, tenia un presentimiento sobre ella y aquel chico
-Klaus... -dice ella medio suplicando, pero no parece cambiar de opinión- Se llama Bastian.
-Así por lo menos estamos igualados, pero, una cosa, ha dicho eso de que con él aquí iba a cambiar, ¿por qué no lo ha dicho antes? Además es que no me suena haberle visto por aquí ningún día menos hoy y ayer.
-Es que él es amigo de Azazel. Y él es el encargado de, ya sabes, dar misiones para hacer fuera de aquí. -dijo dando algún rodeo y mirando a su amigo- Hace poco le mandó una y creo que volvió anteayer pero le salió mal y se ha enfadado con él. Puede que por eso este así contigo, como eres más amigo de Gareth y el lo es del Jefe te tiene envidia, no se.
-¿Quien es el Jefe? -pregunta cambiando de tema
-¿Qué? -preguntan ambos amigos
-Que me digáis quien es, porque lo sabéis pero no me contáis nunca nada. Contadme al menos esto.
-Klaus esto te lo tiene que contar Gareth, pero no se cuando lo hará, no te preocupes, si en unos días no te dice nada yo le busco para que te lo diga. -le tranquiliza ella
-Claro, y a ti te da igual ir a verle, ¿no? Que es por un amigo no por nada más, ¿verdad? -pregunta su amigo con una sonrisa burlona
-Vete a la mierda. -le dice ella riendo
 
 
Klaus está sentado en una silla del despacho de Gareth, ya había ido allí tantas veces que sabia como llegar. Quizás por ello al entrar no había nadie aún, sobre la mesa hay un libro forrado con pelo con un dibujo raro rodeado por un circulo sobre él. Mira a ambos lados del pasillo y entra, sentándose en la silla y abriendo el libro, había muchas cosas en un idioma que no conocía, casi al final ve algo que cree reconocer. Lo lee varias veces hasta que deduce que es latín, hacía unos años daba latín, cosa que en ese momento agradecía. Le cuesta leerlo pues no practicaba mucho, pero el titulo decía "La profecía de las almas".
-¿¡Que estas haciendo Klaus?!
El grito de Gareth hace que pegue un bote y se levante de inmediato, él le aparta de un manotazo y mira el libro comprobando que su estado fuera correcto. Cuando acaba lo cierra con cuidado y dirige una mirada furiosa al chico.
-Yo solo, solo lo estaba mirando. -dice titubeando
-Klaus no vuelvas a tocar este libro nunca, a menos que te lo diga yo. ¿Te ha quedado claro? -le dice muy furioso pero más sereno
-Si, si. Lo siento de verdad.
-Marianne ha venido a verme, me ha dicho que quieres saber que haces aquí, quien es el Jefe. Sinceramente no creo que estés preparado perro me han dicho que te lo cuente, y los superiores mandan. Klaus, ¿entiendes lo que estaba en el libro?
-No, si. Bueno, no entendía nada menos lo ultimo, algo de una profecía y unas almas.
-Bien, esto te va a costar bastante de creer pero a muchos les cuesta, solo que claro, ellos acaban de morir y tu sigues vivo.
-¿Perdón? -pregunta sin creerse lo que acaba de oír
-Klaus, ¿recuerdas la charla? Tú sabes que estamos en contra de un grupo, antes ese grupo era bueno, y ahora no. Bueno, esto es el Infierno, y el grupo anteriormente bueno es el Cielo. Y bueno, todos los que están aquí es que están muertos claro, aunque no todos lo están por haber echo algo malo, algunos están aquí por error, otros porque no querían ir al Cielo y a muchos porque allí no les consideraban lo suficientemente buenos. Ese no es el caso. hace mucho, mucho tiempo, había muy poca población y para que Dios y el Demonio pudieran controlar bien a la población se creó un libro con consejos, normas, y con una forma de controlar todas las almas del mundo; Cielo, Tierra e Infierno. Tienes que saber que aquí también somos almas aunque allí arriba no nos consideren igual, y que cada ser humano está formado por un alma; bueno, con ese libro podemos conseguir derrotar al Cielo y ayudar a los demás seres humanos. Para encontrarlo necesitamos a los hijos de ambos creadores, y del Demonio solo estás tu, pero Dios no solo tiene uno, según la profecía no puede ser ya que tienen que ser hombre y mujer así que le descartamos, y solo nos quedan tu y tu hermana, o prima, bueno ya sabes. Te leo la profecía, si quieres. -mira a Klaus que parece algo inestable- Puedo seguir otro día.
-No, no pasa nada, estoy bien sigue.

La lee con lentitud y prestando atención.
 -No.
-¿Qué?
-Lo siento pero no voy a ir con Astrid a ningún lado después de lo que hizo.
-Klaus solo será para poder salvarnos a todos de Ellos. ¿Quieres ver a tus amigos esclavizados? Altaír y Marianne, ¿de verdad les quieres ver así? Por favor, solo la necesitamos para encontrar el libro, la encerraremos, y si necesitamos más su ayuda no tendrás que verla para nada, lo evitaremos por completo.
-Solo, lo haré pero, quiero hablar con ella cuando la encontréis.
-Será muy pronto espero, enviamos a dos de nuestros mejores... -le mira intentando saber que palabras escoger- A dos de nuestras mejores personas aquí pero se escaparon.
-Se escaparon, ¿quiénes?
-Esperábamos que tú lo supieras.
 
 
 
.          .         .
 
 
 
En un lugar muy alejado, las dos jóvenes están tumbadas en un par de camas, una se despierta y se le cae el paño que tenía sobre su frente.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


sábado, 17 de mayo de 2014

Capítulo 5


Capítulo 5



La reunión acaba bastante tarde, podían llevar allí encerrados cerca de tres horas, y eso afectaba a Klaus y a todos los demás. Tras ella, Altaír y Marianne le llevan a el cuarto en el que despertó esa mañana.
-Menuda porquería, si lo llego a saber ni me acerco.- dijo Altaír dejándose caer en la cama.
-Alt, primero, quita de ahí. Como sois dos chicos me quedo yo con esa; y segundo, esas charlas son muy importantes, si no nos las dieran perderíamos el rumbo adecuado.
-¿Sabes Klaus? Marianne esta colada por Gareth, por eso es tan insistente con sus charlas.

Marianne mira sonrojada y furiosa a su amigo, y mientras sale de la celda le arroja un libro que había sobre un mueble que Klaus no recordaba haber visto esa mañana.
-Que tía más loca.- dijo entre susurros mientras se dejaba caer sobre la cama individual- La voy a dejar esta cama, pero porque no quiero que acabes así por estar cerca suyo.

Klaus le contempla unos instantes sin saber si estaba bromeando o lo decía en serio.


Una almohada golpea sobre el rostro de Klaus dejándole perplejo unos instantes, se levanta con cuidado, no recordaba haberse dormido, ni cenar, no recuerda nada desde la discusión entre sus compañeros de habitación. Tarda un rato en desperezarse, mira a ambos lados aún sin estar despierto del todo y comprueba que la joven esta vestida y su otro compañero en pijama sentado en una silla con un escritorio delante y un par de sillas delante que no estaba ahí el día anterior.
-¿De donde salen tantas cosas?- sus compañeros le miran extrañados- Las sillas, la mesa, ese mueble, y el primer día estaba en una habitación y desperté en esta celda, ¿cómo han aparecido todas esas cosas y he aparecido aquí?
-Bueno preguntitas, las cosas van apareciendo según crean el tiempo que vas a estar aquí. El como, nadie lo sabe.


El joven sale con ambos compañeros a desayunar, esta vez si puede abrir ambas puertas con facilidad, con la intención de preguntar que había pasado recuerda el nuevo mote que le había puesto Alt y decide callarse. El comedor sigue tan lleno como la ultima vez, esta vez no puede huir porque, tras sentarse en la mesa más vacía, encuentra a su lado a Gareth.
-¿Has dormido bien Klaus?- pregunta sonriendo
-Si
Todo el comedor está en silencio, pendiente de la conversación.
-No te apetece hablar hoy tampoco eh. No pasa nada, cuando acabes de desayunar tu amigo te va a acompañar a mi despacho para contarte unas par de cosas.

Klaus le mira, no sabe si es buena idea, es cierto que allí hay mucha gente, pero también que ese hombre se le llevó hace dos días y aún no le han dado explicaciones de nada.
-No es opcional. -dice rápidamente el hombre viendo la expresión del rostro de Klaus.



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El joven rubio mira a Astrid, y ella le mira a él. Ninguno dice una palabra, simplemente permanecen sentados alargando un silencio incómodo. Unos minutos después, el chico se levanta a por agua cuando otro entra por la puerta aparentemente borracho, la mira y tambaleándose la ignora yendo a su habitación y cayendo en la cama.
-¿Qué haces aquí Astrid? -pregunta por fin el joven
-Jake es complicado...

Ambos volvieron a quedar en silencio y el joven enciende la televisión para calmar la situación.

"Este mediodía han sido encontrados dos cadáveres en un bosque de las afueras, parecen ser de dos jóvenes alumnas del instituto Forestwood en el que hace unos meses desapareció un profesor y al que siguen buscando sin resultado. Al parecer, los cuerpos fueron quemados vivos; otras dos jóvenes del mismo grupo están desaparecidas, según las investigaciones realizadas una de las jóvenes también fue prendida fuego en ese lugar pero la búsqueda realizada por el terreno de alrededor no ha dado resultado. La otra joven desaparecida cuyo nombre es Astrid Benerise Liberman,es sospechosa al haber sido encontrados dos cadáveres en su casa, aparentemente de sus progenitores, también quemados vivos con claras marcas de tortura y con un mensaje a mano en la pared con sangre, están buscando huellas por si hubiera cometido un desliz. En el mensaje dice claramente: "El fuego es eterno, siempre me tendrás cerca... Siempre." Están elaborando teorías acerca del significado de la frase pero se sigue sin saber nada. Actualmente están buscando por todo el pueblo a la joven que ya es sospechosa de homicidio en un posible primer grado y parricidio. Es posible que sea peligrosa por lo que recomendamos, tengan cuidado."

Jake está mirando fijamente a Astrid, ella está asustada y sorprendida y, a pesar de lo que han oído en las noticias hace apenas un minuto, se acerca a ella y la pasa un brazo por encima, consolándola lo mejor que puede.
-Astrid. -dice en un susurro- Se que no has echo nada, pero necesito que me cuentes que ha pasado.

Ella le mira, con lagrimas en los ojos y empieza a contarlo, le sale todo de sopetón, cuando acaba él la mira.
-¿Quién es ese chico del que hablas?
-No lo se, le vi en el incendio del instituto, y antes de mirarme parecía disfrutar de lo que veía, por eso cuando le vi en el bosque supe que lo había echo todo él.
-Astrid, ¿dónde esta Cova? -pregunta con los ojos llorosos
-Creía que estaba muerta, él la tocó y se movió un poco, iba a ir a ayudarla y me desmayé. Al despertar estaba en casa.
-Llegaste muy rápido -dijo como echándole la culpa- ¿Qué crees que es ese tío?
-¿Perdón?
-Astrid, creo que ese era un, bueno. Te tengo que decir que cuando mueres, si hay Cielo e Infierno, pero los roles han cambiado, ahora los cabrones son los angelitos, o almas como se llaman ellos. -ella le mira como si estuviera loco- Yo soy del Infierno Astrid, tu hermano está con nosotros, se habitúa muy bien y tú también podrías.

Astrid le mira, tiene que salir de allí sin hacer creer a Jake que quiere huir. Es como el chico de los incendios, empieza a pensar como ha podido acabar así. Desde que él y su amiga lo dejaron su relación con los del grupo empeoró, ella le quería mucho, sufrió mucho cuando empezó a salir con su mejor amiga y más cuando hablaron para que no dijera nada de lo que tuvieron ellos dos; por eso le ayudó a superarlo, pero la situación le quedó grande y se fue. Quizá en su estancia en la cuidad le haya cambiado, las malas compañías hacen mucho; pero en su más profundo ser, lo acontecido en los últimos días la hizo creer, por lo menos una pequeña parte de lo dicho por Jake.
Ella le sonríe, mientras piensa un plan para salir, el amigo de Jake no había cerrado la puerta con llave, así que le pide un vaso de agua y en cuanto entra en la cocina, sale corriendo por la puerta. Sin detenerse un solo segundo por los gritos del joven, quita la llave de su bicicleta y sale del edificio lo más rápido que sus piernas podían pedalear.

Tras unas horas recorriendo la cuidad, llega a una zona más apartada y se sienta en un banco al lado de una mujer tumbada. Al principio la ignora, pero cuando ve que no se mueve la zarandea un poco despertándola de golpe.
-Perdone, creí que la pasaba algo. ¿Está usted bien?
-No. -dice sollozando- No se quien soy ni que hago aquí, no se donde vivo, cuantos años tengo. Tengo miedo de lo que me haya podido pasar para acabar así, no me quiero morir por una enfermedad rara.
-No se preocupe, mi padre es doctor y me dijo que la amnesia es recurrente y normalmente es producida por un golpe. -la consuela algo entristecida por el recuerdo de sus padres- Mire, yo soy Astrid, y voy a ir a ese hostal a pasar la noche, si quiere, puede venir conmigo. ¿Qué le parece?
-Eres muy amable. -responde la mujer con una sonrisa



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-Ya lo has visto Klaus, esto no me lo he inventado yo. Hay gente como tú que se lo toma bien, y luego está la gente como tu hermana, que hace esas cosas.
 
El chico abandona el despacho sin poder creer lo que acababa de ver, su hermana, una asesina.
-Klaus, ¿estas bien? -pregunta Marianne preocupada por como había entrado su amigo en la habitación.-¿Qué pasaba con tu hermana?
-Ese monstruo ya no es mi hermana, y esa ya no es mi familia. -ella le mira asustada- Esa asquerosa se ha cargado a mis padres, a sus amigas. Gareth tiene razón, todo ha cambiado; los malos no son malos, y los buenos no son buenos.














































































































jueves, 15 de mayo de 2014

Capitulo 4

Capitulo 4


Klaus se despierta y abre los ojos con rapidez. Ya no está en la sala de antes, su habitación ahora parece una celda, la puerta es la de una cárcel. Mira a su alrededor, duerme en la cama baja de una litera y a su izquierda hay una cama individual pero no hay nadie más que él en el cuarto. Enciende una luz y puede ver una puerta de madera, se levanta de la cama y se pone la ropa que había encima de la colcha cuidosamente doblada. Ya vestido, camina hacia la verja, esta cerrada, entonces se gira y va hacia la puerta y la abre; tenía la esperanza de que fuera otra salida pero no era más que el baño. Se mira en el espejo, tiene un aspecto horrible, se peina lo mejor que puede y al acabar vuelve a la habitación. Al entrar se encuentra a un chico y una chica de aproximadamente su edad. Les mira extrañado, dirige la cabeza hacia la verja, esta cerrada, les vuelve a mirar sin saber que decir.
-Un hola no estaría mal eh.-le dice el joven, que se había acomodado en la cama individual.
-¿Como habéis entrado?- pregunta Klaus ignorando el comentario del chico
-Bueno, como veo que no tienes ganas de saludos ni nada de eso me presentare. Me llamo Altaír, ¿y tu?- pregunta, ofreciéndole la mano como saludo
-¿Como habéis entrado si la verja esta cerrada?- vuelve a preguntar

El chico se mueve lentamente y acerca la mano a la verja, esta, con un leve chirrido, se abre fácilmente.
-Esta abierta, y ahora te vas a venir conmigo a no se que cosa de Gareth, pero antes me gustaría saber tu nombre.
-¿Y la chica con la que has entrado?- Altaír le mira con un gesto de exasperación- Me llamo Klaus, y ahora dime donde esta la otra.
-La "otra" se llama Marianne, y se ha ido al principio de nuestra encantadora conversación. Anda vamos a desayunar antes de que empiece la reunión.
-¿Que reunión?
-Joder tío, ¿no te cansas de preguntar todo el rato? Si supiera de que va la mierda esa no iría porque seguramente me parecería lo más aburrido del mundo, pero como no lo se, no me arriesgo.

Ambos chicos caminan por un pasillo con múltiples habitaciones exactamente iguales a las de Klaus. Al final del pasillo se encuentran con una puerta que el joven intenta abrir, pero no puede, entonces Altaír con un rápido movimiento de mano la abre sin mayor dificultad; él le mira extrañado, estaba seguro de que esa puerta estaba cerrada. Tras dar muchas vueltas acaban frente a una gran puerta que Altaír abre directamente sin darle la oportunidad a Klaus. En el interior esta el comedor, con un montón de gente que no conoce, se queda un rato quieto, mirando a su alrededor pensando como había acabado allí.
-Klaus, que alegría verte de nuevo.- le dice Gareth
-Hola- le responde sin ganas y alejándose de inmediato.

Cuando encuentra al chico que había irrumpido su habitación y se sienta junto a él, se percata de que todo el comedor le esta mirando incrédulo.
-¿Que pasa?- pregunta preocupado
-Bueno, ese tío al que has tratado con ese desprecio es bastante amigo del Jefe, muchos de aquí desearían que les dijera la mitad de lo que te ha dicho a ti, ¿sabes?
-Ajá.

Mientras pensaba lo que le había dicho, y sin querer parecer más pesado preguntando otra vez, empieza a comer.


   .          .          .



Astrid esta tirada en el suelo de su habitación, la puerta cerrada con llave; sin parar de llorar, se levanta con rapidez, y con mucho esfuerzo corre un armario bajo delante de la puerta. Abre el armario y mira en su interior, se agacha bajo la cama, no ve a nadie. Da vueltas por su habitación sin saber que hacer, acaba de ver a sus padres muertos, tirados en el suelo de su cuarto, como si fueran basura. Tiene mucho miedo, abre un cajón de su cómoda y saca una mochila mas o menos grande, abre el armario y mete camisetas, chaquetas, alguna sudadera y un par de pantalones; luego abre un cajón y mete la ropa interior. Cuando acaba abre su hucha y coge todo su dinero, en ese momento agradece haber ahorrado tanto en vez de gastárselo como su hermano. Tras ver lo de sus padres buscó a Klaus, pero no estaba por ningún lado, y su moto tampoco así que tenia una breve esperanza. Se sienta en la cama, y espera por si oye algún ruido, nada; coge la mochila con cuidado y empieza a mover el armario, antes de quitarlo del todo recuerda algo que no ha cogido, abre un cajón de su mesilla, lo saca y tras mirarlo con una sonrisa, se lo guarda en el bolsillo.
Mira hacia el pasillo, no hay nadie, no ve nada ni oye nada asique con la mayor rapidez que puede y sin hacer ruido sale de su casa, quita el candado de su bicicleta y pedalea lo mas rápido que puede y sale del pueblo dirigiéndose a la cuidad.



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Johann recorre la casa de Pandora buscando una mísera pista para averiguar donde o que ha podido pasar con su amiga. Al rato de buscar, desesperanzado, alguien llama a la puerta.
-Señor, tengo una carta para usted.

Johann se acerca a la puerta y la abre.
-Buenas tardes, ¿está seguro que es para mi? No vivo aquí.
-¿Es usted Johann Molchovic?
-Si. - responde extrañado
-Pues entonces créame, es para usted, cójala.

Johann la coge y la abre:

"Querido Johann, quizá te sorprenda recibir esta carta y más en un hogar que no es el tuyo, pero tenia el presentimiento de que la leerías antes si te la enviaba aquí que si lo hacia a tu propia casa. Pandora corre grave peligro, de la misma forma que hay algunos terrestres que también, necesito que hagas la misión mas importante de tu carrera. Pandora esta en la Tierra, esta con forma humana, sin aureola ni alas, así que tendrás que buscarla bien. Solo puedo decirte que esta en Estados Unidos, pero no puedo decirte porque zona pues fui interrumpido y lo desconozco. Mucha suerte, salva a tu amiga y a los otros.

Saludos de...     Dios. "

Johann mira la carta incrédulo, primero por recibir una carta Suya, y lo segundo porque conocía la relación entre Dios y su amiga, pero no sabia que era tan cercana.
Tarda pocos minutos desde que entra en acción hasta que prepara una maleta y se va a la zona de trasportes entre mundos. Enseña un permiso que venia junto la carta que le permite entrar en la sala de espera para la Tierra. Mientras espera llama a un amigo que fue allí par ayudar a las futuras almas descarriadas. Suena el teléfono tres veces hasta que alguien lo coge.
-Hombre Johann, ¿qué tal va todo por allí? Oí las noticias por mi televisión, ¿sabéis quien es la chica del coche y lo de Sus terrenos?
-Escúchame Alfred, muy atento, tenemos problemas serios. La del coche es Pandora, conozco vuestro problema pero necesito tu ayuda para encontrarla; se que estas en una gran ciudad en Estados Unidos y allí es donde la han enviado para protegerla, a ese país, pero no sabemos donde, a parte me ha dado una lista con un par de chicos que tenemos que buscar para ayudarles también. Llegaré en dos horas como mucho, espérame allí para recogerme. Lamentablemente no se más de lo que te he contado pero si me entero te lo diré en seguida.- dijo rápidamente, en alguna ocasión trabándose.
-Voy a arrancar el coche, esta un poco lejos, no te vayas.

Unos pocos minutos después avisan de que el viaje hacia la Tierra se efectuaría cinco minutos después y que fueran yendo hacia la habitación contigua. Entraban uno por uno, y le llegó el turno a Johann, nunca había viajado, si vivo, pero no del Cielo a la Tierra. Al entrar por una segunda puerta y tras un largo pasillo llega al final, traspasa otra puerta y sale al exterior.
-Suba a la nube, túmbese, meta en ese agujero el equipaje, no se mueva y que tenga un buen viaje.- le dijo una bella joven con la típica sonrisa de trabajo.

Nada mas tumbarse la nube empezó a descender a una velocidad vertiginosa y tras unos minutos, empezó a ir a un ritmo más calmado, decidió dormir durante el viaje ya que la nube era realmente cómoda. Tras un par de horas la nube empezó a frenar hasta que para del todo. Abre los ojos rápidamente y coge su equipaje, llega a una sala donde le dan una cartera con un DNI, pasaporte y un poco de dinero. Sale de el edificio y ve a su amigo en el coche esperándole, abre el maletero de su coche y mete su mochila.
-Será más fácil encontrar a Pandora si conseguimos encontrar a los demás. - dice sin si quiera saludar
-Si. La primera persona se llama Astrid Benerise Liberman, según el mapa, es la más cercana. También está su hermano, pero él no aparece en el mapa.
-¿Como se llama el hermano?- pregunta temeroso
-Klaus Abelard Liberman
-A ese chico no le vamos a encontrar.- responde provocando una mirada sorprendida de su compañero- Se lo han llevado Ellos.
-Pero... ¿Cómo puedes saber eso?
Alfred le mira preocupado- No aparece en el mapa de la Tierra, y en el Cielo no está, ¿o si?

Johann le mira asustado y tras asumirlo, tacha su nombre de la lista.



.          .          .



Astrid llega a la estación muy cansada tras pedalear todo el día. Entra y espera en taquilla y compra un billete para la cuidad. Afortunadamente para ella, puede llevar consigo la bicicleta así que cuando se oye por los megáfonos que el tren va a salir, lo coge todo y sube.
Tres horas más tarde camina por la cuidad con la bicicleta al lado cuando ve que hay detrás suyo dos hombres que la están siguiendo, asustada, sube a su bicicleta y lo más rápido que pudo, sale de esa zona llegando a otra mucho más concurrida. Se para en una zona que le permita tener un poco de espacio y saca un papel, lo mira y lo vuelve a guardar. Camina por toda la cuidad hasta que llega aun bloque de pisos corriente y llama al timbre.
-¿Si? -pregunta una mujer mayor
-Cartero comercial.-responde ella cambiando un poco la voz
Temiendo que no abriera se dispone a llamar a otro piso cuando la abren. Deja la bicicleta atada en una zona especial y sube, cuando llega a la puerta respira profundamente y llama. Un joven muy atractivo, rubio, con los ojos azules y la piel morena abre la puerta y se queda blanco al ver a la persona que esta en su puerta.
-¿Astrid?... ¿Qué haces aquí?
















































































































































martes, 6 de mayo de 2014

Capítulo 3

Capítulo 3


Una mujer está tirada en la calle, la gente que camina a su alrededor, acostumbrada a vagabundos y yonkis, la ignoran, obviando que esa mujer se estremece y se encoge de dolor y frio. Abre los ojos con cuidado, pero la cantidad de luz la deslumbra y los cierra de nuevo con rapidez. Al abrirlos otra vez, empieza a habituarse a la luz, observa el entorno en el que se encuentra y se asusta; está en una gran ciudad, con mucha gente, no sabe donde, no como ha acabado allí, y lo peor de todo, no sabe quien es.
      .         .         .
 
Astrid se levanta al oír el pitido del despertador. Desde hacia días, su madre estaba muy distante con ella, tanto, que esta no se fiaba de que la levantara, estaba en lo correcto. Ese día se iba de vacaciones de primavera con algunos compañeros de su escuela; desde el incendio, los ánimos estaban un poco alicaídos, pero con la llegada del día de partida, todos se fueron olvidando y cada vez más ansiosos, empezaban a preparar todo.
Ella había acabado de hacer la maleta el día anterior. Se levantó emocionada, hizo la cama con rapidez y se introdujo en la ducha.


Mientras, en la habitación de Klaus, un móvil sonaba constantemente; con el tiempo, el sonido de la vibración le despierta, y con los ojos medio cerrados, mira a su alrededor sin saber de donde salía ese sonido tan molesto. Cuando por fin descubre que era su móvil habían dejado de llamar, mira el registro de llamadas, aún medio dormido, para ver el numero desde el cual le habían estado llamando:
-Ocho y veintitrés, numero privado; ocho y diecinueve, número privado; ocho y doce, numero privado. ¿Quién coño me ha estado llamando toda la noche?- dice mientras sigue mirando, cuando llega a la primera llamada, se da cuenta de las veces que le han llamado- La hostia, ochenta y siete llamadas, y la primera a las doce, ¿pero quién es el retrasado que esta haciendo esto?

Instantes después, el móvil vuelve a sonar, y esta vez, con una gran rapidez, coge le móvil y responde.
-¿¡Quien eres!?
-...

No se oye nada tras el teléfono, excepto un ruido, como de chimenea.
-Escúchame graciosillo, y lo voy a decir solo una vez, como me vuelvas a llamar y a despertar, te juro que te voy a encontrar y te vas a tragar los dientes. ¿Te ha quedado claro?

Un pitido extremadamente fuerte salió del móvil, haciendo que el chico lo tire al suelo, para taparse las orejas. Tras unos segundos deja de sonar, y entonces lo recoge del suelo, y una voz, de hombre, empezó a hablar, Klaus no reconocía ese idioma y empezó a asustarse de verdad, por lo que colgó el móvil con rapidez y lo apagó, dejándolo con cuidado en la mesilla, y volviendo a dormir.


Astrid baja las escaleras con la maleta y la deja en el recibidor, mientras se va a desayunar, escucha a su padre entrar en la cocina.
-Hola cariño, ¿qué tal? ¿tienes ya todo listo no? En quince minutos nos vamos.
-Si papa- le mira durante unos instantes hasta que por fin pregunta- ¿Va a venir mama a despedirse?

Su padre la mira, sin saber bien que decir, y el silencio es la respuesta. Cuando acaba de desayunar recoge su vaso y lo deja en el fregadero, sale de la cocina y ve a su padre cogiendo la maleta para meterla en el coche. Ella sale primero, sentándose en el asiento de atrás, adora el asiento de atrás, tiene los cristales tintados, así que si se dormía, nadie la podía ver. Su padre se sienta y arranca el coche, en menos de media hora ya se encontraban allí. Saca la maleta y se la da, ella la deja allí, al ver a su amiga, sale corriendo hacia ella.
-Cova- la llama para que se gire- ¿Qué tal? ¿Estas nerviosa?
-Un poco, el bosque no me gusta mucho, y las cabañas son de cuatro ¿sabes? ¿Con quien nos ponemos?
-Pues no lo había pensado. Se lo podemos decir a Sophia y a Carol.
-No, ellas ya tienen cabaña.- respondió apartando la mirada con un leve gesto de desprecio
-Mierda, pues...
-Chicas, no os preocupéis, yo cuando era niño fui mil veces de colonias al bosque y era genial- las amigas le miraron algo aliviadas- Oye Astrid me tengo que irme al trabajo. Pasáoslo bien- se despidió de ambas

El viaje en autobús fue bastante aburrido para las chicas, con la gran mayoría de la gente dormida, ellas se durmieron también. Al llegar a su destino se fueron despertando todos poco a poco y se sorprendieron al ver que era bien entrada la noche.
-Chicos, como ibais prácticamente todos dormidos no quisimos despertaros, tuvimos un problema, nos confundimos de desvío y nos perdimos durante bastante tiempo. Ahora quiero que cojáis vuestras maletas mientras hablo con el gerente y os iremos dando las llaves de las habitaciones.

Rápidamente todos salieron del autobús, sacaron sus maletas y esperaron fuera. Estaban en mitad del bosque, lleno de arboles, por algún lugar se oía el correr de un riachuelo; había un gran edificio en una plaza, donde estaban esperando, en el medio, un pozo bastante viejo y aparentemente sin usar. Todo el suelo estaba asfaltado con piedras, lo que lo hacia todo más campestre. Por un camino hacia abajo, vieron otro edificio, mas pequeño y a su lado, un terreno de césped con un lugar para proteger la leña de la lluvia y hacer un fuego. La profesora salió con el gerente y mientras les inscribía en un papel, la profesora les indicaba en que cabaña se iban a alojar. Las cabañas eran redondas y con el techo en punta y de paja, la fachada era de piedras, bastante rudimentario. Cuando les llegó el turno a las chicas, dijeron que no tenían más compañeras y por suerte para ellas, la profesora encontró otras dos chicas para la cabaña.

Su cabaña estaba más apartada. Se llegaba yendo por un camino y bajando unas rudimentarias escaleras, llegabas a una zona del bosque, y allí estaba, con un montón de arboles a su alrededor, y pasando por debajo de unos que formaban un agujero, se llegaba a un lago, a una pequeña parte de él. Si seguías bajando las escaleras encontrabas otra cabaña, esta no tenia tanto árbol frente a ella, pero si tenia el lago al lado; no sabían quien estaba en esa así que esperaban poder dormir en paz.
Cuando entraron quedaron maravilladas, en el exterior hacia un calor sofocante a pesar de que fuera de noche, pero allí dentro, al ser de piedra, guardaba bien la temperatura y se estaba muy bien. Las camas eran dos literas y las chicas se pusieron en las que estaban mas alejadas de la puerta, deshicieron su maleta y salieron para ir a cenar.

El día siguiente tenían que estar en la plaza a las diez para empezar las actividades; la primera era mitad del grupo escalada y la otra mitad montar a caballo, más tarde se cambiarían. Astrid y Cova se fueron con el grupo para montar a caballo; cuando el señor los fue sacando, iba contando unas normas que debían cumplir, no dejarles adelantar ni pararse a comer porque estaban colocados estratégicamente. Fue un paseo muy relajante para todos y cuando acabaron se fueron a escalar. Hubo unos cuantos, entre ellos Astrid que no escalaron, algunos porque no se veían con fuerzas, pero la gran mayoría por el vértigo.
El resto de los días fue corriente; hicieron piragüismo, tiro con arco, rappel, rafting... El último día era búsqueda del tesoro, les daban un papel con pistas que los llevaría a un sitio y tenían que apuntar en otro papel unas palabras que encontrarían en cada lugar. Se hicieron cuatro grupos, y empezaron inmediatamente; cuando llegaron a una de las ultimas pistas, en mitad del bosque, Astrid se alejó un poco creyendo ver la palabra. Entonces empezó a escuchar chispas, como el ruido de una chimenea, se giró y había una zona del bosque en llamas. No sabia donde estaban sus amigas, y Cova, preocupada por ella y acordándose del incendio, intentó entrar en una zona que no estaba aún cubierta por las llamas. Y ahí estaban, sus tres amigas, calcinadas por el fuego. Cayó al suelo sollozando, no podía levantar la mirada, cada vez que lo hacia, las veía con los cuerpos completamente destrozados; entonces, cuando empezó a creer que las llamas se acercaban peligrosamente le vio. Era el mismo chico que el del incendio en su instituto.
-¡Tú! Todo esto lo has echo tú, ¿verdad? Tu provocaste el incendio en mi escuela y has provocado este. Eres un asqueroso asesino.

Él no responde, se limita a mirarla y sonreír. Desvía la mirada hacia su amiga, estaba viva, se movía, llorando de dolor; el joven se acerca lentamente, la toca el cuello y mira a Astrid. El calor la esta haciendo marearse y por ello, al intentar levantarse para ayudar a su amiga se marea y cae al suelo inconsciente.
     .         .         .
 
Klaus está aburrido, desde que su hermana se ha ido no la puede molestar, que es lo único que hace cuando está castigado. Sus padres no están, no sabia que hacer así que coge un juego de llaves y se va, monta en su moto y la conduce hasta llegar al parque donde están siempre sus amigos, pero allí no ve a nadie y le extraña bastante. Baja de la moto, esperando encontrarles en algún bar, pero están todos cerrados. Sigue caminando, los supermercados, correos, hasta el ayuntamiento estaba cerrado, no había nadie por la calle, y todas las casas del pueblo parecían desiertas. Tras dar un par de vueltas decide volver a donde había dejado la moto y volver a casa pero al llegar descubre que no estaba; alguien se la había robado. Mira a todos lados, pero no ve a nadie, y si alguien la hubiera arrancado lo habría oído, no se había alejado mucho y estaba todo en silencio.
Cuando desesperado iba a volver a casa esperando que sus padres se creyeran su mentira ve a alguien o algo negro adentrándose en el bosque y meditando si seguirle o no corre en su búsqueda con la esperanza de que hubiera visto a quien se llevó la moto o de que hubiera sido él y darle su merecido. Conforme se adentraban ambos en el bosque, este se volvía a cada momento más oscuro hasta que llegaron a un momento que no se veía prácticamente nada y Klaus decidió darse la vuelta y volver atrás, pero ya era demasiado tarde.
-Bueno días Klaus. ¿Te parece que hablemos un minuto?- se oyó una voz lejana
-¿Como sabes mi nombre?- preguntó el chico asustado
-Se muchas cosas de ti Klaus. Pero tenemos que hablar de un tema muy importante y es por ello que quiero que te acerques y conversemos tranquilamente, ¿te parece bien?
-¿De que quieres hablar?- seguía preguntando el chico mientras se acercaba
-Bueno, si quieres empezamos por las presentaciones, ¿no?- dijo cuando por fin, el joven se había acercado del todo- Mi nombre es Gareth- se presentaba mientras le tendía la mano para saludarse.

En el mismo instante en el que se tocaron, una gran masa de humo les cubrió y tras unos instantes aparecieron en una habitación de piedra roja, sin ventanas, y con una chimenea alumbrándola, dando aun más tono rojo a la sala. El hombre estaba sentado en una silla negra, con una mesa delante e indicándole que se sentara en la silla de enfrente.
-¿Donde estamos? ¿Cómo hemos llegado aquí?
-Bueno, reconozco que esas preguntas te las tengo que responder, pero yo iba primero. ¿verdad?- no le dio tiempo a responder- ¿Recuerdas fotos de tu madre embarazada de ti o de tu hermana?
-¿Perdón? ¿De que conoces a mi hermana?
-Limítate a responder si no quieres mayores problemas que estar aquí conmigo por favor- dijo más serio
-No es que mirar fotos nuestras de pequeños sea un hobbie para mi, pero no, no recuerdo haber visto ninguna.
-Interesante, pero aun no me puedo asegurar hasta que...
-¿Que es interesante?- le interrumpió
-No es de tu incumbencia.- responde mientras se levanta para marcharse
-¡Señor! ¿Qué hago aquí?- pregunta gritando, pero el hombre se aleja.

Él abandona la sala, dejando a Klaus solo y bastante confundido. Varios minutos después regresa con un papel, se sienta en la mesa y lo mira fijamente a los ojos.
-Oiga señor, mis padres se van a enfadar mucho si cuando lleguen no estoy en casa. ¿Podría irme?
-Querías que te respondiera a las preguntas, y esa es la ultima. Estas en mi casa y la casa de muchos otros, hemos llegado aquí de una forma que aunque te explicara no entenderías. ¿Quieres de verdad que te cuente que haces aquí? Vaya, una historia muy larga, y que me gustaría contar cuando tu hermana llegara y no contarla dos veces.- respondió sonriendo

La puerta sonó, una vez, dos, y a la tercera la actitud del hombre cambió repentinamente. Salió precipitadamente, Klaus escuchaba los gritos desde dentro, una tímida voz balbuceaba algo y cuando acaba, el hombre suspira y entra en la habitación otra vez.
-Has tenido suerte, tu hermana se ha escapado de alguna manera así que te contaré porque estas aquí. Lo primero que te voy a decir es que el hombre y la mujer con los que has estado viviendo no son tus padres. Tú eres hijo de mi, bueno, para que lo entiendas le llamare jefe, y tu hermana, de su hermano. ¿Sabes? Muy poca gente sabe que son hermanos, les engañamos contando patrañas que se creen. Fuisteis arrebatados de vuestro hogar por, según el padre de Astrid, vuestra seguridad y la de todos los habitantes del planeta, embustero. Estas aquí porque gracias a ti y a tu hermana, vamos a conseguir una cosa que llevamos persiguiendo mucho, mucho tiempo- acabo diciendo con una sonrisa.
Salió de la habitación, cerrándola con llave, y antes de irse del todo abre una pequeña escotilla que Klaus no recordaba haber visto y dijo:
-Se me olvidaba. No, no puedes irte.
     .         .         . 
 
Astrid se despierta tocándose la cabeza, le duele mucho. Esta tirada en el asfalto y le extrañaba. Estaba en el bosque, con sus amigas, buscando la pista para el juego cuando apareció ese chico, el mismo que el del instituto. Se levanta con cuidado, aun esta un poco mareada, al levantarse del todo ve una mancha en el suelo, entrecierra los ojos y se da cuenta sorprendida de que es sangre, es su sangre. Se mira las manos, las tiene llenas de sangre, está asustada, mira delante suyo, sus amigas.
-¡Cova!- no obtiene respuesta por lo que opta por gritar más- ¡COVA!

Nadie la responde, ni aunque sea para quejarse de sus gritos, empieza a andar para buscar a alguien cuando al acabar la calle, se para y la ve; es su casa. Desde donde estaba hasta allí había más de seis horas en coche y por el sol, serian las doce o la una.
No tiene llaves, y por mas que llama a la puerta nadie abre, ese día era viernes, así que sus padres estarían trabajando, pero Klaus estaba de vacaciones igual que ella, pensando que estaría durmiendo vuelve a llamar, y ya sin esperar respuesta alguna abre la verja con cuidado. La puerta principal también estaba abierta así que la abre lentamente, teme que el mismo chico de antes este dentro también. Cuando entra no ve nada raro, la cocina esta ordenada, igual el salón, sube las escaleras intentando no hacer ruido y entra en su habitación, esta todo tal y como recordaba haberlo dejado al irse, pasa a la habitación de Klaus, esta echa un desastre, como siempre, suspira y piensa porque entra allí. Cuando va a entrar en la habitación de sus padres gira el pomo y no puede abrir la puerta, lo hace con más fuerza y nada. Al final, empujando con todas sus fuerzas y durante mucho tiempo, la puerta cede y lo que ve dentro la hace pegar el grito más estremecedor que se halla oído jamás.